c_530_394_16777215_00_images_stories_2010_banderascubanas_cuba_bandera_tvcamaguey2.jpgEl 24 de febrero de 1895 comenzó en varios puntos del oriente cubano un levantamiento simultáneo que la historia recoge como, inicio de la Guerra del 95, o de la Guerra Necesaria, como la consideró José Martí, delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC) que él mismo fundó; mediante la cual se lograría la Independencia de Cuba con “la brevedad y la eficacia del rayo”.

 24 de febrero “morir por la Patria es vivir”


La guerra fue preparada pacientemente por José Martí en el exilio, donde logró sumar muchos jóvenes con ansias de libertad, a los veteranos combatientes de la del 68, Guerra de los Diez años o Guerra Grande. Nada debía anticiparse a la orden de alzamiento, razón por la cual aconsejó: “Guárdense en el pecho los cubanos de la Isla su fidelidad a la revolución, allí donde el enemigo no la vea, que ya sabremos a su hora y a nuestra manera, ir a buscarla a sus pechos.

Envió la orden de alzamiento en los primeros días de febrero de ese propio año a Juan Gualberto Gómez, delegado del Prc en la mayor de las Antillas, y a través de él a todos los grupos de Occidente”, con copias para Guillermón Moncada en Santiago de Cuba; Bartolomé Masó, en Manzanillo; Francisco Carrillo, en Remedios, y el camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt.

Desde días antes de la fecha fijada, los jefes mambises orientales habían abandonado sus casas para no ser localizados por las autoridades colonialistas. De esa manera, Guillermón burló sobre una mula, la vigilancia española y se hospedó en el poblado de Auras, para pasar el 24, con un grupo de patriotas, a la loma de La Lombriz, en Alto Songo.

Bartolomé Masó izó la Bandera Cubana en su finca de Colmenar, Bayate, cerca de Manzanillo, donde estableció su campamento. 80 insurrectos entraron a punta de machete en el poblado de Yara, donde acopiaron armas. Cerca de Bayamo se levantaron Joaquín Estrada Castillo, en su finca El Mogote; Esteban Tamayo, en Vega de la Piña, con 80 compañeros; José Manuel Capote, en San Diego, con 40 efectivos armados. Periquito Pérez tenía la orientación de Antonio Maceo, de controlar la costa sur de la jurisdicción de Guantánamo, para apoyar el arribo de expediciones.

Victoriano Garzón, con un grupo de hombres, abandonó Santiago y se instaló en la finca San Esteban, cerca de la ciudad. Alfonso Goulet sublevó al poblado de El Cobre. Quintín Bandera, al frente de un puñado de patriotas, todos armados, acampó cerca de San Luis. Silvestre Ferrer incendió con sus hombres al poblado de Loma del Gato, tradicional centro de operaciones del ejército español.

Lora reunió a sus compañeros en el Puente de la Herrería, ya en horas de la tarde y marchó hacia la plaza del poblado, donde se proclamó en rebeldía e hizo los seis disparos de su revólver al aire. Casi al anochecer, otro reducido grupo de insurgentes entró a Jiguaní, y horas después partió hacia Baire. De allí, ambos destacamentos marcharon hacia La Salada, para ponerse bajo el mando de Jesús Rabí.

Varios intentos de alzamiento ocurrieron en el occidente del país, tras los cuales, la mayoría de los complotados marchó hacia el extranjero. Después, retornaron a la manigua por distintas vías para incorporarse al Ejército Libertador, con la precisa orientación de José Martí, de que la guerra no era contra el español, sino contra la codicia e incapacidad de España; “…la guerra de Cuba no tendrá que ser, ni quiere ser, la obra del odio contra el padre honrado de hijos cubanos, ni el esposo bueno de la mujer cubana, sino la manera de poner a Cuba en condición de que pueda en ella vivir feliz el hombre”.

La Guerra del Independencia, a diferencia de la de los Diez Años, o del 68, tuvo un carácter democrático popular. Se peleó duro en la manigua, y cuando era inminente la victoria sobre las tropas españolas, superior en número, se originó la intervención norteamericana, aplicando la política de “la fruta madura”.

A partir de entonces, Estados Unidos mantuvo su bota sobre la isla; se apropió de las principales riquezas de la isla y de un pedazo de costa en Guantánamo, donde instaló una base naval que aún mantiene; tuteló a los gobiernos de turno e introdujo el vicio, las drogas, la prostitución…

Los cubanos mantuvieron la lucha hasta que el Primero de Enero de 1959, cuando la Revolución triunfante, comandada por Fidel Castro, puso a raya al imperio, entregó tierras a los campesinos, convirtió los cuarteles en escuelas, protegió a las personas con problemas sociales y ha defendido la soberanía e integridad de la nación, que representan la dignidad del pueblo.




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