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Sábado, 17 Febrero 2018

Memoria Holguinera

Los cubanos que no se fueron a la manigua insurrecta: una historia olvidada
En este artículo: Historia
Tema muy tratado por los historiadores, escritores y en films y seriales de televisión son las guerras de independencia. Se han realizado numerosas descripciones de combates, cargas de caballería ataque a fortines. Pero hay un asunto que se ha olvidado por entero. Como era la vida en los territorios controlados por los españoles. Comencemos este breve análisis sobre cómo era el quehacer en Cuba antes del estallido de 1868.

Los cubanos podían encontrar ciertas aristas de derechos en los ayuntamientos. Los miembros del cabildo eran elegidos por el voto de los principales contribuyentes. Esto permitió la votación y la elección de muchos criollos pertenecientes principalmente a la clase terrateniente y profesionales. Por lo que destacadas figuras como Vicente García o Francisco Vicente Aguilera y otros patriotas de menor relieve formaron parte de los ayuntamientos.

Incluso algunos funcionarios coloniales se unieran a la conspiración y luego a la sublevación. Entre otros participaron en la conspiración en Guantánamo, Holguín, Santiago de Cuba, Bayamo y Manzanillo los capitanes pedáneos Eduardo Cordón(1), José Bienvenido Rodríguez, (2) Además los tenientes pedáneos Agustín González, (3) Emilio Soler, (4) Francisco Javier Rizo, (5) José de Jesús Pérez, (6)José María Ávila, (7) León Téllez, (8) y Bartolomé Labrada, (9) También hay una cantidad relativamente importante de funcionarios de menor categoría que siguen los pasos del mambisado.

Este asunto se puede interpretar de diversas maneras. Una de ellas es que no existía una separación absoluta entre algunos miembros del estado español y la población criolla. Se habían creado lazos de simpatías que llegaron al extremo de esta solidaridad militante. Unos pocos funcionarios de relieve como es el caso del catalán Francisco de Camps y Feliú teniente gobernador de Holguín era mirado con bastante simpatía por los criollos.

La guerra, bruscamente, tendió a cerrar tales vasos comunicantes de carácter personal. Se produjeron cambios muy importantes en la administración hispana en Cuba a favor de la mentalidad y la acción dictatorial extrema durante la guerra de 1868. Todo el que era sospechoso de simpatizar con los insurrectos fue perseguido y excluido de participar en las elecciones del cabildo. Los que tenían recursos les fueron confiscadas las propiedades por la ley de Bienes Embargados.

El siempre rígido sistema colonial recurrió a medidas radicales para enfrentar el movimiento independentista. Se produjo una especie de regionalización de la guerra pero en sentido contrario de los revolucionarios. Si para los independentistas la contienda había significado el incremento de sus libertades pudiendo elegir a sus gobernantes, los colonialistas formaron un rígido sistema de gobierno desde la base. Según Céspedes esto consistía en:

"El sistema que ha establecido el gobierno español en su reconstrucción y, como todo sistema absurdo, es un abuso político - económico y antisocial; es el sistema feudal formar un fuerte, construir una población y hacer cultivar un área de tierra con gentes ya presentados o acogidas en los ranchos, trabajen en beneficio de la guarnición y el Estado, dejándoles escasamente una parte muy corta para su manutención y para las necesidades de su fami¬lia. Este sistema que por sí solo bastaría para destruir una sociedad es el que el enemigo ha planteado para sostener los gastos de la guerra de la independencia. A pesar de que el trabajador no estaba satisfecho soportaba con pena ese nuevo vasallaje del opresor de Cuba y cultivaba la tierra para sus señores". (10)

Para construir estos poblados en ocasiones se hacía un verdadero estudio que en lenguaje de hoy llamaríamos de planificación. Producto de esto se escogía un lugar que como expresaba un jefe militar hispano: “... que por su posición topográfica reuniese mejores circunstancias para el establecimiento del puesto fortificado... (11)

Allí se establecía un destacamento de tropas regulares. Se construía un fuerte rodeado de un foso. Escuchemos el testimonio del jefe de uno de estos destacamentos de cómo se organizaba un poblado: “... se recorrieron las inmediaciones para avisar a las familias hicieran sus habitaciones cerca del fuerte... (12)

El jefe militar de uno de estos poblados anotaba que salió con 12 hombres: “... a reconocer las inmediaciones del fuerte y vigilar al mismo tiempo si las personas presentadas en este destacamento se dedican a sus faenas, como también hacerles presentes que continuamente está dispuesta la tropa de este fuerte a proteger los que se ocupan en los trabajos que son de precisa necesidad así como también a prender aquellos que contravienen a la tranquilidad que empieza a disfrutarse en este punto.” (13)

Tal “patriarcal” represión estaba presente en cada momento de la vida de estos infelices. No existía ningún tipo de libertad en estas poblaciones. Todos estaban sometidos a una estrecha vigilancia como se expresa en el documento. Cada vecino se sentía bajo la mirada del jefe del puesto militar. Cualquiera de ellos podía ser acusado de encontrarse entre los: “... que contravienen a la tranquilidad...” criterio bastante impreciso en el que se pueden incluir muchas definiciones a gusto de estos despóticos militares.

El 21 de marzo de 1870 el jefe de un destacamento anotaba en su diario: “... puesto de acuerdo con el nuevo capitán pedáneo de este partido se reunieron todos los paisanos del pueblo para hacer el reparto del terreno a los que no lo tenían propio en estas inmediaciones designándose a cada cual el que ha de cultivar.” (14)

De esa forma la antológica libertad del campesino de tener un absoluto dominio sobre su terruño quedaba abolida. Ahora debía de realizar su cultivo según las normas establecidas por las autoridades. Esto debió de ser en extremo humillante para estos hombres y mujeres que por tradición estaban muy apegados a un individualismo extremo. El 12 de marzo de 1870 el jefe de un destacamento informaba: “... habiéndose visto con satisfacción que varias familias se ocupan de levantar casas en los campos y cultivar sus tierras. (15)

Los habitantes de los poblados eran incorporados al cuerpo de voluntarios y debían compartir obligaciones militares, en caso de un ataque cubano. En los alrededores del fuerte se levantaba el caserío de los vecinos. Luego una empalizada o una alambrada rodeaba a este conjunto de construcciones. Una puerta de madera daba acceso al poblado. Residir en uno de estos caseríos significaba un cúmulo de humillación difícil de aceptar por quienes se habían acostumbrado a residir en Cuba Libre.

Además las zonas de cultivo que se establecían alrededor de estas poblaciones eran constantemente asoladas por los mambises y en no pocas ocasiones por las columnas españolas en operaciones. Gómez resumía el estado material de esta gente: “La miseria asedia de un modo triste y horroso a todas estas poblaciones” (16)

Esta actuación se repetía cotidianamente en cada uno de estos caseríos. La suerte de sus vecinos dependía por entero de un teniente cualquiera. Es conocida la justificada fama que tenían los militares españolas de déspotas e insensibles a las libertades de los cubanos. El 10 de octubre de 1868 la vida cambio para todos en la isla tanto para los insumisos que se fueron a los bosques e integraron las fuerzas libertadoras como lo que voluntad u otras circunstancias continuaron viviendo en los territorios controlados por los colonialistas.

NOTAS

1 Juan Albanes Martínez Eduardo Cordón. Inédito
2-Archivo Nacional de Cuba. Comisión Militar Ejecutiva y Permanente Legajo 126 Número 12
3 Archivo Nacional de Cuba. Fondo Comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Legajo 129 número 4
4- Archivo Nacional de Cuba. . Fondo Comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Legajo 125 número 4
5- Archivo Nacional de Cuba. . Comisión Militar Ejecutiva y Permanente Legajo 129 Número 4
6- Archivo Nacional de Cuba. . Fondo Comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Legajo 126 número 13
7-Archivo Nacional de Cuba Fondo Comisión Militar Legajo 128 Número 24
8--José Sánchez Guerra y Wilfredo Campo Cremé. Los Ecos de la Demajagua en el alto Oriente Cubano. Guantánamo, 1996, p 26
9--Archivo Nacional de Cuba Fondo Comisión Militar Legajo 126 Número 28
10--Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo: Ob. cit., t. II, 1982, pp. 112, 113.
11--Archivo Central Militar de Segovia Ponencia de Ultramar Cuba Numero 11 Legajo 7
12--Archivo Central Militar de Segovia Ponencia de Ultramar Cuba Numero 11 Legajo 7
13--Archivo Central Militar de Segovia. Ponencia de Ultramar. Cuba. Número 11. Legajo 7
14--Archivo Central Militar de Segovia. Ponencia de Ultramar. Cuba. Número 11. Legajo 7
15--Archivo Central Militar de Segovia. Ponencia de Ultramar. Cuba. Número 11. Legajo 7
16--Yoel Cordoví Núñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 2005, p 119

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