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Martes, 24 Octubre 2017
Un consejo como joya
En este artículo: Holguín Sociedad
Esta mañana mientras caminaba hacia el trabajo, escuchaba desde una distancia prudencial los consejos de una abuela a su nieta. La niña no debía tener más de seis o siete años pero la anciana le daba un consejo para toda la vida. Hay que ser humildes, princesa, desde el fondo de nuestro corazón, para saber cómo levantarnos y volver a empezar. Fue la frase salomónica dada a la pequeña.

Desconozco el motivo por el cual la anciana le diría aquello a una niña de tan corta edad. Pero conozco de la sabiduría de las abuelas y de seguro lo hacía desde la experiencia dada por los años.

Probablemente la nieta no entendió cuánta sabiduría encerraban aquellas palabras, pero de seguro la vida la pondrá eventualmente en alguna situación donde este consejo le será tan útil como necesario.

A veces creemos que un determinado puesto de trabajo, o una buena solvencia económica y hasta un simple cargo, nos dan el poder de definir y decidir sobre aquellos que no tienen la oportunidad de encontrarse en igualdad de condiciones.

Olvidamos que la vida es un pañuelo, como diría otra abuela que conozco muy bien, y que un día nos puede poner delante de aquellos que una vez menospreciamos pero sin tener ya los privilegios que una vez nos confirieron cierto poder.

En este mundo de hoy, donde el más popular es el que tenga el mejor teléfono celular, o el que tenga más zapatos de marcas, ser humilde es visto en no pocas ocasiones como síntoma de debilidad. Como si se tratara de una jungla en la que sobrevive el más fuerte, aquel que sepa imponer su dominio sobre los indefensos.

Y no crean que esta periodista se niega al desarrollo o a tener las comodidades que todos merecemos, mejor si son ganadas de manera honrada. No se trata de tener un espíritu conformista ante la vida, sino que el hecho de tener posesiones no nos posea a nosotros.

Si queremos obtener un mejor puesto de trabajo, porque con ello también llega la satisfacción profesional y la necesaria retribución económica, no lo hagamos aplastando cabezas en nuestro ascenso hacia la cima. Es más reconfortante mirar y ver que hasta allí nos han llevado los logros y la profesionalidad y no intrigas o zancadillas.

¡Cuántas veces una se encuentra en el ejercicio de está difícil profesión de ser periodista directivos que asumen que su buró en un podio en el que hay que rendirle cultos! Desafortunadamente más a menudo de lo que nos gustaría.

Este país, cuna de grandes hombres, está forjado con la sangre de héroes que lo dejaron todo, a veces hasta fortunas, para cumplir con su Patria. En la manigua o en la Sierra, no importaba si se había nacido blanco, rico, negro, esclavo, obrero. Lo que contaba eran las ganas de dejarlo todo por el ideal de una Cuba soberana.

Es bueno ver que nuestros mayores aun preservan esos valores y que se lo transmiten a las nuevas generaciones. Ojalá y esa niña entienda que hoy su abuela puso en sus manos un consejo, una joya y uno de los valores más bellos que pueda tener un ser humano.

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