 Vista nocturna desde La Loma de la Cruz (Abr. 04) El asentamiento hispano por estos lares comenzó realmente cuando García Holguín reclamó y recuperó sus viejas tierras, avalado por la firma del Cabildo de Bayamo, a cuya jurisdicción pertenecía la zona que algún día acogería a la ciudad de los parques.
El 4 de abril de 1545 García Holguín regresó al lugar donde aún se encontraba la Encomienda que le había sido otorgada antes de su partida a México, y aquí logró reunir una fuerza de trabajo conformada por los indios de su antiguo territorio y sus descendientes, incluyendo los mestizos.
Este conquistador español trajo consigo nuevas ideas, nuevos proyectos para enriquecerse y por supuesto, la esclavitud para los primeros habitantes de la región. Nació de esa manera el Hato de San Isidoro de García Holguín, que después sería denominado simplemente el Hato de Holguín.
Hacia finales del siglo XVI el Cabildo de Bayamo dio nuevas mercedes para la creación del Hato de Cacocum, y como escribió el historiador holguinero José Novoa “estaba enfilado a las posesiones de los herederos del Hato de San Isidoro”.
Ante tal situación las nietas de García Holguín, herederas del viejo hato, lograron que el Cabildo de la vecina ciudad oriental aprobara su división, y junto al originario surgieron los Hatos de Uñas y Las Cuevas. El Hato de Holguín pasó a manos de Elvira del Rosario López de Mejías, nieta de García Holguín y esposa de Diego de Ávila.
Entre enlaces matrimoniales de los herederos, que eran primos entre sí, nació la población holguinera. En los orígenes de las familias más antiguas se repiten los apellidos. En los años 80 del pasado siglo por un proceso de investigación se pudo apreciar que muchos de esos núcleos filiales estaban emparentados con González de Rivera y este a su vez, con García Holguín.
Aparte de los procesos migratorios acontecidos en distintas épocas de antes y después de la colonia, Holguín conserva su propia identidad, y su población tiene un pasado común que casi se remonta al viejo Hato, el que García Holguín recibiera el 4 de abril de 1545.
Así comenzaría a gestarse el holguinero de todos los matices, el que tiene un gran sentido de pertenencia, con sus defectos y virtudes, amante de la cultura, familiar, amistoso, solidario, bromista como buen cubano y aficionado a la pelota, aunque su equipo pierda desproporcionadamente.
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