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Martes, 17 Octubre 2017
Convivencia generacional, vivir o sobrevivir
En este artículo: Cuba Sociedad
Diversidad intergeneracional. Foto: Internet
Dice un viejo refrán que el que se casa, casa quiere. Resulta que en teoría es muy bonito pero a la hora de la verdad, el que se casa tiene que ir a vivir para donde menos gente haya.

Para nadie es un secreto que uno de los mayores problemas en la Cuba de hoy es sin dudas el fondo habitacional. Más de tres generaciones conviven bajo el mismo techo ante la imposibilidad de, a la par de estrenar familia, estrenar casa.

Es por tanto un tema común en los hogares cubanos el cómo convivir cuando la abuela piensa que comer con el plato en la mano frente al televisor es una catástrofe, los padres no entienden que a su hija le guste un músico que se llama Chacal y los niños piensan que los abuelos son seres de otro siglo. ¡Eso por no mencionar a los suegros!

Entre los factores que más influyen se encuentran sin dudas la crisis económica que por décadas ha afrontado el país, la poca capacidad constructiva del Estado y los bajos salarios lo que, unido, conlleva a una coexistencia no siempre pacífica bajo un mismo techo.

Zoyla, de 25 años y graduada hace muy poco como Licenciada en Enfermería, comenta sobre el tema que ella y su novio ya quieren casarse pues llevan más de cuatro años de relación pero el solo hecho de pensar que va a vivir con la suegra la espanta.

Por su parte Andrés tiene 47 años y vive desde hace 20 con sus suegros. “No siempre ha sido fácil, comenta, pero uno tiene que aprender a respetar y valorar al otro, su espacio y sus opiniones y eso mismo trato de enseñarles a mis hijos”.

Sin dudas entre los que más sufren los problemas generacionales de convivencia son los niños y adolescentes. La mayoría de las familias asume que estos no tienen por qué tener participación en las decisiones y que su opinión no cuenta.

Es vital que cada rol sea cumplido en nuestros hogares de manera adecuada y efectiva. Que nadie quiera usurpar el lugar de nadie ni decidir arbitrariamente cómo vivir.

La convivencia puede ser enriquecedora si todas las partes se involucran en un proceso de aprendizaje mutuo. No existen remedios ni recetas para lograr que diferentes generaciones lleguen a un consenso, pero el diálogo es sin dudas un primer paso.

Probablemente las abuelas tengan muchas cosas que decir si se les escucha, al igual que las nuevas generaciones tienen experiencias enriquecedoras que compartir con su familia. Es solo encontrar ese punto medio en el que todos salgan ganando.

Nadie dijo que fuera fácil, pero es mejor convivir que sobrevivir perennemente.

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