Desde hace un buen tiempo, el hombre va “descubriendo”, la firme determinación del planeta de no querer dejarnos vivir en estado de derroche y usar los recursos naturales a puro placer, desequilibrando lo que nos sustenta. La tierra “protesta”, usa para ello, el lenguaje del medio ambiente y los ya visibles cambios climáticos. Por eso, de entre muchas, el ciudadano hoy en día, toma para sí los temas de energía renovable. En una era petrolera, donde no solo se deben disminuir emisiones contaminantes, también, son verdaderos dolores de cabeza, las tendencias al alza de los precios de hidrocarburos, para países no productores.
Suele ser impactante un material, cuando leemos “en un metro cuadrado de superficie de suelo cubano, se recibe un promedio de 1.8 Mega – Watts por hora (y hasta más) energía portada por rayos solares…”. Es difícil evitar sacar cuentas y decirnos al ver lo fabuloso de los números: ¡Hay que aprovechar esa energía! Otro tanto sucede si observamos un mapa de potencial eólico del país, donde los holguineros podemos ver nuestro terruño, con una de las perspectivas mayores.
Ojalá fuera poner una palangana y coger agua lluvia, disculpen la confusión, recolectar energía solar y de los vientos (en cuanto a otras fuentes de energía renovable, debemos saber, que con las condiciones actuales, al no tener grandes ríos solo alcanza para el desarrollo de mini - hidroeléctricas en la mayoría de los casos; las mareas y las olas a parte de lo caras de esas tecnologías, hay muy poco potencial en nuestras costas, aunque no se descartan). Ya de entrada debe preverse un por ciento de pérdida entre la fuente primaria (rayos solares y viento) y la conversión final a calor, electricidad, etc.
El asunto de implementar energías renovables, significa tener en cuenta, factores tecnológicos, comerciales, financieros, medioambientales, sociológicos, entre otros, sumados a lo importante de las condiciones climáticas (inclúyase, los vientos y promedios de radiación solar).
No pocos entendidos en materia sociopolítica, afirman que la poderosa industria petrolera se ha encargado de comprar patentes e incluso, financian ellos mismos investigaciones dirigidas a lograr sistemas de energía renovable para luego engavetarlas, bloqueando a pujanzas su implementación. El propio hecho de la antigüedad, tanto de la parte productiva, como la infraestructura de consumo petrolero, al implicar un alto grado de estandarización y abaratamiento por producciones en gran escala, hacen que sus costos sean muy bajos en comparación con las opciones para el uso de energías renovables. Ejemplo: Hoy por hoy, un proyecto de energía solar fotovoltaica, es rentable comparativamente, si, se trata de lugares apartados, donde es menos costoso el mismo, con relación a invertir en llevar a esas zonas, líneas del sistema electroenergético nacional. En realidad a pesar de obstáculos la tecnología se va desarrollando. Así tenemos, diversas variantes en el mercado, colectores solares de calor, plano, compactos y de tubos al vacío, para dar respuestas desde el punto de vista de eficiencia fundamentalmente y según la cantidad de sales (dureza) del agua a procesar, entre otras variables. En cuanto a energía fotovoltaica, existen ofertas, desde los sistemas de este tipo más usados, esos que podemos ver en consultorios médicos rurales, hasta celdas fotovoltaicas en forma de cubiertas de techo; Japón, es el mayor productor de estos materiales a base de silicio fundamentalmente, con variantes de los mismos que permiten que a la vez de ser colocadas como ventanales semitransparentes, convierten la energía solar en electricidad. Si se trata de fuente primaria eólica, las diferencias tecnológicas más importantes estriban en configuraciones para aprovechar vientos de baja altura, la mini – eólica y la eólica de mayor eficiencia de conversión, donde se emplean torres altas para aprovechar los vientos fuertes de alturas superiores a los 20 metros, tanto los costos de inversión inicial como la explotación de esta última, son menores que su prima mini – eólica.
Hasta aquí hemos visto la idea de no ser tan simple colectar rentablemente, las distintas fuentes de energía renovables, en cuya explotación, la contaminación del medio ambiente, es mínima. Dado el hecho, de las formas de disminuir sus costos, cabría la pregunta: ¿Qué pasaría cuando se multipliquen los esfuerzos actuales de nuestro país de montar producciones nacionales de muchos de estos componentes?
Ya se informó por diferentes medios, cómo los alrededor de 1 mega watts por año de energía fotovoltaica, instalados durante la etapa de la Batalla de Ideas, en que se potenció el fomento de salas de vídeo y el mejoramiento de zonas montañosas y alejadas, fueron ensamblados en el país (para esa capacidad a instalar, es rentable implementar ese tipo de producciones).
Como todo parece indicar, las perspectivas de Holguín respecto al desarrollo de la energía eólica, ya en la etapa actual, conocemos por los órganos de prensa, se han obtenido los primeros éxitos en el parque eólico de Gibara; en un futuro, si se quiere crecer, es casi seguro, las personas que dirigen esos proyectos no descarten la producción nacional de una gran cantidad de los componentes de esa tecnología.
Otro problema, es el desfasaje entre la disponibilidad de la fuente primaria y el consumo de la energía a la que se convierte (digamos, por ejemplo, a las 12 del día hay un sol que raja piedras y casi nadie quiere bañarse con agua caliente a esa hora, sin embargo en la noche, no hay sol y es cuando aumenta la demanda de agua caliente). La implementación de imprescindibles subsistemas de acumulación de energía provoca el aumento de los costos. Al tratarse de colectores térmicos, la energía puede acumularse, almacenando agua caliente y para el caso de la electricidad lo más usado son las baterías (basadas en varias variantes, de plomo, níquel – cadmio, etc.).
En este mundillo, existen innovaciones tales como, los acumuladores inerciales (es un mecanismo para “almacenar” energía haciendo girar un volante en forma de disco sobre cojinetes magnéticos dentro de una cámara al vacío, para disminuir las pérdidas por rozamiento. Al suministrarle energía eléctrica, un elemento impulsa al volante, mecanismo que se invierte cuando ese movimiento se usa para generar electricidad a consumir). El hidrógeno se conoce mejor, mediante electrólisis se acumula, para luego consumirlo al combustionarlo; es muy explosivo, pero, las celdas–combustibles prometen ser la solución (siempre y cuando, se logre bajar los costos), estos dispositivos, usan el platino como catalizador de la reacción con el oxígeno, en una configuración donde la energía en vez de calor, se entrega en forma de electricidad (parece simple, pero solo con el platino, se dispara los costos, unido a otros requerimientos). Basado en las celdas–combustibles, se prueban actualmente por firmas importantes de la automovilística, vehículos de nuevo tipo, con perspectivas de ser extendidos. Ya para acumular grandes cantidades de energía lo común es implementar hidroacumuladoras; son dos depósitos de agua (presas) ubicados en alturas diferentes, cuando se bombea este líquido desde el nivel inferior se acumula la energía, enviándose nuevamente desde el embalse superior, cuando se quiere consumir dicha potencia acopiada.
Las hidroacumuladoras, acompañan a las centrales nucleares, como preveían los planes donde se contemplaba la electronuclear de Rafael Freyre en Holguín (antes del derrumbe del campo socialista). ¿Sería descabellada la lógica, de desempolvar una parte de esos proyectos, para dado un aumento de la producción de energía eólica en nuestro norte oriental, se use una hidroacumuladora, pudiéndose suministrar electricidad de forma continua aún cuando mengüen los vientos?
Realmente es un tema fascinante e interminable, tal vez en otra ocasión pueda ampliarse. Mientras tanto, quizás alguno de nosotros quiera ser protagonista y usar alguna fuente energética; pues es posible, el ahorro constituye una de ellas. Realmente se observa en los países desarrollados, hablar y hablar de esta investigación o de otra; ya deben hacer caso a eminentes pensadores, cuando afirman, que si los niveles de consumo no se regulan, ni con un pedazo de sol en la tierra, nuestra querida nave (parafraseando), aguantaría, sin antes “sacudirnos”, tanto despilfarro.
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Acercamiento a las energías renovables
Miércoles, 23 Noviembre 2011
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