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Martes, 22 Mayo 2018
El divorcio y nuestros niños
  • Escrito por Flavia L. Dotres Sánchez
El divorcio es especialmente difícil para los niños. Foto: cubahora.cu
Carlos, a quien llamaremos así para no comprometer su privacidad, acaba de divorciarse. No ha sido una separación amistosa pero las aguas han ido tomando su curso a medida que pasan los días. Ahora quien sufre es su pequeña Sara.

Sara tiene apenas dos años y podría llegar a pensarse que no entiende a ciencia cierta lo que pasa, pero de que lo sufre, de eso no hay dudas.

Para los pequeños de la casa un divorcio es un escenario en extremo estresante, y es habitual que somaticen estos hechos debido a que no cuentan con los recursos necesarios para expresar sus emociones.

Es decir, que lo pueden manifestar con síntomas físicos como son los dolores de barriga, fiebre, irritabilidad, cambios de comportamiento, etc. Los más pequeñitos como en el caso de Sara también sufren de estas circunstancias, aunque no lo entiendan, son como esponjas que absorben las tensiones.

Ellos lo suelen manifestar con retrocesos en sus logros, como volver a utilizar el pañal o comer y dormir peor. Por su parte, los mayores casi siempre tienen alteraciones de conducta y peor rendimiento escolar.

Es incuestionable que en numerosas ocasiones la mejor solución para las parejas es terminar con la relación. Para los niños la separación de sus padres siempre será un suceso doloroso pero las consecuencias serán muy diferentes dependiendo de cómo se realice.

Las consecuencias para los niños son peores cuando hay una mala gestión del divorcio: cuando ambos padres descalifican al otro miembro de la pareja delante del niño; cuando éste está en mitad de las discusiones de los mayores y lo utilizan como árbitro; cuanto le piden que tome posición por alguno de los dos progenitores; o cuando no hay un buen entendimiento entre la ex pareja. Por ello, los adultos deben ser conscientes de que no se debe mezclar nunca a los hijos en los problemas de la pareja, porque ahí es cuando los pequeños sufren.

Según varios estudios, los niños y niñas menores de tres años son capaces de captar el cambio de rutinas, sentir la ausencia de personas significativas y sobre todo, son muy reactivos a los estados de ánimo de sus cuidadores. Por tanto, sí que se dan cuenta, desde su sentir, de los cambios que comporta un divorcio en la estructura familiar. El hecho de que no puedan expresarlo con palabras concretas no quiere decir que no lo sientan.

En estos casos lo más recomendable es acudir a especialistas que nos orienten de acuerdo a las circunstancias cómo proceder. Ellos nos indicarán la forma correcta para manejar estas complicadas situaciones, siempre con el principal objetivo de no provocar daños, tanto físicos como psicológicos en los más pequeños, y en esta ocasión, los más frágiles del hogar.

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