miércoles, 22 de Enero de 2020

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Gustavo, Electa y la solidaridad con Cuba

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Se conoce muy poco de la solidaridad de profesionales latinoamericanos con la revolución cubana en los años sesenta del siglo XX. Un ejemplo elocuente de ese apoyo fue el del arquitecto Gustavo Vargas Escoboza y su esposa Electa Arenal.

En marzo del 2012 Gustavo visitó la ciudad de Holguín. El día 9 en el patio de mi casa entrevisté al arquitecto mexicano. Lo acompañaba su actual esposa y antropóloga mexicana Yolotl González Torres y el investigador cubano Abel Sastre Matos. Hemos querido ofrecer parte de esa entrevista a todos los interesados en aquellos años complejos del pasado cubano.

Gustavo Vargas Escoboza, nació el 2 de julio de 1927, en Guadalajara, Jalisco, México. Estudió arquitectura en la Academia de San Carlos que es la escuela nacional de arquitectura en la ciudad de México, donde se graduó en 1956.

Por su destacado papel en la construcción del hospital Lenin de Holguín surge una pregunta: ¿Se especializó usted en ese tipo de obras?

“Al principio en México trabajaba en todo, en casas particulares, no me especialicé en hospitales eso fue a partir de Cuba, hacia casas, edificios etc, casi todo construcción particular”

También trabajó en la construcción de plantas industriales:

“En instalaciones industriales si hice algunas obras antes, había una institución que se llamaba Juárez y fertilizantes que producía fertilizantes para el campo y tenía muchas plantas en varias provincias y entonces yo me dedicaba a diseñar la parte arquitectónica”

Gustavo antes de venir a Cuba había trabajado fuera de su patria:

“Yo partí a Honduras dos años antes de venir a Cuba era como proyectista, trabajé en una compañía en Honduras, incluso sin conocer Cuba les proyecté a la compañía una agencia bancaria del banco Gelax que estaba en La Habana y se dedicaba también a Hoteles”

Estando en Honduras Gustavo toma una decisión que le cambiaría la vida por entero. Miembro del Partido Comunista Mexicano el joven arquitecto sentía simpatía por la naciente revolución cubana. En los últimos meses de 1961 llegó a Cuba.

A la pregunta que le hicimos de sus motivos de viajar a la mayor de las Antillas nos respondió que:

“Vengo a Cuba por la amistad que teníamos en Honduras con la embajada cubana, yo además en México era miembro del partido comunista, antes de partir a Honduras y nuestra amistad con la embajada cubana con los cubanos que estaban ahí y además con el embajador mexicano que era una persona liberal nacionalista simpatizante de Cuba y de la revolución que se estaba dando en Cuba era a principios del 60, 61. El embajador de México tuvo problemas diplomáticos; se metió en críticas defendiendo su posición pro cubana, pro reforma agraria contra las industrias norteamericanas, bancarias, la United Fruit que manejaba toda la industria del plátano en Honduras y en toda Centro América era una compañía que se dedicaba a eso él fue destituido como embajador a petición del gobierno de Honduras y era un gran amigo mío y de mi esposa y partió para México y no nos sentíamos bien en Honduras que era un país muy explotado, muy pobre y decidimos volver a México.

Nos despedimos de los amigos de la embajada cubana ellos nos recomendaron que si íbamos para México nada nos costaba visitar la Habana que en Cuba empezaba una nueva etapa había muchísimas esperanzas empezaban a hacer construcciones, etc. Y empezaba el éxodo de técnicos y que podría haber oportunidades y que si no nos la íbamos a pasar muy bien en la Habana. Entonces realmente el boleto aéreo que compramos era con escala en la Habana y posteriormente Habana México, pero en la Habana nos encontramos con amigos cubanos a Manolo Gómez o López, no recuerdo, y a Ladislao Carvajal ellos estuvieron mucho tiempo en México asesorando a lo que era el Partido Comunista Mexicano; aunque era muy débil, muy pequeño, ideológicamente necesitaba ayuda entonces a través de ellos lo conocimos. Pero no lo buscamos ni mucho menos si no que por casualidad en una función me parece que del ballet de los Cosacos del Don, en el García Lorca, entonces nosotros ya estábamos dispuestos a regresar a México, fuimos a esa función a la salida nos encontramos con Manolo, de paso la primera impresión que recibimos de Cuba era de una gran entusiasmo, era el principio de la revolución y bueno a través de él nos recomendó a funcionarios del Ministerio de Obras públicas que lo dirigía entonces Osmani Cienfuegos. Nos envió con un contacto que trabajaban en el Ministerio de Obras Públicas para que él nos introdujera con los funcionarios y ver si había posibilidades de quedarse y si no si queríamos quedarnos si nos gustaba quedarnos y bueno así fue hicimos un contacto nos mandaron con un ingeniero. Entonces le dijo a su secretaria háblale a fulano, fulano y fulano a ver quién necesita refuerzos y nos dijo el ingeniero Pomares, de Holguín, el ingeniero Pomares era el director de la región norte del Ministerio de la Construcción en Holguín, entonces yo no oí la conversación si no la respuesta de lo que dijo el ingeniero Granados, dijo algo así; que es un mexicano que viene recomendado y que es de la gente que va a donde sea, como sea y hace lo que sea y así fue y ya a los cuatro días nosotros estábamos alojados en el Hotel Sevilla Baltimore. Una vez llegando en la noche al hotel nos encontramos con un mensaje y un boleto de avión Camagüey y Holguín y a las 8 de la mañana salimos para Holguín. Nos dijeron allí se incorporan al regional de obras públicas y así al día siguiente fuimos. Llegamos a Holguín, nos recibió un personal de la regional de obras públicas y ya y comenzó la adaptación y el trabajo y el conocimiento de los arquitectos, que por cierto me recibieron muy bien, muy fraternalmente. Era de los primeros extranjeros técnicos que llegaba no había ninguno, después llegaron algunos argentinos, etc. Me quedé, me mostraron la forma de trabajo que existía allí, como se manejaba la fuerza de trabajo y arquitectos que tenían de lo que era la zona norte de oriente, no la provincia de Holguín que es ahora. A algunos les tocaba Banes a otros Mayarí, Antilla, Moa y a mí me ubicaron en Tunas, Puerto Padre y Chaparra esa era mi área de trabajo.
Me ubicaron como arquitecto de esa zona y que yo me incorporara a un arquitecto y con él hiciera toda la obra que estaba haciendo. Porque ese arquitecto había anunciado que se iba a ir de Cuba. Entonces mientras tanto así una gente que vaya aprendiendo y lo sustituyera sin problemas. A los dos o tres meses él se fue y yo me quedé a cargo de todo. Entre ellas había un hospitalito en Puerto Padre de muy pocas camas que fue una de las primeras obras más grandecitas, porque había escuelas pequeñas, casas de campesinos esa era más o menos la más importante de esa región. No había una posta médica en Chaparra y estaba el hospital en Puerto Padre que lo reformé todo, lo ampliamos etc. Ahí fue donde puso una escultura muy grande en alto relieve pero grande en el muro de la fachada de ese hospital de Puerto Padre de mi esposa Electa Arenal creo que todavía se conserva. Después de ahí había muchas obras. También me dediqué a ayudar un tanto a mis compañeros que estaban haciendo obras hospitalarias en otros lugares como Banes y Mayarí y en esa zona me nombraron responsable de la unidad Tunas. Entonces era responsable yo de todo eso. En época el ciclón Flora que llegó inundó todos los campos, que por cierto nos tardamos como dos meses reconstruyendo casas de campesinos, repartiendo cemento, etc, ese era mi trabajo.

Hubo una reorganización en obras públicas en la regional Holguín, cada cierto tiempo había reorganización porque alguien moría o alguien se iba y repartían otra vez las aéreas nombraban responsables y en esa ocasión me nombraron responsable de la última etapa del hospital Lenin, el hospital Lenin”

Gustavo dirigió la terminación de ese valiosa obra de la revolución que marcó la historia holguinera. En 1966 Gustavo regresó a México. Durante su estancia en Cuba el arquitecto mexicano vivía en las mismas condiciones que los demás colegas cubanos. El salario era en moneda nacional y similar al de cualquier profesional cubano.
Vivió los esplendorosos y difíciles años sesenta de la revolución. En otros artículos que usted podrá leer en esta columna nos referiremos a otros aspectos de la estancia de Gustavo y Electa en Cuba. Tanto el cómo su esposa la artista plástica Electa Arenal dejaron una profunda huella en el territorio de las actuales provincias de Holguín y Tunas.
Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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