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Viernes, 27 Abril 2018
De una ciudad y su estética
  • Escrito por Flavia L. Dotres Sánchez
Carteles desprovistos de buen gusto inundan nuestras ciudades. Foto: Lisandra Cardoso (Archivo)
Desde la antigüedad ya existían regulaciones urbanas, pues el hombre siempre ha vivido en comunidad y es que no somos sujetos apartados del contexto que nos rodea. Entonces, es imposible entender por qué no nos ocupamos más de nuestras ciudades, de cómo se ven, de lo que ellas transmiten con su apariencia.

A estas alturas a nadie le es indiferente cómo Holguín y toda Cuba se han ido cargando de ciertos carteles publicitarios y propagandas que en lo absoluto respetan la estética de la ciudad y de su entorno.

Desde luego todos deseamos vivir en ciudades cuidadas, ¿pero qué hacemos para contribuir a ello? Pero el mal no es exclusivo de los carteles, el mal prosigue en fachadas mal cuidadas, en construcciones ilegales que en vez de casas parecen laberintos, en portales que se roban por completo la acera, las distancias entre viviendas que no se respetan....y la lista sigue y sigue.

Los estatutos urbanísticos vigentes en la Isla suelen presentar soluciones aplicables a estos inconvenientes como edificios con límite de pisos, diseños predeterminados con algunas variaciones de color y forma, y respeto por el arte y la arquitectura local.

Tener en cuenta dichos estatutos no constituye en lo más mínimo un mero trámite burocrático, representan una obligación con una intención favorecedora en pos del orden y el establecimiento de urbes más funcionales, cuyo único fin es el de organizar las acciones constructivas tanto estatales como particulares. Además se trata de preservar los valores históricos, arquitectónicos, paisajísticos y ambientales.

Obviamente existen sanciones para el incumplimiento de estas disposiciones. Es aplicable el Decreto 272 del 2001, Contravenciones en materia de Ordenamiento Territorial y Urbanismo, emitido por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Las medidas tienen correspondencia con la gravedad de las transgresiones que van desde la imposición de multas hasta la orden de demolición.

No está mal promocionar nuestros negocios o darle publicidad a nuestras ideas, pero la forma en que lo hacemos no es por libre albedrío, vivimos en comunidad y eso hay que respetarlo. En fin de cuentas el bienestar de un entorno cuidado es de todos y por tanto la obligación de mantenerlo.

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