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Martes, 27 Septiembre 2016
Los mártires del nueve de diciembre
El nueve de diciembre de 1957, se cumplen ahora 58 años, fueron vilmente asesinados seis valerosos jóvenes revolucionarios a la entrada de la ciudad de Holguín, donde se levanta en honor a su memoria el monumento conocido como las Seis columnas.

Sus nombres: Manuel Angulo Farrán, Rubén Bravo Álvarez, Atanagildo Cajigal Torres, Ramón Flores Carballosa, Mario Pozo Ochoa y Pedro Rogena Camayd; el delito cometido, luchar contra la tiranía de Fulgencio Batista para ver libre a la patria.

Para comprender cómo ocurrieron los hechos es necesario remitirse al 23 de noviembre del propio año de 1957, fecha en que fue ajusticiado por un comando revolucionario el sanguinario coronel de la dictadura batistiana Fermín Cowley Gallego, en un céntrico local que ocupaba la Cuban Air en la ciudad de Holguín.

El tristemente célebre personaje, desde que ocupó la jefatura del Regimiento Militar número siete de Holguín, el cuatro de mayo de 1956, había desatado una ola de crímenes y atropellos contra la población del norte oriental.

Se encontraban entre sus fechorías el asesinato de 16 expedicionarios del yate Corintia, y la masacre de 23 revolucionarios en diciembre de 1956, en un hecho que la historia registra como las Pascuas Sangrientas.

La Dirección del Movimiento 26 de Julio ordenó el ajusticiamiento del sangriento coronel batistiano, y para cumplir tan delicada misión se integró un comando que de inmediato comenzó a chequear sus movimientos.

Como era de suponer, el ajusticiamiento de Cowley incrementó la represión y desató una serie de detenciones, interrogatorios y torturas, y otro esbirro, el teniente coronel Irenaldo García Báez, fue enviado desde La Habana con la misión de atrapar a los responsables.

Entre los muchos detenidos se encontraban los seis valerosos revolucionarios antes mencionados. Todos eran militantes del Movimiento 26 de Julio forjados en la lucha, que a pesar de las crueles torturas a que fueron sometidos no dijeron ni una palabra que pudiera comprometer a sus compañeros revolucionarios.

Ante esa viril y digna actitud, los asesinos sedientos de sangre, con el pretexto de trasladarlos hacia la ciudad para celebrarles juicio, los ultimaron cobardemente a las puertas de Holguín, en las primeras horas de la madrugada del nueve de diciembre de 1957.

Hoy en ese sitio se levanta un monumento representado por seis columnas truncas, que simbolizan a aquellos valerosos mártires de la patria, y aunque han transcurrido 58 años desde que estos revolucionarios fueran vilmente asesinados, tienen absoluta vigencia las palabras pronunciadas por Atanagildo Cajigal Torres, uno de aquellos valientes, cuando sentenció: "de la Sierra algún día bajará la libertad para Cuba, y ahora sí será definitiva".

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