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Viernes, 9 Deciembre 2016
La insensatez está lacerando al mundo
Incendio forestal. Foto: tiempo21.cu
Las personas "entradas en años" suelen tener más experiencia que en su juventud, por eso sorprende que la humanidad, ya añejada, en vez de manifestar madurez, se enrede en conflictos dañinos a la existencia, en lugar de aprovechar sosteniblemente cuánto la Naturaleza le da, de manera que en el futuro no haya que culpar a los presentes por el desastroso legado mundial.

He aprendido y pienso que todos lo sabemos, que del medio hasta las malas hierbas aportan beneficios a la salud del hombre, pues muchas son tan eficaces como los medicamentos industrializados; en tanto, los vegetales, los frutos, igualmente presentes en la naturaleza, son ricos en minerales, proteínas, vitaminas, en todo lo que necesita el organismo humano para su conservación sana, componentes que se obtendrán en la misma medida que seamos capaces de producir sus portadores; y muchos de estos, hasta crecen espontáneamente.

En todos los países son extensos los terrenos baldíos, que bien aprovechados podrían sustentar a los necesitados de cada región, sin tener que maltratarnos y saquear las fortunas ajenas.

Nuestro fértil planeta posee las más diversas riquezas, que, bien distribuidas, alcanzarían para que ningún ser humano tenga que vivir en paupérrimas condiciones como sucede hoy con muchos; sin embargo, por la codicia, en lugar de cultivarlos son deteriorados de las más disímiles maneras.

No hay que repetirlo pues todos sabemos cómo y de cuántos modos el Homo sapiens están destruyendo al mundo, lo que podía ser admisible entre nuestros antecesores, pero ¿entre los actuales?

¡Es tanto lo que hay que hacer por la vida! sin embargo muchos de los eminentes pensadores desperdician su sabiduría en ciencias encaminadas a la destrucción de la humanidad y por ende, su propio mundo, el único donde se puede poner los pies con firmeza, respirar sin artificios, gustar de sus aguas y refrescarnos con su excepcional brisa, la lluvia y a los compases de las olas marinas; condiciones que suponemos y anhelamos encontrar en otros planetas, pero que aún no hay evidencias palpables en ninguno, al menos que hayamos podido constatar.

No caben dudas que si las fuerzas individuales y las riquezas de cada nación fuesen administradas por seres con auténticas intenciones por disfrutar de ese mundo superior que tanto pretendemos, lo alcanzaríamos. Es preciso que la inteligencia humana se proyecte única y sinceramente para el beneficio de los hombres y no para alimentar el egocentrismo de los gobernantes de las naciones económica y militarmente poderosas, superioridad conseguidas, "a saber de qué manera", o sí, bien que lo sabemos.

A veces hay procederes con apariencias de buena voluntad, sin embargo, tras ese engañoso actuar, tratan de ocultar las verdaderas finalidades. Es la estrategia, son "cantos de sirenas", como diríamos por acá, para, a fin de cuentas, tratar de imponer sus doctrinas; no precisamente para resolver los problemas individuales de las personas y los países, sino para continuar su ascensión hacia la cima del mundo.

Como el pulpo va extendiendo sus tentáculos por todos los terrenos aún no alcanzados; y lo hacen de forma tan solapada –al menos eso creen- que no todos pueden descubrir sus verdaderos propósitos. Pero, no es muy difícil apreciarlo en sus alocuciones, sobre todo cuando se ha sido educado bajo principios firmes, cimentados con amor, justicia, igualdad social, cultura, razones que, unidas a una verdadera pasión por la patria y sus símbolos más sagrados, hace de los pueblos una fortaleza infranqueable.

Resulta extraño que seres inteligentes, como lo es el hombre, actúen de forma tan venenosa, en vez de disfrutar y trabajar sinceramente por propiciar un mundo apacible, de comprensión, donde el lenguaje sea común, y solamente predomine el interés por la preservación de la vida y de nuestro planeta; por la paz, de América Latina, como proclamara el General de Ejército, Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministro de Cuba; y por la paz del Mundo -agregaría- pero con franqueza y hechos convincentes.

La existencia humana es tan efímera que no puedo comprender por qué los hombres se empeñan en truncarla y en convertir nuestro planeta en un dantesco infierno. Será que siempre ha vivido en un estado demencial, sin darse cuenta que poco a poco su insensatez está lacerando la existencia.

¿Estarán volviéndose locos los hombres, o será que siempre lo fueron?

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