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Viernes, 25 Mayo 2018
Trabajar para el consumidor
  • Escrito por Ania Delia Infante Fernández
Consumidora compra un cake en la dulcería La flor cubana, ubicada en la ciudad de Holguín. Foto: Lisandra Cardoso (Archivo)
Continuamente escuchamos el término “protección al consumidor” en esferas relacionadas a los servicios, y cada vez es más común oír en guaguas, centros de trabajo y en las mismas colas, historias alarmantes sobre este tema.

En Holguín, desde hace años, existe un auge de construcción y remodelación de locales para el servicio, sobre todo en Comercio y Gastronomía que son, quizá, los sectores donde más palpable se presentan las violaciones al sistema internacional de protección al consumidor.

Malos tratos y desinterés por brindar el servicio, falta de información sobre la cantidad, características, composición y precio de los productos, escasa divulgación sobre el consumo; junto a la inexistencia o negación del libro para registrar las opiniones y quejas, son solo algunas de las violaciones más comunes.

Amén de que gastronómicos y comerciantes reciben continuamente capacitaciones sobre los derechos del consumidor y sus deberes como proveedores, en algunos establecimientos se maltrata y desinforma, provocando el descontento de clientes que ya no regresan a la unidad.

Para cumplir con los nueve derechos aprobados por la Organización de Naciones Unidas, las entidades que pertenecen al Grupo Empresarial de Comercio en Holguín toman medidas para revertir esta situación.

Entre las principales disposiciones está la identificación permanente del administrador como responsable de la protección al consumidor en su unidad y el incremento de las áreas de comprobación para que los clientes verifiquen la calidad del servicio prestado.

Del mismo modo, en toda la provincia se proyecta la ampliación de la red de mercados integrales de productos alimenticios, con diversidad de ofertas y servicios, para facilitar la comercialización en los diferentes consejos populares, sin necesidad de trasladarse al centro de la ciudad.

Punto aparte merece la pretensión de realizar plenarias de protección al consumidor, donde se analicen las problemáticas de la actividad, pues esta iniciativa, aunque sería útil y necesaria, poco se concreta.

Y es que la protección al consumidor, más allá de disposiciones empresariales y regulaciones internacionales, se trata de sensibilidad y, también, de ser lo suficientemente hábiles para ponerse en el lugar del cliente y saber qué busca, para qué y cómo lo quiere.

En una provincia donde cada día aumentan los establecimientos dedicados a los servicios y donde, además, la competencia del sector no estatal es innegable e irreversible, urge perfeccionar los mecanismos que protejan al consumidor, porque solo así se garantizará el retorno de los clientes a las unidades.

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