Cineastas desafían la falta de fondos en el Festival de Cine Pobre de Gibara

Por: Daimy Peña Guillén
Cineastas, Festival de Gibara
Foto: Kevin Manuel Noya/Radio Angulo

La vigésima edición del Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara se convirtió en un escenario propicio para el debate más sincero sobre las realidades de la creación audiovisual en Cuba y el mundo. En un encuentro celebrado en la Casa de la Cultura, cineastas nacionales e invitados internacionales compartieron sus experiencias, complejidades y, sobre todo, la pasión que los mueve a hacer cine más allá de las limitaciones económicas.

Bajo la moderación de Sergio Benvenuto Solás, presidente del Festival, el panel reunió a realizadores de varias generaciones que coincidieron en una premisa fundamental: el cine es un acto de resistencia.

Benvenuto destacó la significación de que, «después de 23 años de estar defendiendo estas opciones, unos muchachos que nacieron después del Festival hagan un camino similar a tantos cineastas que tuvieron una lucha igualmente compleja».

Los hermanos Daniel y David Zamora Xiques, realizadores del corto de animación distópico «Adagio», ejemplificaron el espíritu de subsistencia que caracteriza al cine independiente. «Entre los retos que hemos tenido en estos cuatro años de producción está que no contamos con ningún fondo. Teníamos un presupuesto de cero pesos, editamos con un móvil y una laptop, sin cámaras», explicaron.

Cineastas en FICGibara
Foto: Kevin Manuel Noya/Radio Angulo

Pero la anécdota más reveladora de su proceso creativo fue la solución artesanal para la animación tradicional: «La animación tradicional, por ejemplo, se hace en una mesa de luz. Nosotros empleamos un pedazo de vidrio sobre dos pilas de libros, y con un tubo de luz fría debajo íbamos animando», relataron los hermanos, demostrando que la carencia de medios puede estimular la creatividad.

Rolando Almirante, director del documental «Mijaín», reflexionó sobre el valor de la visión social en el arte desde la juventud. «Tener una visión social hacia el arte en esta época desde la juventud ya es una victoria», y subrayó que se debe priorizar la idea de la obra por encima de las limitaciones del presupuesto.

Almirante, quien realizó su obra en París con presupuestos muy reducidos, reconoció las dificultades del oficio: «En esta industria todo el mundo anda con un cuchillo en la boca, porque cada quien sabe lo que vale». Sus palabras resonaron entre los presentes, evidenciando que el cine es también un acto de dignidad profesional.

El realizador mexicano Pablo A. Tonatiuh Álvarez, director de «La llamada», ofreció una mirada crítica y filosófica. «Antes de la idea, hay que pensar en el hecho mismo del arte. ¿Por qué vale la pena realizar cualquier actividad artística que signifique remar contra la corriente?», cuestionó.

Tonatiuh abordó la relación histórica entre el arte y el dinero, recordando que «los pintores renacentistas siempre tenían mecenas, siempre se necesitó dinero. El proletariado robó el arte de las clases burguesas para relatar nuestra realidad».

Sobre la situación en México, explicó que el problema no es la escasez de fondos sino la cantidad de solicitantes, e instó a los creadores a no rendirse: «La manera es proponerse algo, y hasta que no lo consigas no parar, porque el dinero nunca va a alcanzar».

Diago Velázquez, director de fotografía del cortometraje «La lata», compartió su sorpresa por el impacto internacional de su obra, grabada con un teléfono móvil. «Nunca pensamos que iba a tener tanto impacto. Ha quedado seleccionado en varios festivales en el mundo. Y la única intención era grabar. Lo más importante es tener la idea», expresó.

En la misma línea, Daniel Martín Subiaut, realizador de «Titoverse: Génesis» y productor de «La flor de Prángana», aseguró que «estar loco ayuda a saltarse todas las normas de la lógica de producción. Cuando tienes una idea y tienes amigos que entienden el arte, todo es posible». Destacó que su corto, grabado con un celular, tuvo «mucho presupuesto de alma», y que solo hicieron falta las voluntades de dos equipos de realización para lograr la obra.

Damián Pérez Téllez, director de «Abandono», fue enfático al reconocer la dualidad del proceso creativo: «Realmente, para hacer cine, lo primero que hace falta es tener corazón. Hice esta película solo, con el dinero de mi comida, de mi casa».

Sin embargo, advirtió sobre la necesidad de retribuir el trabajo profesional: «Si te acercas a un editor, aunque sea tu amigo, tienes que pagarle por su trabajo».

Por su parte, Alexander Dieppa, director de «En nombre del amor», agradeció el apoyo de instituciones como la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) y la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio, que le permitieron desarrollar sus proyectos. «Una de las miradas que me ha aportado el Festival de Gibara es el impulso de salir a realizar mi obra como un creador independiente. Sin dinero se hace cine, sin dinero se exhibe. El cine es resistencia», aseguró.

Cineastas en FICGibara 2026
Foto: Kevin Manuel Noya/Radio Angulo

El panel demostró que, a pesar de las dificultades económicas y tecnológicas, la creación cinematográfica en Cuba y la región se mantienen viva gracias al talento, la inventiva y la colaboración. Los cineastas coincidieron en que el Festival de Cine Pobre de Gibara sigue siendo un faro para aquellos que creen en el arte como herramienta de transformación social, un espacio donde la pobreza de medios se convierte en riqueza de ideas.