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Marjorie Evasco, Tapices de Piel y Agua
Por Manuel García Verdecia   / viernes  16 de julio de 2010 /  editorweb@radioangulo.icrt.cu
(Jul. 16) La poesía de la filipina Marjorie Evasco es como un tapiz sabia, primorosamente tejido, semejante a aquellos que vio tejer a las mujeres de la familia en su niñez de la isla de Boho. Ellas conferían visibilidad a un mundo de creencias e intuiciones a través de los maravillosos paños que hilaban. Con sus complejos y enigmáticos dibujos conformaban un ámbito expresivo donde astros, cielo, agua, árboles y hombres, se conjugan para patentizar la necesaria armonía de la existencia. A la larga, ¿qué es un poema sino una urdimbre de palabras, sentimientos e ideas que configuran un ámbito personal? Y más, ¿no es el universo todo un maravilloso tapiz donde materias básicas se combinan y transforman para conseguir la espléndida e infinita versatilidad del ser?

Marjorie teje sus poemas desde una aguda percepción femenina donde la palabra intenta duplicar el mundo. Es este uno donde la tradición, el rol de la mujer, la determinación de la naturaleza, la potencialidad de los sentidos, la fuerza de la palabra y la experiencia del conocimiento, se articulan para definir significados. La lectura de sus poemas nos introduce y pasea por ese contexto que ella penetra y describe con afecto por lo afirmativo pero sin edulcorar sus tenebrosidades. Entre estas, sobre todo, la tremenda compresión que una sociedad básicamente dominada por hombres a lo largo del tiempo y carcomida por la pobreza ejerce sobre las mujeres.

Así en “Sampaguita song” (“La canción de Sampaguita”), la vendedora de flores, a quien el tráfago de la vida parece asfixiar en la nada:

Te vemos cada noche interceptar
la apretada ocasión en la vida
de carretera, el atestado tráfico de tus días
empobrecido por la gente que no ve
tu bandera de pequeñas
flores blancas.
Tus canillas brillan flacas en la intersección,
retando la luz roja hasta
el borde del peligro.

Es esta visión de vida al límite, bajo el riesgo, en la estrechez de las oportunidades, pero aún así intentando ganar un día más a la vida, la que la poeta sostiene para describir la vida de sus congéneres y hacernos salir del círculo de la gente que no ve.

El concepto de la creación como expresión de un mundo que de otra manera no se puede exponer se corrobora por la fundamentación explícita de la poeta. En las líneas que hacen de cicerone para su libro, Dreamweavers. Selected Poems 1976-1986 (Tejedoras de sueños. Poemas escogidos 1976-1986), se refiere a un espacio donde la mujer se ve forzada a callar su voz, apela entonces al sustitutivo de hablar con la labor de sus manos, para hacer el aire de la vida cotidiana más respirable. De manera que intentaban: “transformar nuestros modos de vida con nuestros modos de crear.” Luego, la utilización de las manos para distintas labores se alza no solo como un vencimiento de las precariedades sino como una manifestación de resistencia, de confirmación de la individualidad desdeñada, de despliegue de los más íntimos anhelos y aspiraciones refrenados. Dice la poeta: “¿Cuántos verbos se ocultan en los intersticios de las hebras que formaban las alfombras, los manteles y las batas que tejían? ¿Qué decían las estampas sobre cazuelas y vasijas de barro acerca de las manos que blandían el machete, atendían el fuego o el bebé en la hamaca? ¿Qué versos y canciones (¡hermanas efímeras!) se originaron en los largos días de lluvia cuando las mujeres desgranaban el maíz, molían las semillas de cacao, descascaraban el grano de arroz u horneaban el dulce casabe?” De tal modo, piensa Marjorie, se concretaba un mundo de objetos portavoces por las enmudecidas. Ahora la poeta dice lo que aquellas no pudieron decir y, a la vez, exalta esa capacidad de sus manos para hacer florecer ideas y sentimientos.

En la obra de esta poeta comprobamos el respeto a una historia que se teje de tiempo y sangre. Ella rinde constantemente tributo al mundo y los seres que conformaron su ser, no importa que haya desavenencias y quejas. El peso muerto se hace a un lado pero lo vertebral se preserva y halaga. Ahí palpita una sabiduría ratificada por el suceder de las estaciones sobre la cual ella se levanta con seguridad y beneficio. Las palabras sirven para estructurar y mantener ese mundo cultural y espiritual que la nutre e ilumina.

Es así que en “Origen” habla de un instante de despertar en un mundo otro, de puro conocimiento. Uno donde confluyen todos los tiempos:

Ningún pasado interfiere
Todas las vidas
convergen
en esta partícula
de tiempo
solamente. * (“Origen”)

El tiempo de la sabiduría mantiene el prístino minuto del origen de la vida. Este es un ámbito donde el saber que se transmite de generación en generación no solo ayuda a adaptarse mejor al mismo sino que también ahorra sufrimientos.

Engendrada del ombligo de tu antiguo
desplegarte, ¿deberé
ser tu réplica perfecta?
Tierra mutante que nutre
semillas de miles de redenciones:
¿Qué se ha perdido o
qué oportunidad se puede recuperar? (“Iishwari. Canción de la hija
pródiga”)

Quizá ese sentimiento de pertenencia a un mundo original hace que la autora preste particular atención al paisaje. Por supuesto, se transparenta en ella el poderoso influjo de haber nacido en una isla de bosques, montañas y mar. El paisaje configura la intimidad del ser y, a la vez, le confiere una perspectiva para pensar la vida. Árboles, flores, aves, olas, rachas de viento, matices del cielo, luz del sol, conforman una suerte de alfabeto que expresa las contingencias del vivir. No es casual que mucha de la imaginería de la poeta se derive de una asimilación de los procesos naturales, los cuales le sirven para entender y explicar cuanto acontece o realiza.

En mi jardín bambúes forman un arco
sobre el césped, las piedras de río,
la tierra removida. Sola donde crecen
las hierbas más silvestres, pienso:
en cómo la dorada corteza del mango
se quebró entre tus dientes: cómo
tragaste el cielo sin costuras de Siquijor, tu cuerpo volviéndose
toda una tierra en la que podía intimar
con sus negras lunas, el sabor de la tierra,
arrobo de los cantos del río, el olor del aire
antes de la lluvia, el aroma de flores de extraños nombres… (“Elemental”)

La gustosa visión del cuerpo amado se describe por las implicaciones de los elementos naturales nombrados. Hay una relación especular entre la persona y su entorno. La dinámica de la naturaleza sensibiliza al individuo y lo armoniza, de manera que una y otro influyen en los estados anímicos así como en la manera de concebir la vida.

En el anterior fragmento se comprueba otra peculiaridad de esta poeta, su limpia y delicada expresión de la sensualidad. Desde sus títulos, se verifica esta apelación a las extensiones sensitivas para hurgar en y expresar el mundo. Así en Dreamweavers, donde lo intangible de los sueños (dreams) se vuelve palpable por el acto de tejer (weavers, tejedoras), u Ochre tones (Tonos ocres), que acarrea el matiz dorado que el sol regala a fronda, cuerpos y objetos, o Skin of Water (Piel de agua), en que la delicadeza de la piel se sutiliza por la referencia al agua, que sugiere frescor, inquietud, esbeltez.

La poeta nos revela un ser que gusta participar de la vida y degustarla con todas sus posibilidades, con todos los puertos por donde esta puede arribar y descargar sus dones.

Así es nuestro paseo matinal en este día soleado,
un intento de despertar los cuerpos hasta los árboles
que se alzan rojos, bronceados y ocres en Iowa.
Vivimos para abrir nuestro camino con palabras
extractar los colores de todo un año de ocasos
que se mantienen tibios por la savia que fluye, cada dedo una hoja
que se quema de vuelta siempre a la noche inevitable. (“Cuerpos de oro”)

La palabra es la síntesis de los sentidos. Ella guarda la memoria de los goces y también de las devastaciones y las sintetiza.

Por eso, en medio de las pérdidas y confrontaciones de un ámbito que limita a la mujer, la palabra puede ser un medio de defensa y redención.

Nos han entrenado
a apartar la vista muy frecuente
cuando la carne, el músculo, el hueso del hombre,
apuñala a la mujer, para proteger
el ojo del hijo del polvo
del pecado del Señor contra
nuestra clase, fingiendo
que nuestras lágrimas son hijas del viento
que sopla por toda la tierra de ninguna-mujer. (“Caravana de aguadoras”)

La mujer ha resistido el ejercicio de una fuerza que intenta darle una forma, a tono con los propósitos del amo, el dueño, el hombre. Tiene que mirar y hacer que no ve. Sin embargo, lleva un sentido que transmitirá para disipar el dolor y buscar la redención, la palabra que cuenta y salva.

Cuando alcancemos la fuente de agua
nuestras filas habrán completado el círculo
que solíamos hacer alrededor de nuestras tiendas,
haciendo de hogares, aldeas, templos,
escuelas, nuestros sitios para sanar.
Y llevaremos testimonio
a nuestras hijas e hijos,
contándole verdaderas historias
sobre la caravana. (“Caravana de aguadoras”)

Porque no se olvida, ni se evade la dureza de la realidad. El sujeto que lleva cuentas. Un aspecto esencial que se deriva de los textos de Marjorie en que se identifica el dolor de la mujer además, es el reconocimiento de que solo mediante el saber y la creación podrá emerger a otra dimensión humana.

El arte que aprendimos
a cantar o contar, el oleaje que colma
nuestro hueco pozo y nos hace oler
el alejado, bien recordado mar.
No importa el ojo que te han sacado
nuestra maravilla inagotable, ¡Vean! (“Espiación”)

Así, la mujer se contempla como un alma sola (“Animasola”) que debe vagar en busca del saber que necesita para recuperar su dignidad y elevarse en el mundo. En el aprendizaje de algo que no es “grandeza” sino “cierto poder secreto”, que es como “mirar al sol a los ojos.” Para el cual la memoria ayuda pero “Hay un solo aspecto para volar: volar solo”, pues la supervivencia “reside en la estela de la órbita singular de uno.” No obstante en este vuelo:

Jamás podemos predecir qué nos espera;
Somos exploradores, respetamos nuestro temor por lo vasto y profundo
pero sabiendo que detrás de este miedo está nuestra audacia
por los reinos de coral extensos y brillantes. (“Animasola”)

Solo si te atreves puedes conquistar el reino soñado. Es la parábola.
La poesía de Marjorie habla de un mundo que viene desde la noche de los tiempos pero que no está detenido. Busca rehacer su rostro y su alma. Tradición que brinda un escalón para el ascenso, naturaleza que nos acoge y enseña, sentidos abiertos, palabras que tejen la memoria y el deseo, manos que fundan no solo la caricia en el cuerpo semejante sino los objetos que acompañan y hablan de nuestro ser, son constituyentes de su peculiar mundo. Siempre expresado con palabras sopesadas y escogidas, de una belleza siempre elusiva, que dejan tras su lectura el pálpito de que hemos presenciado algo sustancial, como si hubiéramos conocido la visita de un ángel. Lo sugerente y lo delicadamente ennoblecedor distinguen su poesía.

Marjorie, que naciera en Maribojoc, en la isla de Bohol, en las Visayas, región central del archipiélago de Filipinas, ama estar cerca del mar, sobre todo para disfrutar de la vista del horizonte, ese espacio donde cielo y agua se besan. Es doctora en letras por la Universidad de Filipinas. Escribe en dos lenguas, el cebuano y el inglés. Enseña escritura creativa en la Universidad de Manila. Entre sus libros destacan Dreamweavers, 1986, Ochre tones, 1999, Skin of Water. Selected Poems, 2009. Está incluida en la antología Norton 2008 de las mejores poetas del Oriente Medio, el Este y el Pacífico. La delicadeza y expresividad de su poesía solo es comparable a la lectura que de la misma realiza, pude comprobarlo en Medellín. Parece leer con todo su cuerpo en un ejercicio de música y sutileza. Es como contemplar las majestuosas filigranas de una mariposa que sobrevuela el agua.

*(Todas las traducciones han sido especialmente hechas por este autor para la presente reseña.)

 
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