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Martes, 6 Deciembre 2016
Eliseo Reyes, el Capitán San Luis
Eliseo Reyes (sentado) en la guerrilla del Che en Bolivia. Foto: cubadefensa.cu
El 25 de abril de 1967 cayó en combate en la finca El Mesón, ubicada entre Ticucha y el río Iquira, en Bolivia Eliseo Reyes Rodríguez, el Capitán San Luis del Ejército Rebelde en Cuba, o el Rolando de la guerrilla del Che en ese país sudamericano.

Había nacido el 27 de abril de 1940 en el barrio rural de San Luis, en la actual provincia de Santiago de Cuba y tuvo una existencia breve pero intensa, que muestra a quien, siendo casi un niño, se incorporó a la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista, y ganó a fuerza de valor y coraje, el respeto y la admiración de sus compañeros de armas.

Hombre de acción y de reconocido prestigio y autoridad, fue uno de los escogidos por el Guerrillero Heroico para integrar el destacamento internacionalista que emprendió la gesta libertaria en Bolivia.

El 20 de noviembre de 1966 se incorporó Rolando a la lucha en el país sudamericano, y dentro del incipiente ejército insurrecto fue designado como comisario e integró el grupo del centro.

El día de su caída en combate escribió el Che en su diario: "Día negro... resolvimos hacer una emboscada improvisada en el camino de acceso al campamento...al poco rato apareció la vanguardia... sobre el flanco del ejército comenzó un fuego intermitente... al producirse un alto mandé a Urbano para que ordenara la retirada pero vino con la noticia de que Rolando estaba herido...".

Relata el Che que un balazo le había partido el fémur y todo el paquete vasculonervioso y que murió antes de poder actuar, y seguidamente apunta: "Hemos perdido el mejor hombre de la guerrilla y, naturalmente, uno de sus pilares, compañero mío desde que, siendo casi un niño, fue mensajero de la Columna Cuatro, hasta la invasión y esta nueva aventura revolucionaria...".

Era tal la valoración del Che sobre Rolando, que en su diario subraya en el resumen del mes de abril, que la muerte del destacado combatiente constituyó un severo golpe para la guerrilla, pues lo pensaba dejar a cargo del eventual Segundo Frente.

Y concluye el Che con estas palabras su sentir acerca del compañero caído: "Tu cadáver pequeño de Capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma".

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