Hay 727 invitados en línea

Martes, 24 Octubre 2017
Hace 59 años Lidia y Clodomira pagaron el silencio con sus vidas
En este artículo: Cuba Historia
Lidia Doce (izq.) y Clodomira Acosta. Foto: Trabajadores
Entre los miles de cubanos asesinados o desaparecidos en tiempos de dictaduras, resulta imposible olvidar a la holguinera Lidia Esther Doce Sánchez y la manzanillera Clodomira Acosta Ferrals, quienes aunque fueron torturadas salvajemente, sus enemigos no pudieron sacarle uno solo de sus secretos sobre las luchas clandestinas y rebeldes, por cuya razón las privaron de la vida y desaparecieron sus cuerpos en el mar.

Por una delación, Lidia y Clodomira fueron sorprendidas en altas horas de la noche del 12 de septiembre de 1958, por la policía batistiana, en la casa de un combatiente de la clandestinidad, mientras cumplían una misión en La Habana. En ese lugar fueron testigos de la brutal golpeadura y ametrallamiento de los jóvenes, Alberto Álvarez, de 21 años; Leonardo Valdés, de 23; Onelio Dampiel, de 22; y Reinaldo Cruz, de 20 años. Se abalanzaron sobre los asesinos, pero ellos las arrastraron fuera del edificio y las trasladaron de inmediato a una Estación de Policía.

Los detalles se supieron por las declaraciones de un cabo nombrado Caro, en el juicio oral, quien explicó que ellas “fueron conducidas a la Oncena Estación y el día 13, Ventura las mandó a buscar conmigo, siendo trasladas a la 9na. Estación. Al bajarlas al sótano que hay allí, Ariel Lima las empujó y Lidia cayó de bruces, casi no podía levantarse, y entonces él le dio con un palo por la cabeza, saltándosele casi los ojos al darse con el contén (...) La más vieja, Lidia, ya no hablaba, solo se quejaba. Estaba muy mal, toda desmadejada”.

El 14 por la noche, Laurent llamó a Ventura y le preguntó si habían hablado, y éste le dijo: “los animales estos le han pegado tanto para que hablaran, que la mayor está sin conocimiento y la más joven tiene la boca hinchada y rota por los golpes, solo se le entienden malas palabras. Laurent terminó solicitando que se las enviara, y Ventura se las mandó conmigo, prestadas, pues eran sus prisioneras”.

Buscando información sobre el tema, leí que después de tantas torturas, sin sacarles ni una sola palabra, en la madrugada del día 15, ya moribundas, las subieron a una lancha, al fondo del Castillo de La Chorrera, y en sacos llenos de piedras las hundían en el agua y las sacaban, hasta que, al no obtener tampoco resultado alguno, las dejaron caer al mar, donde desaparecieron sus cadáveres el 17 de septiembre de 1957.

Lidia Esther, conocida por la Nena, nació en Velasco de Gibara, Holguín, el 27 de agosto de 1916; vivió en Mir y San Germán; se sumó al Ejército Rebelde en el lugar conocido por San Pablo de Yao, en las estribaciones de la Sierra Maestra, cerca de Bayamo, donde en 1957 se sumó a la Columna número Cuatro del Che, quien la convirtió en mensajera, además de cumplir otras misiones de apoyo a la guerrilla.

Cuando el Che Guevara es trasladado con su Columna a Vegas de Jibacoa (municipio Bartolomé Masó), Lidia queda al frente de su campamento auxiliar, con 40 guerrilleros; y cuando el Comandante rebelde comienza la invasión a Occidente, no pudo acompañarlo por encontrarse cumpliendo una importante misión en La Habana, donde ocurrió el triste desenlace.

Clodomira, campesina nacida en Manzanillo, el primero de febrero de 1936, tenía 20 años cuando se sumó al Ejército Rebelde, sirviendo de efectivo enlace entre la Columna Uno del Comandante en Jefe Fidel Castro y otras fuerzas que operaban en la Sierra Maestra y en el llano, durante la lucha insurreccional.

Ella era analfabeta, pero tenía el don de poder burlar a las tropas de la tiranía, como hizo muchas veces mientras cumplía diferentes misiones, como la ocasión en que resultó atrapada por el asesino Sánchez Mosquera, quien ordenó que la pelaran al rape y la encerraran en un calabozo. Para salir del encierro, prendió fuego con fósforos a unas mochilas que allí se encontraban, y en medio de la confusión, logró su propósito, pudiendo reincorporarse a las fuerzas guerrilleras.

Al morir, Lidia tenía 42 años y Clodomira 22. Apenas tres meses y 14 días después, triunfó la Revolución Cubana. Su ejemplo y espíritu rebelde han quedado grabados en el corazón de su pueblo.

Sobre las dignas y heroicas cubanas, el Che expresó: “Sus cuerpos han desaparecido, están durmiendo su último sueño, Lidia y Clodomira, sin dudas, juntas, como juntas lucharon en los últimos días de la gran batalla por la libertad (...) Dentro del Ejército Rebelde, entre los que pelearon y se sacrificaron en aquellos días angustiosos, vivirá eternamente la memoria de las mujeres que hacían posible con su riesgo cotidiano las comunicaciones por toda la isla, y entre todas ellas, para nosotros, para los que estuvimos en el frente número uno, y personalmente para mí, Lidia ocupa un lugar de preferencia”.

Deja tus comentarios

Sus comentarios están sujetos a moderación por un administrador.

0 / 500 Restricción de Carateres
Su texto debería tener menos de 500 caracteres

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios