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Miércoles, 28 Septiembre 2016
Homenaje al maestro cubano
Como el delegado es la base del sistema de gobierno cubano, y el médico, responsable de la preservación de la salud pública; el maestro es la esencia del proceso de formación integral de los hombres y mujeres que tienen la alta responsabilidad de llevar adelante la nueva obra que se construye con el concurso de todos.

Por tal razón, no puede pasar inadvertido el maestro entre la gente. Es necesario enaltecer su figura e integridad; reconocerlo en el barrio; consultarlo sobre la conducta de nuestros hijos en la escuela, y apoyarlo, en vez de reprocharlo cuando los regaña por mal comportamiento o no obtienen las calificaciones deseadas.

Maestro fue el joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, asesinado por bandas contrarrevolucionarias el 26 de noviembre de 1961, cuando apenas contaba con 16 años de edad. En su homenaje, se adoptó esta fecha para iniciar la Jornada del Educador que se prolonga hasta el 22 de diciembre, día en que en ese propio año, se proclamó a Cuba como territorio libre de analfabetismo.

Por enseñarnos a andar en el mundo de las letras y las ciencias, y contribuir a la formación de valores que nos acompañarán toda la vida, nunca deberíamos olvidar el nombre de nuestros maestros y profesores. Sin ellos no habría científicos, profesionales, intelectuales, artistas, dirigentes, técnicos.

El maestro, como ser creador, está en todo y en todos. Siente orgullo de su profesión, la ama y se entrega a ella de cuerpo y alma, aunque algunos abandonan el aula por causas reprochables o no, que la sociedad debe tener en cuenta y analizar para evitarlo.

Pensando en él y en ella, me vinieron a la mente antecesores como Félix Varela, el primero que nos enseñó a pensar; en José de la Luz y Caballero, uno de los forjadores de la nacionalidad cubana; en José Martí, máximo exponente de las ideas independentistas; en Fidel, quien nos hizo libres e iluminó el camino con una amplia red escolar a todo lo largo y ancho del país.

Pero no sería completo el homenaje si no mencionase al criollo Miguel de Velásquez, hijo de india y español, primer maestro cubano que ejerció la profesión en el lejano 1544, y de quien se informara en una carta al Rey de España por el Cabildo de Santiago de Cuba, que era un cura "mestizo natural, que estudió en Alcalá de Henares; sabe canto llano; tañe los órganos, enseña gramática, y es de vida ejemplarísima...".

Y en tiempos de la colonia, el primer maestro negro que tuvo Cuba se nombraba Antonio Medina y Céspedes, precursor de la pedagogía cubana, que fundó en la capital el Colegio de Nuestra Señora de los Desamparados y colaboró en varias publicaciones prestigiosas.

En esta Jornada del Educador pienso como José Martí que "...para ser maestro de otros, es necesario saber servir".

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