Directora de Plaza de la Marqueta, Holguín
Foto: Tomada de Facebook

Plaza de la Marqueta: «Mi gran compromiso era mantener un sitio de alto valor patrimonial, sostenible»

Hay lugares que tienen alma, y hay personas que se convierten en el latido de esos lugares. En el corazón de Holguín, la Plaza de la Marqueta no es solo una manzana patrimonial recuperada, es un organismo vivo que este 4 de abril celebra su décimo aniversario.

Para entender el éxito de este Proyecto de Desarrollo Local (PDL), único de su tipo en la provincia, conversamos con Lisandra Lafuente González, la mujer que ha capitaneado esta nave durante una década. En esta charla íntima, nos abre el corazón sobre lo que significa liderar un espacio que navega entre la tradición y la modernidad.

Lisandra, hoy diriges un proyecto referente en Holguín. ¿Cuánto esfuerzo y preparación ha demandado mantener la Plaza funcionando con éxito durante estos diez años, enfrentando tanto apoyos como detractores?

Cuando empecé, ni yo ni Holguín sabíamos realmente en qué iba a parar esto, ni la envergadura gigante que alcanzaría. Vengo del mundo de la cultura —más de 20 años en el sector— y creo que esa fue mi base y mi motor. Mi gran compromiso era mantener un sitio de alto valor patrimonial, pero que fuera sostenible, que no se deteriorara con el tiempo. Quería dejar el legado de que es posible aplicar políticas económicas actualizadas sin perder nuestra identidad.

«Esto me obligó a una autosuperación constante. Han sido diez años de estudiar cada nueva ley de seguridad social, inclusión, políticas para la mujer o nuevos actores económicos. He tenido que dividirme entre la casa, mis hijos y la realidad diaria de la Plaza. Muchas de esas metas de aprendizaje me las puse yo misma para tener las herramientas necesarias para cada transformación que hemos vivido».

Hay quien dice que cuando tú no estás, es como si a la Plaza se le fuera el alma. ¿Cómo es tu vínculo personal con este espacio?

«Mis amigos me lo dicen siempre (Sonríe). Yo siento la Plaza como una hija más. Tengo dos hijas biológicas y la Plaza es la tercera. Mis niñas crecieron aquí, así como yo crecí en el mundo de la cultura junto a mi madre. La siento muy mía.

Tengo un sentido de pertenencia y un compromiso tan grande que mi mayor deseo es que todos —los actores económicos, los trabajadores y el pueblo— sientan lo mismo. Que la cuiden y la respeten. Quiero demostrarle a los detractores que se puede transformar un entorno y dar oportunidades a los jóvenes sin miedo a «aplanar» nuestra identidad. Al contrario, con una interrelación correcta y adaptándonos a las nuevas tendencias, podemos ser un lugar autofinanciado y autogestionado. No quiero que la Plaza se pierda, como ha pasado con otros lugares por falta de apoyo económico sistemático.

No todo ha sido un camino de rosas. ¿Qué te ha dejado esta década a nivel personal?

La Plaza me ha hecho crecer muchísimo. Me ha hecho fuerte, a veces creo que más fuerte de lo normal. En estos diez años he librado ochenta batallas para recibir, quizás, veinte agradecimientos.

Pero no me canso. Me siento profundamente orgullosa de esas luchas y quiero seguir transformando, no solo esta manzana, sino todo lo que se pueda en mi provincia para el bien del pueblo.

¿Llegará la Plaza a cumplir 50 años, aunque Lisandra ya no esté al frente?

¡Claro que sí! Yo confío plenamente en que mi provincia sabrá mantener y proteger todo lo que hemos logrado levantar en este tiempo.

 

La Plaza de la Marqueta arriba a su primera década este 4 de abril, consolidada como un espacio de confluencia donde la gestión económica y el espíritu cultural holguinero demuestran que la sostenibilidad es el único camino para la preservación del patrimonio.