jueves, 21 de Noviembre de 2019

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Los autores Ángela Peña, José Abreu y José Novoa. Foto: Cortesía de los autores

Gómez, Maceo y Martí: sus discordias

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Acaba de publicarse por el Frente de Afirmación Hispanista, fundación que creo y dirige el intelectual mexicano Fredo Arias de la Canal, el libro: Gómez, Maceo y Martí: sus discordias, de los historiadores holguineros: Ángela Peña Obregón, José Novoa Betancourt y José Abreu Cardet. El libro es un estudio sobre las complejas relaciones entre esos tres patriotas en la organización y en los primeros meses de la guerra de 1895.

A continuación reproducimos el Índice y la introducción de los autores.

La Honra. Prólogo de Fredo Arias de la Canal.
Palabras al lector. Los autores.
Capítulo I: La guerra de 1895: Nuevo Liderazgo.
Capítulo II: El ascenso de los sectores populares: Antonio Maceo.
Capítulo III: Martí, Gómez y Maceo: En el camino del 1895.
Capítulo IV: La Mejorana: El encuentro de los tres grandes.
Apéndice: Diario de Martí (1895) 5 y 7 de mayo (fragmentos) Selección de Fredo Arias de la Canal.
Bibliografía.
Índice Onomástico.

PALABRAS AL LECTOR (Introducción de los autores).

El inicio de todo fue una conversación en el patio del hotel Pernik, en la ciudad de Holguín. Recibimos una inesperada invitación del mentor de muchas obras intelectuales, Fredo Arias, para tomarnos un café. Fue aquella reunión esencialmente de poetas. Comentaba Fredo sobre un libro que recientemente habíamos publicado (1) cuando el diálogo desembocó en una singular petición sobre la posibilidad de que hiciéramos un análisis de las relaciones entre Martí, Maceo y Máximo Gómez.

El tema ha sido bastante tratado por la historiografía cubana, nos preguntamos por qué este interés del intelectual mexicano. Con pasión de poeta Arias de la Canals atrapó más que el universo de contradicciones, que la mayoría ha visto y estudiado en el encuentro de aquellos gigantes, el gran contrapunteo de las sensibilidades, el entrechocar inesperado que a nuestra vista parecen como inmensos témpanos desprendidos de un glacial. Fredo siente apropiarse de ese sentido del común de la gente que, ante lo que no encuentra explicación lógica, lo resume en una frase muy usual: “No tenía palabras para explicar lo que vi y sentí” para continuar con un silencio, un gesticular de manos y brazos, expresiones en el rostro y quizás ahí está la poesía elemental de los aparentemente simples, de los incapaces de organizar un verso, pues es posible que no sepan ni leer; pero como condición del espíritu humano son copartícipes de esa agresión de la sensibilidad que es la poesía. En cierta forma en aquel ir y venir de los tres personajes hay un cabalgar, un entresijo que parece desembocar en la poesía.

Nos vamos por tales caminos para acercarnos a las contradicciones a veces hirientes, en especial hacia Martí. Buscamos explicaciones, en ocasiones, justificamos la acción humillante por el orgullo herido de alguno de aquellos hombres de corazón inmenso; pero todos conformaron el universo de los que en prosa de guerra nos cuenta un mambí del “68” que describía los sufrimientos a que los sometió la ofensiva española de 1870:

“El agua era mala y escasa, la comida no teníamos tiempo para buscarla, los cartuchos se hacían con las cápsulas que los soldados dejaban caer sobre el camino. Así nos sostuvimos cerca de un mes, pero nos encontrábamos mejor; a pesar de lo extremado de la situación, no había habido ni una sola defección, ni un presentado; se habían ido los débiles o cobardes, quedaban allí los puros los resueltos a morir...” (2)

Entre hombres de acción, las fronteras de los errores grandes y pequeños siempre están cercanas. En ocasiones, en los testimonios hay cierta tendencia a resaltar esos deslices o a echar un manto del olvido sobre alguna acción poco edificante que se cometió. Ambos asuntos fusilan la objetividad y reconstruyen ángeles o diablos, personajes demasiados perfectos o inmundos a los que ninguno de ellos aspiró jamás.

Nosotros agregamos nuestra autoría a la frase grandiosa de Martí: “Todo el que sirvió es sagrado aunque se haya equivocado o empequeñecido.” (3) Señalamos el error, el exceso de orgullo inútil y dañino de algunos de aquellos grandes, pero resaltamos la entrega del que lo sometió todo a la causa de hacer libre la patria. Ellos habían sido bautizados en la sagrada pila de los “resueltos a morir.” (4)

Este es el universo al que nos acercamos y lo invitamos a usted a que nos siga, calladamente se desmonte del potro asustadizo y nos acompañe por el sendero, el trillo como dice el campesino cubano, que la tropa insurrecta en su fuga por el bosque ha abierto. Silencio, allá va Martí cabizbajo, quizás humillado, no apuremos el paso pues Maceo en montura de plata y ropa de buen corte atraviesa una vereda tras una tropa enemiga, cuidado que el olfato fino de Máximo Gómez acostumbrado a la guerra dominicana y cubana, no nos descubra, pues va sigiloso el dedo sobre el gatillo de la carabina, organiza la carga mortal contra un batallón contrario. Todos con sus contradicciones acuestas, con orgullos heridos y rencores acumulados de otros tiempos, como ha sido común en muchas personas en otras latitudes y climas. Maceo se olvida de lo que dijo en La Mejorana, de lo que se dirá de él, y avisado aquel siete de diciembre de 1896 que el enemigo se les echa encima, manda ensillar el caballo y se hace figura de la extrema vanguardia muy codiciada por el fusil hispano que lo hiere de muerte. Martí hecha a un lado los consejos de que se cuide del máuser enemigo, ¡tiene tanto alcance el proyectil!, ¡es tan mortal su impacto! y el día es terrible; 19 de mayo de 1895. La noticia siniestra desemboca en el rancho del Generalísimo Máximo Gómez. Panchito, su hijo nacido en la miseria y la grandeza de la vida mambisa, se le muere junto a Antonio en aquel siete de diciembre de 1896 que nunca debió de existir. Le escribe con premura a María Cabrales, la ya viuda del General Antonio Maceo.

Ud que es mujer; Ud que puede- sin sonrojarse ni sonrojar a nadie-, entregarse a los inefables desbordes del dolor, llore, llore, María, por ambos, por Ud y por mí, ya que a este viejo infeliz no le es dable el privilegio de desahogar sus tristezas intimas desatándose en un reguero de llantos. (5)

Y este “viejo infeliz” ordena la marcha, no hay tiempo que perder es necesario tender la próxima emboscada a la columna que se arriesga en la sabana, capturar a filo de machete y plomo de carabina el fortín que ahoga con su presencia la independencia de esta isla que ha hecho suya el General Gómez.

A los hombres y mujeres de las guerras de independencia se les podrá analizar desde la óptica de los más diversos criterios, pero siempre estará presente un término que no es científico, ni historiográfico pero real y necesario: el agradecimiento de todos los cubanos.

Uno de aquellos mambises de la guerra grande le escribió a un historiador lo que pudiera ser interpretado como el epílogo de una generación que inició una obra que estaba por encima de sus posibilidades:

No tema V. acusarnos y pintarnos como fuimos, con nuestros grandes defectos y con nuestras pequeñas virtudes. La posteridad dispensará los primeros y sólo recordará las segundas, teniendo en cuenta que hemos sufrido bastante para merecer el perdón. (6)

Con este sentido del respeto iniciamos estas páginas.

Notas:
1.-Ángela Peña y José Abreu. El sitio de Holguín: La pasión de un integrista. Ediciones Holguín, 2014.
2.-Enrique Collazo. Cuba Heroica. Imprenta La Mercantil. La Habana, 1912, p. 276 .
3.-Martí, José. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Tomo XI, p. 243.
4.-Enrique Collazo, ob. cit. p. 276.
5.-José Luciano Franco. Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 377.
6.-Carta de Calixto García. Fernando Figueredo Socarrás. La Revolución de Yara. Instituto del Libro. La Habana, 1968, p. 5.
Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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