El sol despunta sobre el asfalto holguinero, pero el silencio de la mañana es distinto. No es el silencio del descanso, sino el de un archipiélago que ha aprendido a reescribir sus horarios para que la vida no se detenga.
Tras el recrudecimiento del bloqueo energético, de la administración de Donald Trump, la rutina del cubano ha dejado de ser una línea recta para convertirse en un ejercicio de equilibrismo y voluntad. El reajuste de la jornada laboral y escolar a cuatro días a la semana no es solo una medida de ahorro; es un pacto de resistencia.
En las escuelas, los lunes se han vuelto más intensos, los maestros condensan el saber con la urgencia de quien sabe que el tiempo es, literalmente, energía. Los niños, con sus pañoletas impecables, asumen el viernes como un día de estudio en casa, transformando la sala del hogar en un aula improvisada donde la familia se vuelve guía.
Donde el bloqueo intenta imponer la sombra, la salud pública cubana impone su claridad. En los pasillos de un policlínico de barrio o en la sala de un hospital provincial, la estampa es la misma: el médico que llega tras una noche de apagón, quizás sin haber dormido lo suficiente, pero con la bata blanca libre de arrugas. A falta de insumos que duermen en puertos lejanos por leyes extraterritoriales, emerge la pericia clínica. El estetoscopio y el ojo clínico suplen, en ocasiones, lo que la tecnología no puede encender. «Aquí no se rinde nadie», parece decir el cirujano que opera bajo el respaldo de un grupo electrógeno, o la enfermera que, con una sonrisa, calma al paciente recordándole que, aunque falte la luz, la atención humana es innegociable.
La economía no se ha ido de la casa; se ha adaptado. En los centros de elaboración y servicios, el ingenio es el nuevo combustible. En no pocos centros de trabajo, el aroma a carbón y leña ha vuelto a las cocinas.
No es un retroceso, es una estrategia de supervivencia para asegurar el alimento del trabajador y de la comunidad. Otros, más visionarios, aceleran el cambio de sus matrices energéticas.
Los paneles fotovoltaicos comienzan a coronar techos de empresas que ayer dependían del Sistema Electroenergético Nacional, convirtiendo la crisis en la oportunidad definitiva para la transición más ecológica que cuidaría el medio ambiente.
Existen situaciones difíciles que no caben en pocas líneas, Cuba no vive en la oscuridad, aunque falten los miles de kilovatios. Vive en el ajetreo de quien se reinventa cada hora, porque mientras el bloqueo energético intenta apagar los interruptores, la voluntad de un pueblo sigue manteniendo encendida la esperanza, esa que no depende de cables, sino de corazones que se niegan a detenerse.
- Manteniendo la esperanza encendida - 23 de febrero de 2026
- Apoya ECOI 16 acciones de soberanía alimentaria - 23 de febrero de 2026
- Aumenta vandalismo contra telefonía móvil en Holguín - 20 de febrero de 2026