Pocos servicios demandan tanta entereza, respeto y prontitud como los necrológicos. En la provincia de Holguín, esta actividad, definida por su altísima sensibilidad humana, enfrenta hoy un escenario de tensiones compartidas: por un lado, el impacto directo y asfixiante del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos; por el otro, la batalla interna por la organización, la ética y la búsqueda de alternativas ante la escasez.
Norge Silva Batista, director de la Unidad Presupuestada Provincial de Servicios Necrológicos, no utiliza el término «bloqueo» como una justificación abstracta, sino como una realidad que golpea el motor de cada carroza y la disponibilidad de cada saco de cemento.
La logística fúnebre en Holguín es un desafío diario de matemáticas y voluntad. Con un promedio de 35 fallecidos por jornada, la demanda supera con creces la capacidad técnica actual.
«Tenemos carrozas paralizadas con más de 20 años de explotación», explica Silva. «La imposibilidad de importar partes y piezas debido al bloqueo impide ponerlas en marcha nuevamente».
Esta falta de repuestos se suma a la crisis energética. En la cabecera provincial, el flujo de traslados es incesante —a veces hasta nueve servicios hacia otros municipios en un solo día— lo que deja a la capital con una disponibilidad mínima de vehículos. Ante este panorama, la estrategia ha sido la integración: el Partido Comunista de Cuba y el Gobierno han dispuesto medios de apoyo de la economía, garantizando combustible para que el dolor de las familias no se prolongue en una espera infinita.
Lejos de cruzarse de brazos, la provincia apuesta por servicios alternativos para optimizar el combustible disponible para los traslados de larga distancia. Se han establecido contratos con cocheros en zonas apartadas y cabeceras municipales para recorridos cortos.
En áreas como Urbano Noris, ya operan triciclos eléctricos que alivian la carga del transporte convencional. Según el directivo, el objetivo es que el combustible se concentre en los traslados intermunicipales o hacia otras provincias, mientras que la logística local se apoya en estas variantes sostenibles.

Sin embargo, no todo es carencia material. Silva Batista es enfático en que la carencia de recursos no puede ser el caldo de cultivo para la mala atención. El director provincial reconoce que ha visitado personalmente a familias afectadas por demoras para ofrecer disculpas y condolencias, subrayando que la cortesía es el primer deber del trabajador.
“Estamos luchando contra las actitudes negativas”, afirma. La figura del coordinador en la funeraria es clave: debe imperar el orden estricto de llegada del certificado de defunción. “No se puede saltar el orden por una amistad o por una llamada. Eso es parte del respeto y la calidad del ser humano”.
El deterioro acumulado en los 102 cementerios de la provincia es otra herida abierta por la falta de acero y cemento. No obstante, el plan para este 2026 es ambicioso y busca revertir el déficit de capacidades.
Para este 2026 se prevé construir tres mil 600 nuevas bóvedas y nichos y unas ocho mil capacidades de osarios. Este esfuerzo constructivo es lo que permitirá dar cumplimiento al plan de exhumaciones y garantizar que cada holguinero cuente con un lugar digno en el “Campo Santo”.
A pesar de las limitaciones que impone el cerco externo, la voluntad de los trabajadores de servicios necrológicos en Holguín se mantiene firme. El reto sigue siendo el mismo: transformar la escasez en gestión eficiente y asegurar que, en el momento más difícil, prevalezca la dignidad por encima de cualquier carencia.
El fallecimiento de un ser querido es, posiblemente, el momento de mayor vulnerabilidad para cualquier ser humano. En ese instante, la eficiencia de los servicios necrológicos no se mide solo en logísticas o cifras, sino en dignidad. Por ello, las recientes declaraciones Batista, invitan a una reflexión que trasciende lo administrativo para instalarse en lo ético y lo social.
No es un secreto, y sería irresponsable omitirlo, que el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba proyecta una sombra alargada sobre este servicio. Cuando hablamos de carros fúnebres paralizados por falta de piezas con más de dos décadas de explotación, o de la escasez de cemento y acero para ampliar los camposantos, estamos hablando de un impacto directo en la paz espiritual de las familias. Es un cerco que no solo intenta asfixiar la economía, sino que agrede incluso el derecho a un descanso eterno decoroso.
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