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Viernes, 27 Abril 2018
Reyes, regalos y carbón
Juguetes. Foto: Abel Rojas
Es la noche del cinco de enero y la niña deja bajo su cama un pequeño montículo de hierba y un pozuelo de agua para que los camellos coman y beban tras su largo viaje. Ha sido buena durante todo el año, o casi siempre, y espera que en la mañana no se encuentre con un saquito de carbón sino con algún lindo regalo.

El sexto día del año muchos países celebran el Día de Reyes, tradición tomada del catolicismo y que recuerda la visita que recibiera el niño Jesús por parte de tres sabios de oriente Melchor, Gaspar y Baltazar. Cada uno traía consigo un regalo que ofrecieron al recién nacido y lo que probablemente dio paso a la tradición de dejar obsequios a los más pequeños de casa.

Con el tiempo se le irían incrementando nuevos ritos como el de dejar comida y agua para los camellos en los que viajaban pues venían desde muy lejos y necesitaban descansar. ¡Y no olvidemos el tema del carbón! Si el niño o niña no había sido muy bueno durante todo el año, los reyes lo sabrían y solo dejarían bajo la cama una bolsa con carbón.

Aquellos que ya peinan canas en los hogares cubanos recordarán mejor estas tradiciones. Confieso que cuando descubrí que los tres reyes magos eran en verdad dos reinas a las que yo llamaba “mami” y “abuela”, me sentí un poco estafada. Pero la vida me convenció que quizás era mejor tener a estas dos monarcas todo el año y no a los otros una vez cada 365 días.

reyes magos f gironDesde hace unos años Cuba vive un resurgir de algunas tradiciones un poco adormiladas en el tiempo y el Día de Reyes es una de ellas. Realmente la llegada de los años 90 y con ellos de un periodo de crisis económica fuerte apartó a muchos padres de la idea de comprar juguetes y golosinas.

No fueron pocos los de entonces ni lo son ahora, los que aún califican estas fechas como mercantilistas y frívolas, además de que fomentaban el consumismo tan ajeno a lo que se busca como modelo social. Pero me parece válido también reconocer que incentivar a los niños a ser buenos durante el año y fomentar su imaginación e inocencia no debe ser una espada de Damocles.

Soy partidaria de que lo más sagrado que puede tener y preservar un ser humano es su inocencia y su imaginación. ¿Cuántos niños no conocemos que hoy cantan las agresivas canciones de Bad Bonny o las sexistas letras de los reguetoneros como si fueran nanas para dormir? ¿Cuántas niñas que aún no levantan un palmo del suelo se ven en la calle vestidas en ajustados vestiditos y tacones como si de pequeñas mujercitas se tratara?

Menos reguetón y ropa de adultos y más lazos, batas y tradiciones como estas, amigos míos. Ya la vida pasará su factura y probablemente sea elevada.

Y quizás uno de los mayores contratiempos de estas fechas sea precisamente el elevado costo de los juguetes en las tiendas, aunque recuerdo a mis tíos contar que ellos recibían juguetes hechos a mano con la misma ilusión y alegría. Eso es lo bueno de los niños, que en su autenticidad no ponen etiquetas, de eso lamentablemente nos encargamos los adultos.

No privemos a los niños de ser eso y solo eso, niños. Alimentemos su imaginación, su fantasía, sus sueños. Un día crecerán y los Reyes dejarán de venir, pero en el proceso aprenderán a valorar el amor de la familia, y ese es sin dudas, el mejor regalo del mundo.

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