En la Sierrita de Cupeycillo
Artefactos todoterreno particulares, como este, garantizan las trasportaciones internas de La Gegira y la comunicación hasta las afueras de Velasco. Foto: Alexis RojasMarilet Ávila, la enfermera del Consultorio Médico de la Familia en La Gegira, asegura haber descubierto un tesoro cuando llegó hace 10 años a este pequeño barrio de la Sierrita de Cupeycillo en Gibara: la calidad de sus gentes.

La Gegira, tierra diferente (I)

 


Procedente de Puerto Padre, en la vecina provincia de Las Tunas, la joven enfermera nacida en Cañada de Melones, otro barrio rural holguinero, encontró entre las opciones de ubicación aquel nombre que le llamó la atención.

Cuenta que le plantearon sería por unos meses, pero se adaptó tan bien, que ella y Alberto, su esposo, esforzado trabajador agrícola, comenzaron a tender raíces mientras el tiempo seguía adelante.

Hoy es una mujer feliz, que goza del respeto, reconocimiento y cariño de la comunidad, algo que Marilet cultiva como a las muchas plantas que adornan su patio o los cuidados que prodiga a sus gatos albinos, “parte de mis amores”.

Es que nunca me he sentido extraña o sola en La Gegira—afirma--, sino parte de un conglomerado humano que tiene la virtud de funcionar tal y como una familia, con lazos de solidaridad admirables, donde el problema de uno suele ser la preocupación y ocupación de todos.

Tal rasgo facilita mucho la labor de protección de la salud que ella realiza, también en otros sitios colindantes como La Púa y Tierra Buena, poco más de un centenar de personas bastantes saludables en mayoría.

La realización de las campañas de vacunación, las pruebas citológicas y otras actividades sanitarias cuentan con el respaldo de la población, lo cual satisface a Marilet, quien siente recompensados sus desvelos.

Cuenta de las largas caminatas cuesta arriba y cuesta abajo para hacer terreno en compañía del galeno que los visita dos o tres veces por semana, y de lo eficazmente dotado del Consultorio, para dar respuesta a lo que se pueda presentar en un lugar con tan difícil acceso.

Pero este no es el único tesoro encontrado por ella en La Gegira, pues habla con placer de la casi virginal naturaleza de la zona, en la profundidad de la reserva ecológica y refugio de fauna Las Balsas- Cobarrubias, uno de los mayores corredores de aves migratorias del país.

También de lo agradable del clima a lo largo del año en este sitio a unos 200 metros, aproximadamente, sobre el nivel de mar, del azul intenso que suele llenar su ventana cada mañana, de vegetales nunca antes vistos y de pajarillos multicolores que alegran el corazón.

“Ahora estamos “los gegigeros” incorporando el descubrimiento de un tesoro bien oculto bajo las rocas, de mano de la ciencia espeleológica, un conjunto de formaciones cavernosas de mucho valer y que ahora se revelan como maravilla para nosotros.

“Vivíamos literalmente sobre un entramado de galerías y no lo sabíamos, o en justicia, temíamos más que apreciábamos esas bocas inescrutables que se perdían hacia lo profundo y que hoy comienzan a dar luz y renombre a La Gegira”.


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Los tesoros de La Gegira (2)
Domingo, 19 Febrero 2012
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