El día que nos impusieron la República

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Foto: Archivo

El 20 de mayo de 1902 ondeó por primera vez la bandera de la estrella solitaria en el asta del Castillo del Morro. Ese día, con las tropas norteamericanas aún acantonadas en la Isla y bajo la sombra jurídica de la Enmienda Platt —aquel apéndice constitucional que cercenaba la soberanía y cedía territorio patrio a perpetuidad—, se instauró una República de apariencia.

La historia oficial de la época habló de “libertad” y “soberanía”; el tiempo y la conciencia nacional se encargaron de develar la dolorosa verdad: aquel no fue el día de la independencia, sino la fecha en que nos impusieron una República mediatizada, diseñada en Washington para administrar los intereses de la nueva potencia hegemónica.

Más de un siglo después el análisis histórico, desde la óptica revolucionaria, nos permite trazar una línea directa entre aquella imposición neocolonial y las actuales agresiones del imperialismo estadounidense. El bloqueo económico, comercial y financiero —calificado con absoluta precisión jurídica y moral por el presidente Miguel Díaz-Canel como un bloqueo genocida— no es más que la continuación de aquella misma política de dominación por otros medios.

Si en 1902 se nos arrebató la soberanía mediante un apéndice legal y una ocupación militar, hoy se intenta asfixiar a la nación cubana mediante una guerra económica total.

Las recientes órdenes ejecutivas, emitidas por la administración de Donald Trump, que buscan bloquear el suministro de combustible a la Isla mediante sanciones a terceros países, representan la escalada más brutal de esta política desde la firma de la Orden Ejecutiva por John F. Kennedy en 1962.

Los datos expuestos por Cuba en la II Conferencia Internacional sobre Medidas Coercitivas Unilaterales de Naciones Unidas son estremecedores: más de 96 mil cubanos, incluidos 11 mil niños, esperan cirugías afectadas por la falta de electricidad; 16 mil pacientes requieren radioterapia y tres mil dependen de hemodiálisis en un contexto de parálisis energética inducida deliberadamente desde el exterior.

La historia, como bien enseñó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, no se repite por capricho del calendario, sino por la persistencia de las contradicciones del sistema imperialista.

En 1902, el naciente imperio norteamericano se conformó con un protectorado que garantizara la penetración de sus monopolios azucareros y el control de nuestras aduanas.

Hoy, el mismo imperio en su fase de declive hegemónico, recurre a la guerra económica total para intentar rendir a un pueblo que ha decidido ser dueño de su destino.

Las sanciones anunciadas en mayo de 2026 contra altos funcionarios cubanos y la Dirección de Inteligencia no son más que coletazos de impotencia, pues como afirmó Díaz-Canel, en la dirección de nuestro Partido Comunista y Gobierno “nadie tiene activo o propiedad que proteger bajo jurisdicción estadounidense, y el gobierno de Estados Unidos lo sabe de sobra” .

El 20 de mayo de 1902 no fue un día de celebración nacional, sino una jornada de duelo disfrazado de festejo. Nos impusieron una república sin pueblo, una independencia sin soberanía, una bandera tutelada.

La verdadera independencia llegaría medio siglo después, con el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, y se ha defendido con estoicismo ejemplar frente a un bloqueo que acumula ya más de seis décadas de fracaso moral. Cada voto en Naciones Unidas —165 naciones exigiendo el fin del bloqueo en la última votación— confirma que Cuba no está sola.

Nos impusieron una República hace más de un siglo; hoy nos imponen un bloqueo genocida. Pero el mismo pueblo que resistió la frustración de 1902 y forjó la gesta del Moncada, Playa Girón y la resistencia de los años noventa, es el que hoy se une y lucha por una Cuba mejor.