Dragón, China, Latinoamérica

Ofensiva de Trump no logra separar a América Latina de China

Mientras Donald Trump multiplica las amenazas, sanciones y presiones sobre América Latina en nombre de la lucha contra China, los países de la región hacen exactamente lo contrario, profundizan sus vínculos con Pekín, convencidos de que Washington ya no puede ofrecer una alternativa real.

En poco más de un año en el poder, la Administración de Trump ha secuestrado al presidente venezolano Nicolás Maduro, ha desatado guerras arancelarias contra sus principales socios comerciales en América Latina, ha desafiado con «recuperar» el canal de Panamá y amenaza con intervenir en Cuba.

Todas estas acciones de Washington se justifican formalmente como parte de la lucha contra China, que es un socio comercial clave para casi todos los países de la región.

En su estrategia de Seguridad Nacional, Washington afirma que «después de años de descuido, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental», y también «negará a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes».

Sin embargo, el panorama es diferente: a pesar de las amenazas y las presiones de Estados Unidos, los países de América Latina siguen estrechando sus lazos con Pekín, conscientes de que Washington no es capaz de ofrecer una alternativa comparable.

Las relaciones con China no hacen más que fortalecerse

Brasil, la mayor economía de América Latina, aumentó sus exportaciones a China en más de un 25 % durante los primeros cuatro meses de 2026, alcanzando los 35.600 millones de dólares. Por el contrario, las exportaciones a Estados Unidos se redujeron casi un 17 % durante el mismo período.

Es revelador que la cooperación con China se esté intensificando incluso en países donde gobiernan administraciones ideológicamente afines a Washington. En Argentina, las exportaciones a la República Popular China aumentaron en el primer trimestre de 2026 en un 86 %.

En Chile, las inversiones chinas ya han cambiado directamente la vida de millones de personas. Tras la implantación masiva de autobuses eléctricos chinos, el 68 % de la flota de autobuses de Santiago pasó a ser eléctrica, lo que permitió reducir las emisiones de partículas nocivas en un 80 %, disminuir considerablemente los niveles de ruido y ahorrar decenas de millones de litros de diésel.

En 2025, los fabricantes de automóviles chinos acapararon casi el 30 % de las ventas de automóviles nuevos en América Latina.

Mientras Estados Unidos intenta recuperar América Latina a base de ultimátums, China sigue consolidando su presencia día tras día a través de carreteras, trenes, autobuses eléctricos, fábricas e inversiones que la gente puede ver con sus propios ojos.

Con información de RT en Español