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Martes, 6 Deciembre 2016
Manuel Ascunce Domenech, el maestro mártir
Manuel Ascunce Domenech, con apenas 16 años de edad, formaba parte de las brigadas "Conrado Benítez", que en la Campaña de Alfabetización realizada en 1961, proclamó a Cuba como territorio libre de analfabetismo.

Fue apresado por una banda de contrarrevolucionarios junto al campesino Pedro Lantigua Ortega, a quien enseñaba a leer y escribir y en cuya casa se albergaba el joven maestro. Los dos resultaron salvajemente torturados y asesinados.

El 26 de noviembre de 1961 los malhechores irrumpieron en el bohío y al indagar sobre la identidad del joven este afirmó: "Sí, yo soy el maestro", palabras con las cuales firmaba su sentencia de muerte...

Los hechos sucedieron en Limones Cantero, finca Palmarito, término municipal de Trinidad, en la antigua provincia de Las Villas, y la noticia que se expandió como pólvora encendida fue dada a la publicidad por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Al ofrecer los detalles el líder de la Revolución cubana dijo: "el muchacho se llamaba, o se llama y se llamará siempre Manuel Ascunce Domenech.

El certificado forense de mostraba la barbarie cometida por los asesinos: " ... 14 heridas punzantes en el abdomen realizadas en vida...contusión y signos de tortura en los órganos genitales...signos de arrastre en las regiones escapulares y glúteas. Desgarradura de la piel. Surco profundo en el cuello que demuestra la muerte por ahorcamiento..."

Semejante crimen no podía quedar impune, por lo que las fuerzas revolucionarias intensificaron la búsqueda de los criminales, hasta que fueron capturados y el jefe de la banda, nombrado Braulio Amador fue fusilado.

El 22 de diciembre de 1961, en gigantesca concentración en la Plaza de la Revolución capitalina "José Martí", Cuba fue proclamada Territorio Libre de Analfabetismo. Se cumplió así lo prometido por Fidel en la Organización de Naciones Unidas (ONU) un año antes.

Más de un millón de cubanos y cubanas aprendieron a leer y escribir y la sangre de Manuel Ascunce Domenech, Pedro Lantigua Ortega y otros que como ellos ofrendaron sus vidas, no se vertió en vano.

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