Hay 1212 invitados en línea

Jueves, 24 Mayo 2018
Acoso en clave de ¡Pssss!
  • Escrito por Ania Delia Infante Fernández
Parar el acoso sexual callejero. Foto: Ahora
Hace unos días regresé a la Universidad luego de haber pasado unos pocos meses fuera. Volver no solo implicó caminar de nuevo por los pasillos de la sede Celia Sánchez Manduley y saludar a los amigos y profesores que hace tiempo no veía.

También tuve que tropezarme, durante el trayecto desde esta sede universitaria hasta el Clínico Quirúrgico, con ciertos "individuos" a los que les gusta "jugar a las escondidas" en los arbustos que hay en las cercanías de allí.

El sonido en clave de ¡Pssss! y la sombra entre los árboles de la otra acera advirtieron que, por supuesto, no estaba sola y que, simplemente, no debía mirar.

Para una muchacha que desde la temprana edad de 12 años se enfrenta regularmente con este tipo de episodios, lo más sensato fue pensar que la estrategia de hacer caso omiso, como siempre, iba a funcionar.

Pero esta vez no, no funcionó, y el hombre que emitía esos sonidos detrás de los arbustos, definitivamente ya no estaba tan escondido, sino que cada vez se acercaba más a mí.

A menos de cinco metros, el acosador se volvió un muchacho casi tan joven como yo, increíblemente bien vestido que, al entrar en el parqueo del hospital Clínico Quirúrgico, guardó lo que salía de su pantalón y, no conforme, se dispuso a seguirme.

Todavía me pregunto lo que hubiese sucedido conmigo o, mejor, qué reacción hubiera tenido su cara ante el spray de pimienta que siempre traigo (por precaución) en la cartera, si no fuera porque me monté en un taxi que me llevó inmediatamente lejos de allí.

Esta escena es día a día tan común en la ciudad que no he dejado de pensar: ¿cuáles son mis derechos como mujer de defenderme de tal o peor grado de acoso? ¿Qué herramientas legales tenemos para denunciar a esos hombres? ¿Cuál es la responsabilidad de los organismos jurídicos y de enfrentamiento en la provincia ante este tipo de hechos?

Bien recuerdo que ya en una ocasión otro medio de comunicación de la provincia realizó una investigación sobre el tema desde sus diferentes aristas y la principal conclusión fue que las áreas cercanas a instituciones educativas, donde existe mayor concentración de árboles y, fundamentalmente, donde abunda el marabú; son las más propensas para que ocurra este tipo de episodios.

Lo cierto es que las instituciones implicadas, ya a más de un año de la publicación de aquel reportaje, parecen evadir su responsabilidad en temas tan sensibles para la tranquilidad ciudadana y el respeto a la integridad física de las mujeres.

Tengo entendido que, hace unos años, algunos hombres que se dedicaban a acosar a las muchachas en las cercanías de los centros educativos, fueron llevados a juicio popular y que, en otra ocasión, los propios estudiantes de las sedes universitarias cortaron los árboles de los alrededores en varios trabajos voluntarios.

Estas medidas eventualmente atenuaron la aparición de los acosadores, pero ya en la actualidad, podría decirse que están de nuevo en todas partes.

Lo dice esta periodista que lleva más de 10 años teniendo experiencias desagradables al pasar a plena luz del día por sitios donde, lamentablemente, continúa creciendo el marabú.

Estoy segura de que todavía podemos prevenir males mayores, ya es tiempo de que en nuestra ciudad no se sientan más claves de "Pssss, mami, mira pá acá".

Deja tus comentarios

Sus comentarios están sujetos a moderación por un administrador.

0 / 500 Restricción de Carateres
Su texto debería tener menos de 500 caracteres

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios