Transcurrirían 15 años después de las últimas escaramuzas de la Guerra Chiquita para que los cubanos tomaran de nuevo las armas, decididos a luchar nuevamente por la independencia de Cuba, tres lustros para que volvieran a cantar el himno que llamaba al combate porque” morir por la Patria es vivir”.
Esos tres lustros estarían enmarcados en los preparativos de la Guerra Necesaria, fruto de la constante labor de José Martí en su empeño de unir en la causa por la libertad de Cuba a veteranos y jóvenes patriotas, dispuestos a tomar las armas y enfrentar al enemigo en los campos de batalla sin temor a “una muerte gloriosa” porque “en cadenas vivir es vivir en oprobio y afrenta sumidos”, como expresa la letra de nuestro Himno.
El 24 de Febrero de 1895 estalló la guerra en diversos lugares de la isla, aunque la historia registró el acontecimiento como el “Grito de Baire”, poblado oriental donde ocurrió el levantamiento armado de los hermanos Saturnino y Mariano Lora, quienes salieron de una valla de gallos gritando “¡Viva Cuba libre!” y acto seguido ensillaron sus caballos, tomaron las armas y se fueron a la guerra.
Hacia los campos de batalla marcharon los cubanos. Los más jóvenes con la bendición de la madre y el beso de la novia, y los veteranos con el cariño de la esposa y el abrazo de los hijos. Fue una conmovedora escena que se repetirían en diferentes sitios de Cuba. El patriota y abogado Juan Gualberto Gómez, gran colaborador de José Martí, trajo oculta en un tabaco la orden de alzamiento fijado para el 24 de Febrero de 1895.
La orden de alzamiento fue firmada por José Martí, delegado del Partido Revolucionario Cubano, el general José María “Mayía” Rodríguez, representante personal del General en Jefe del Ejercito Libertad Cubano Máximo Gómez, y el comandante Enrique Collazo, enviado de la Junta Revolucionaria de La Habana.
Juan Gualberto Gómez era hijo de esclavos que compraron su libertad todavía en el vientre de la madre, y resultó simbólico que trajera la orden de alzamiento, pero no fue casual su designación, pues era gran colaborador de Martí, quien lo estimaba en grado sumo por su inteligencia, capacidad, fidelidad y dedicación a la causa de la libertad de Cuba.
Entre los patriotas que secundaron el Grito de Baire se encontraba el holguinero Calixto García, que había aceptado la invitación de José Martí de incorporarse de nuevo a la lucha por la independencia de Cuba, fiel a un postulado que lo enaltece: “O libres para siempre o batallando siempre para ser libres”.
El naciente imperialismo yanqui había intervenido en 1898 tres años después del alzamiento del 24 de Febrero, cuando los cubanos estaban a punto de vencer en toda la línea a las fuerzas españolas, y con su política de fuerza convirtió a la isla prácticamente en una factoría yanqui hasta que el Primero de Enero de 1959 triunfó de la Revolución cubana.
Como diría cantor Carlos Puebla en una de sus más emotivas piezas musicales “Llegó el comandante y mandó a parar”, y los yanquis y los esbirros de Fulgencio Batista tuvieron que irse con su odio y su resentimiento, transmitido de una generación a otra, incluyendo a los más recalcitrantes exponentes de la contrarrevolución en Estados Unidos.
Esos terroristas confesos siempre estarán respaldados por los sucesivos presidentes del vecino, ya sean millonarios, actores, figurines, ignorantes, blancos o negros, que nunca han entendido que los cubanos esperamos “del clarín escuchad el sonido” para “a las armas, valientes corred” en caso de otra invasión desde el norte o de cualquier otro punto cardinal del mundo, y enaltecer a los patriotas que se alzaron en armas el 24 de Febrero de 1895, continuadores de los mambises del 10 de Octubre de 1868.
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A 117 años de la gesta del 95, se mantiene altiva la Bandera de la estrella solitaria
Esos tres lustros estarían enmarcados en los preparativos de la Guerra Necesaria, fruto de la constante labor de José Martí en su empeño de unir en la causa por la libertad de Cuba a veteranos y jóvenes patriotas, dispuestos a tomar las armas y enfrentar al enemigo en los campos de batalla sin temor a “una muerte gloriosa” porque “en cadenas vivir es vivir en oprobio y afrenta sumidos”, como expresa la letra de nuestro Himno.
El 24 de Febrero de 1895 estalló la guerra en diversos lugares de la isla, aunque la historia registró el acontecimiento como el “Grito de Baire”, poblado oriental donde ocurrió el levantamiento armado de los hermanos Saturnino y Mariano Lora, quienes salieron de una valla de gallos gritando “¡Viva Cuba libre!” y acto seguido ensillaron sus caballos, tomaron las armas y se fueron a la guerra.
Hacia los campos de batalla marcharon los cubanos. Los más jóvenes con la bendición de la madre y el beso de la novia, y los veteranos con el cariño de la esposa y el abrazo de los hijos. Fue una conmovedora escena que se repetirían en diferentes sitios de Cuba. El patriota y abogado Juan Gualberto Gómez, gran colaborador de José Martí, trajo oculta en un tabaco la orden de alzamiento fijado para el 24 de Febrero de 1895.
La orden de alzamiento fue firmada por José Martí, delegado del Partido Revolucionario Cubano, el general José María “Mayía” Rodríguez, representante personal del General en Jefe del Ejercito Libertad Cubano Máximo Gómez, y el comandante Enrique Collazo, enviado de la Junta Revolucionaria de La Habana.
Juan Gualberto Gómez era hijo de esclavos que compraron su libertad todavía en el vientre de la madre, y resultó simbólico que trajera la orden de alzamiento, pero no fue casual su designación, pues era gran colaborador de Martí, quien lo estimaba en grado sumo por su inteligencia, capacidad, fidelidad y dedicación a la causa de la libertad de Cuba.
Entre los patriotas que secundaron el Grito de Baire se encontraba el holguinero Calixto García, que había aceptado la invitación de José Martí de incorporarse de nuevo a la lucha por la independencia de Cuba, fiel a un postulado que lo enaltece: “O libres para siempre o batallando siempre para ser libres”.
El naciente imperialismo yanqui había intervenido en 1898 tres años después del alzamiento del 24 de Febrero, cuando los cubanos estaban a punto de vencer en toda la línea a las fuerzas españolas, y con su política de fuerza convirtió a la isla prácticamente en una factoría yanqui hasta que el Primero de Enero de 1959 triunfó de la Revolución cubana.
Como diría cantor Carlos Puebla en una de sus más emotivas piezas musicales “Llegó el comandante y mandó a parar”, y los yanquis y los esbirros de Fulgencio Batista tuvieron que irse con su odio y su resentimiento, transmitido de una generación a otra, incluyendo a los más recalcitrantes exponentes de la contrarrevolución en Estados Unidos.
Esos terroristas confesos siempre estarán respaldados por los sucesivos presidentes del vecino, ya sean millonarios, actores, figurines, ignorantes, blancos o negros, que nunca han entendido que los cubanos esperamos “del clarín escuchad el sonido” para “a las armas, valientes corred” en caso de otra invasión desde el norte o de cualquier otro punto cardinal del mundo, y enaltecer a los patriotas que se alzaron en armas el 24 de Febrero de 1895, continuadores de los mambises del 10 de Octubre de 1868.
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24 de febrero “morir por la Patria es vivir”
Viernes, 24 Febrero 2012
Transcurrirían 15 años después de las últimas escaramuzas de la Guerra Chiquita para que los cubanos tomaran de nuevo las armas, decididos a...
Viernes, 24 Febrero 2012
Transcurrirían 15 años después de las últimas escaramuzas de la Guerra Chiquita para que los cubanos tomaran de nuevo las armas, decididos a...
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