Yailén Ramírez, Steel Band del Cobre, música, herencia, continuidad, sociedad, Holguín
Foto: Cortesía de la agrupación

Yailén Ramírez: “Dirigir la Steel Band del Cobre es seguir haciendo latir a mi padre en cada nota”

Hablar de la Steel Band del Cobre es hablar de una historia que nació desde la inventiva, el esfuerzo y la identidad caribeña en el Oriente cubano. Pero hoy también es hablar de continuidad, de herencia y de un desafío profundamente personal. Al frente de la agrupación se encuentra Yailén Ramírez, quien asumió la dirección tras la muerte de su padre, el fundador y alma del proyecto: Hermes Ramírez.

«La banda nació en El Cobre, con los pocos materiales que trajeron músicos guyaneses y trinitarios. Aquello fue casi artesanal», recuerda Yailén. Con el tiempo, gracias a intercambios culturales y el apoyo de instituciones como la Casa del Caribe, los instrumentos evolucionaron, ganando en calidad y sonoridad. «Hoy tienen un brillo y una fuerza que conectan con todo el Caribe: Jamaica, Trinidad, Guyana… pero sin dejar de ser profundamente nuestros».

Con más de tres décadas de historia, la Steel Band ha construido un repertorio abierto, capaz de dialogar con públicos diversos. Clásicos internacionales, música cubana y ritmos caribeños conviven en una propuesta que, según Yailén, siempre ha tenido un propósito claro: «tocar para todo el mundo, venga de donde venga».

A diferencia de otras agrupaciones, la Steel Band del Cobre no ha abandonado sus raíces. «Seguimos en Santiago, seguimos en El Cobre. Casi todos somos de allí. Este instrumento nació en Cuba en ese poblado y nosotros lo representamos con orgullo», afirma.

Uno de los prejuicios más persistentes ha sido la supuesta falta de formación académica de sus músicos. Yailén lo desmonta con naturalidad: «Al principio sí, muchos eran empíricos, salieron incluso de la mina donde se construyeron los instrumentos. Pero la escuela fue la casa de mi padre. Allí aprendieron música, notas, disciplina». Hoy, la realidad es otra: la agrupación cuenta con músicos profesionales, evaluados de primer nivel e incluidos en el catálogo de excelencia.

Pero si hay un nombre que atraviesa toda la conversación, es el de Hermes Ramírez. «Fue y es lo máximo», dice Yailén, con una mezcla de admiración y emoción contenida. «Todo esto es gracias a él. Está en cada músico, en cada nota que damos».

Yailén Ramírez, Steel Band del Cobre, música, herencia, continuidad, sociedad, Holguín
Yailén Ramírez, directora de Steel Band del Cobre. Foto: Cortesía de la agrupación

Asumir la dirección tras su pérdida no ha sido solo un reto profesional, sino también emocional. «Yo crecí dentro de la banda. Desde chiquita lo acompañaba, aprendí su manera de hacer música. Esto no me es ajeno, pero sí es una gran responsabilidad», explica. Aunque existe un director musical, es ella quien lidera el proyecto en su totalidad. «Dirigir la Steel Band es continuar su legado».

Su vínculo con la agrupación comenzó a los 13 años, cuando se integró como instrumentista. Luego hizo una pausa para continuar sus estudios —decisión impulsada por su propio padre— y regresó años después ya como profesional. «Nunca me fui del todo. Siempre estuve cerca, mirando, aprendiendo».

Hoy, además de sostener la tradición, Yailén mira hacia el futuro. Entre los proyectos inmediatos están la realización de un videoclip con nuevos temas, ero uno de los sueños más significativos tiene una carga especial: un concierto conjunto con la Orquesta Sinfónica de Holguín. «Es algo que mi papá soñó. Llegó a trabajarlo, pero no pudo concretarlo. Nosotros queremos hacerlo realidad, por él».

La Steel Band también ha sabido adaptarse a los tiempos. Tras una gira internacional, modificaron el formato instrumental para facilitar la transportación, incorporando recursos como el bajo eléctrico sin perder su esencia sonora.

En cada escenario, desde Holguín —donde el público los acogió desde sus inicios— hasta cualquier rincón del país, la banda sigue defendiendo su identidad. Y al frente, Yailén Ramírez sostiene una historia, una herencia y una promesa.

«Cada vez que tocamos —dice—, mi padre sigue ahí».