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Martes, 21 Noviembre 2017
Disciplina, compañera, disciplina
Parada de ómnibus urbanos en la ciudad de Holguín. Foto: radiorebelde.cu (Archivo)
Mucho se ha hablado sobre indisciplina social en nuestros medios de comunicación. Sin embargo hay quien persiste en cometer una serie de actos lamentables, muchas veces ante la mirada pasiva de quienes le rodean.

Para nadie es un secreto que el cubano disfruta y aprovecha cualquier ocasión para brindar con sus seres queridos y a veces “se le va la mano” con el traguito.

¿Por qué digo esto? Pues recientemente tomé la ruta dos en horas de la noche, el domingo Día de los Padres para ser más exacta. Quienes han tenido la oportunidad de ir en ese autobús sabrán que, al cubrir el largo trayecto de Alcides Pino al Cementerio Mayabe, normalmente va bien cargada de personal.

Pues en la mencionada guagua, como le decimos en Cuba, bien llenita de personal, venía también una alegre borrachita.

Sí, usted leyó bien, borrachita de mujer, sexo femenino. Normalmente son los hombres los que cargan con el estigma de ser “papelaceros” en lugares públicos pero esta vez no era un caballero sino una ¿dama? la que ofrecía un lamentable estado de embriaguez.

Hasta aquí, usted dirá, bueno pero ahí no hay indisciplina social alguna. Calma querido lector, calma. Frente a la señora de marras, iba una joven con un bebé en brazos y dos niños pequeños visiblemente alterados y nerviosos ante los gritos y las “malas” palabras proferidas por la alegre mujer.

Como si no fuera poco el nivel de alcohol que ya traía en sangre, uno de sus acompañantes le ofreció a pico de botella, una mezcla etílica que inundó la guagua con un olor desagradable y extraño.

Yo miraba impotente cómo aquella joven madre no podía tranquilizar a sus hijos, cómo aquella señora no paraba de gritarle cosas de todos los tipos y colores al chofer y cómo todo aquel personal se quedaba en silencio ante este espectáculo.

Ahora yo me pregunto, quién dejó montar a esa señora en esas evidentes condiciones de ebriedad en esa ruta en la que también iban niños, enfermeras cansadas después de un día agotador de trabajo, personas en fin que no tienen que sufrir semejante situación.

No podemos quedarnos impasibles ante estas acciones que cada vez son más cotidianas y frecuentes. Somos parte activa de la sociedad que queremos construir para nosotros y nuestros hijos.

Sin poder soportar más aquel escándalo le pedí de favor que bajara el volumen porque los niños estaban inquietos y ante su pregunta ¿qué tú quieres, mija?, solo pude contestar: disciplina, compañera, disciplina.

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