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Martes, 24 Octubre 2017
Sexualidad responsable, un deber de dos
En este artículo: Holguín Cuba Salud
Condón en cartera de mujer. Foto: Juventud Rebelde
Un aspecto determinante de la plenitud e integralidad de las personas es su sexualidad; ella se construye desde el nacimiento hasta la etapa de la adultez. Hacerlo de forma responsable y segura es sin dudas, una tarea de dos.

María tiene 15 años y desde hace unos días su novio Juan le ha pedido como muestra de amor, que le entregue su virginidad. Ricardo es un joven de 24 que lleva una semana en espera de una prueba que le confirme si es seropositivo al VIH/Sida. Alina ha descubierto esta mañana que está embarazada a sus 17 años porque hace un mes en una fiesta conoció a un chico y tuvieron sexo desprotegidos.

Son estas historias que desafortunadamente se encuentran más cerca de nosotros de lo que nos gustaría admitir o saber. Todas ellas dadas, en gran medida, por una actitud irresponsable ante la sexualidad de cada individuo.

Desde que venimos al mundo estamos asimilando patrones de conducta que, de cierta forma, determinarán en gran medida los intereses y preferencias sexuales de la etapa adulta.

Por tanto, se considera que la familia juega un papel importante como primera célula de la sociedad, a la hora de educar a sus hijos en temas de sexualidad segura y responsable.

Desafortunadamente, aun en muchos hogares estos tópicos son considerados temas tabú y nos pocos los adolescentes que se inician en una sexualidad precoz sin ningún conocimiento de su cuerpo o de las consecuencias de tener relaciones desprotegidas.

Es necesario que la responsabilidad que a la familia y a la escuela les corresponde, dentro del contexto de todo el sistema de influencias que existe en la sociedad, sea asumida por ambas de forma coordinada, sobre la base de un conocimiento cada vez mayor acerca de cómo deben orientar a los adolescentes para logar en ellos un desarrollo óptimo más pleno.

Y es que no se trata solo de embarazos no deseados o de llegar a una maternidad o paternidad sin estar preparados no biológica ni psicológicamente. El VIH/Sida, las ITS y cualquier enfermedad o condición médica que atente contra el bienestar y la calidad de vida no son temas para tomar a la ligera.

Somos responsables de cada acción de nuestra vida. No podemos juzgar o acusar a otros de decisiones que fueron tomadas bajo un momento irreflexivo, sin detenerse a valorar ni un minuto las posibles consecuencias de lo que esos once segundos de placer pueda traer a la vida de cada cual.

Si no somos capaces de cuidarnos y protegernos a nosotros a mismos, ¿por qué esperar que alguien más lo haga?

El acto sexual debe ser un momento de disfrute de ambas partes, pero debe de ir más allá también. Tener sexo no es lo mismo que hacer el amor. Nadie que nos ame nos pedirá que le entreguemos algo tan valioso a cambio para demostrar cuán importante es nuestra vida. O mucho menos nos expondrá a una enfermedad, muchas veces incurable o cuando menos dolorosa solo porque el preservativo resulta pasado de moda.

Cualquiera de nosotros, o de nuestros amigos o familiares puede tener historias como las de María, Ricardo o Sara. No dejemos que un instante de placer defina nuestra vida.

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