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Domingo, 25 Febrero 2018
Conducta contagiosa
  • Escrito por Ania Delia Infante Fernández
De niña muchas veces recogí una mochilita con mis cosas para irme de la casa cuando no me dejaban salir a jugar o simplemente estaba en uno de esos días en que todos me caían mal. Cuando entré en la adolescencia quise cambiar a mis padres, los prefería más jóvenes, para que me dieran más libertades. Después entendí que no podía tenerlos mejores y que esta situación no es solo mía, todos pasamos por eso.

Por conocidas problemáticas relacionadas con la vivienda, Cuba es un país donde varias generaciones debemos compartir un mismo espacio y eso hace necesario que exista la mejor relación entre las partes. Comunicar es escucharse mutuamente.

No pueden pedirnos que seamos como la juventud de 10 o 20 años atrás, nunca lo seremos; porque los jóvenes nos parecemos “más a nuestro tiempo que a nuestros padres”, y no por eso dejamos de tener sueños, expectativas y deseos de hacer.

Sin embargo, no podemos pretender libertad sin responsabilidad, ni más espacio sin compromiso real, porque los padres y los abuelos delegan los beneficios de la independencia solo a quienes demuestran con hechos que la merecen.

La familia siempre será la célula fundamental de la sociedad, de ahí la importancia que tiene formar valores morales y éticos en los niños, adolescentes y jóvenes. Sin embargo, es imprescindible educar con el ejemplo, porque como dijo el inglés Charles Reade, resulta “una conducta contagiosa”, para bien o para mal.

Conozco casos de violencia doméstica hacia niños que después cargan con esas vivencias toda la vida. No lo manifiestan de inmediato pero, en la mayoría de los casos, la historia se repite luego con sus propios hijos. Vi con mucho dolor, cómo una amiga soportaba una golpiza y lo peor, la comprendí, porque lo vio como “natural” en su hogar desde el principio.

Sé de un muchacho increíblemente bueno, al cual su familia no entiende porque es homosexual; él solo muestra su orientación en su círculo de amistades; en otro contexto, está casado con una mujer y se esconde para ser como es. En varias ocasiones ha intentado suicidarse y todo gira alrededor de la incomprensión y la frustración que vive.

Romper las barreras de los “oídos sordos” es lo más importante para lograr una correcta comunicación y llegar a acuerdos sin olvidar que “una mano lava a la otra y las dos lavan la cara”. Aprender a negociar entre padres e hijos es fundamental, pues evita gran parte de las inconformidades e incongruencias generacionales dentro de los hogares.

Los padres pueden dar muy buenos consejos pero lo que manifiestan ellos dentro y fuera del hogar, es lo que inspira a sus hijos. Nadie respetará a quien no admira, ni seguirá a quien no quiere, porque la ley del ejemplo es implacable acerca de eso.

Todo es cuestión de sembrar hoy para recoger mañana. ¿Qué puede esperar de su hijo un padre ausente? Hay diversas situaciones, pero nada justifica la separación entre padres e hijos. ¿Cómo dar amor o respetar a una persona que casi no conoces?

Para algunos jóvenes de hoy, lo mejor será eliminar los patrones heredados o acometer la ardua tarea de “pasar un borrador” sobre la frente y comenzar desde cero si es posible. Para otros, lo mejor es creer en una familia futura que defienda los valores recibidos en su casa desde pequeños.

Tal vez nos sorprendamos con la propia afirmación de que seremos buenas madres o padres, buenos tíos o abuelos; porque tuvimos a todas esas personas alrededor mientras crecíamos y tomamos lo mejor de cada una.

El ejemplo es una conducta contagiosa. Hoy entiendo que mis padres no pueden ser mejores, hay mucho más de ellos en mí de lo que puedo imaginar.

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