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Viernes, 27 Abril 2018
Chicos en busca de conquistar el cielo
Por estos días de calor sofocante, las explanadas frente al hotel Miraflores o de un lateral del Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa Doctor Antonio Núñez Jiménez, fueron ocupadas por un piquete de jóvenes, varones y hembras, ataviados con singular vestuario complementario de vivos colores.

Regularmente cinco, aunque a veces, más. La alegría reinó Trabajaban por hacer realidad un sueño: volar un día sobre la tierra rojiza que los vio nacer, emular felices con Ícaro, disfrutar de la libertad del espacio, flotar en el viento y dominar sus senderos.

Pero a sabiendas de que es un camino arduo, tenaz, lleno de exigencias y sacrificios, donde la disciplina y la constancia cimentan los primeros pasos para, alguna vez, elevar poco a poco los pies del suelo y recorrer distancias en las que ahora ni piensan.

Más, se saben el futuro de un singular deporte recreativo que gana espacio creciente en esta región y otras del Oriente y el país: el Parapentismo. Ellos acudieron desde los últimos días de mayo a un cursillo de aprendizaje básico del arte de volar a vela.

El ingeniero José Ramón Guerrero, fundador del Club Parapentes Moa y especialista del Centro de Proyectos del Níquel (Ceproni), se trató de la práctica de ejercicios en grupo al aire libre, un recurso para combatir tensiones cotidianas de una forma creativa, llena de motivaciones y novedades. También de exigencias.
La cita en esos puntos fue, generalmente, al final de la tarde por unas tres horas diarias.

"Algo mayoritariamente práctico, una secuencia de ejercicios guiados, donde el joven recibe también teoría básica sobre aerología, micrometeorología, aerodinámica y técnica de vuelo. Esta parte, fundamentalmente mediante videos, literatura técnica y charlas en el terreno", acotó Guerrero.

Al propio tiempo, realizaron los ejercicios básicos de control del Parapente en un terreno llano, mediante los cuales ganaron, paso a paso, el dominio de maniobras cada vez más complejas sin intentar elevar los pies del suelo.

Además de las rutinas, se realizaron excursiones a los sitios habituales de vuelo, en los que ellos observaron acciones reales de despegue, planeo y aterrizaje de los pilotos titulados.

Resultaron también ocasiones para realizar ejercicios de mediano rigor físico en el ascenso de elevaciones, donde practicaron buenas costumbres para el trabajo en equipo.

"Un proceso continuo de aprendizaje, hasta llegar al momento en que dominaron los ejercicios de control e iniciaron los primeros intentos, ganando altura poco a poco según las habilidades demostradas".

La máxima altura de despegue alcanzable aquí, precisó Guerrero, fue de 10 metros de desnivel, lo cual produce un planeo de hasta 170 metros lineales sin necesidad de maniobras complejas ni riesgos para el piloto.

Los alumnos más avanzados concluyeron con la practica de giros que simulaban maniobras de aproche y algunos podrán ser presentados a otros Aeroclubes (por ejemplo, Santiago de Cuba) para realizar vuelos de altura como pasajeros. Y claro, vencieron el examen teórico.

Aunque el joven aun no está calificado como piloto, tiene experiencias gratificantes propias de esta actividad que satisfacen el objetivo. Y un diploma de "Piloto debutante de Parapente". Después dependerá de ellos, si conquistan el cielo.

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