En el marco de la vigésima edición del Festival Internacional de Cine Pobre, el proyecto infantil Vestir Gibara demostró que la moda puede ser mucho más que una expresión estética: es un vehículo para construir confianza, visibilizar talentos y transformar realidades desde las raíces de la comunidad.
La presentación de las colecciones Reciclarte y Vestir la Luz, realizadas en el Parque El Boquerón, no fue un desfile más, sino la puesta en escena de un proceso de empoderamiento que lleva más de dos años gestándose en esta Villa Blanca del oriente cubano.
Coordinado por la periodista Yudy González, directora del telecentro Gibara Visión, y la diseñadora Yailen Maricela Gómez, el proyecto surgió en 2023 con un propósito claro: utilizar la moda circular como pretexto para dotar a las niñas de herramientas que les permitan enfrentar los desafíos de su entorno.

«La moda es el pretexto para dotar a las niñas de confianza», sintetizó González, quien junto a Gómez ha tejido una red de talleres que combinan manualidades, actuación y modelaje.
La colección Reciclarte, confeccionada íntegramente con materiales reciclados, y Vestir la Luz, obra del artista local Pedro Silva León «Perucho», fueron los puntos culminantes de una jornada que reunió a familias, artistas y gestores culturales en el corazón de Gibara.
Sobre esta última propuesta, González explicó: «Gibara es la Villa Blanca, entonces la luz de Gibara se ve reflejada en la obra», estableciendo así un diálogo entre el paisaje local y las creaciones artísticas que emergen de él.
Detrás de las pasarelas y las prendas elaboradas con retazos y materiales reutilizados se esconde una apuesta más profunda. Vestir Gibara, tal como lo conciben sus coordinadoras, busca llamar la atención sobre la violencia de género y promover el empoderamiento femenino desde edades tempranas.
En un contexto donde la moda circular se presenta como una alternativa sostenible, el proyecto la convierte además en un espacio de aprendizaje y crecimiento personal para las niñas participantes.
Los talleres que organiza el proyecto fomentan el talento individual y fortalecen el sentido de comunidad, dos pilares esenciales para el desarrollo local. Esta iniciativa se inscribe en la tradición del periodismo y la comunicación cubana como herramientas de transformación social, un enfoque que ha sido impulsado por proyectos como Escaramujo, que desde hace 15 años utiliza la comunicación participativa para dar voz a adolescentes en situación de vulnerabilidad.
La elección del Festival Internacional de Cine Pobre como marco para la presentación de Vestir Gibara no es casual. Este certamen, que desde hace dos décadas convoca a creadores de todo el mundo a Gibara, ha sido históricamente un espacio para el arte que nace de la precariedad y la creatividad.

El proyecto infantil encontró allí no solo un público, sino también un reconocimiento a su labor comunitaria.
La presencia de Vestir Gibara en el festival evidencia cómo iniciativas locales pueden integrarse a dinámicas culturales de mayor alcance, potenciando su impacto y visibilidad. Para las niñas participantes, desfilar ante una audiencia diversa representa un acto de afirmación personal y colectiva, una oportunidad de verse y ser vistas como protagonistas de su propia historia.
Vestir Gibara es parte de un ecosistema más amplio de proyectos comunitarios que florecen en los barrios cubanos, muchas veces al margen de los grandes titulares pero siempre en el centro de la vida cotidiana. El periodismo local, como el que ejerce Yudy González desde Gibara Visión, cumple un papel fundamental al visibilizar estas experiencias y construir puentes entre las comunidades y las instituciones.
La prensa territorial cubana, a pesar de sus limitaciones de recursos, ha demostrado ser un actor clave en la promoción de iniciativas como Vestir Gibara. El trabajo de cercanía con las comunidades permite a los periodistas identificar historias que, más allá de su valor noticioso, reflejan el esfuerzo colectivo por construir un futuro mejor desde lo local.
El enfoque de Vestir Gibara en el empoderamiento femenino resuena con las políticas de desarrollo social impulsadas en Cuba, donde la equidad de género y la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social son principios fundamentales. El proyecto no solo trabaja con las niñas, sino que las coloca en el centro de su narrativa, reconociéndolas como agentes de cambio capaces de transformar su realidad.
En palabras de Yudy González, la intención es dotarlas de «confianza», un capital intangible pero decisivo para enfrentar los estereotipos de género y las desigualdades que persisten en la sociedad. La moda, en este sentido, se convierte en una herramienta política, una forma de resistencia creativa que desafía las normas establecidas y propone nuevas formas de ser y estar en el mundo.
La presentación de Vestir Gibara en el Festival de Cine Pobre es un recordatorio de que el arte y la cultura, cuando se ponen al servicio de la comunidad, pueden generar transformaciones profundas. El proyecto, coordinado por mujeres comprometidas con su entorno, demuestra que la moda circular no solo es una opción estética o ambiental, sino también una vía para construir tejido social, fomentar la autoestima y proyectar un futuro más inclusivo para las nuevas generaciones.

Gibara, la Villa Blanca que inspira la colección Vestir la Luz, sigue iluminando el camino de quienes, desde la creatividad y el trabajo colectivo, apuestan por un desarrollo con rostro humano. Vestir Gibara es, en definitiva, una invitación a vestir también de esperanza y dignidad el horizonte de la infancia cubana.
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