La mañana en Holguín ha despertado con un cielo plomizo, de esos que parecen invitar a la pausa, pero en los pasillos de los hospitales y en la quietud de los consultorios de barrio, la pausa es un lujo que nadie conoce. Allí, donde el olor a antiséptico se mezcla con el calor humano, se celebra hoy el Día Internacional de la Enfermería.
Mientras el Consejo Internacional de Enfermeras lanza al mundo su lema para este 2026, enfocado en la sostenibilidad y la protección del personal, en esta porción del oriente cubano el concepto de «cuidar a quienes nos cuidan» adquiere un matiz de resistencia y entrega absoluta.
No se trata solo de administrar un medicamento a la hora exacta o de chequear una constante vital; se trata de esa mano que se posa sobre el hombro del paciente cuando el miedo pesa más que la enfermedad.
En Cuba, y específicamente en la «Ciudad de los Parques», la enfermería es uno de los principales tejidos que sostienen el sistema de salud.
Es la enfermera del consultorio que conoce el nombre de cada niño del barrio, la que sabe quién padece de hipertensión arterial y quién necesita una palabra de aliento tras una noche difícil. Es, en esencia, la primera línea de afecto.
Florence Nightingale, la «Dama de la Lámpara», decía que la enfermería es un arte que requiere una devoción tan exclusiva como la del pintor o el escultor.
Si ella caminara hoy por las salas del Hospital General Universitario Vladimir Ilich Lenin o del Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez de Holguín, vería ese arte multiplicado. Lo vería en el cansancio disimulado tras un nasobuco y en la destreza para encontrar una vena difícil bajo la luz tenue de una guardia nocturna.
Celebrar este día no puede quedarse en el protocolo de la efeméride. El lema global de este año nos urge a mirar hacia adentro: garantizar que esos hombres y mujeres, que son el 50 % de la fuerza laboral sanitaria a nivel mundial, tengan el respaldo necesario para seguir siendo el corazón de los hospitales.
Porque para que el sistema de salud sea sostenible, como pide el organismo internacional, primero hay que sostener el alma de quienes lo ejecutan.
Al final del día, cuando el sol logre vencer el nublado de este mayo, miles de holguineros habrán recuperado el aliento o la esperanza gracias a un uniforme blanco y una cofia que adorna el pelo. Porque en la enfermería, la técnica es fundamental, pero es la humanidad la que realmente cura.
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