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Sábado, 23 Junio 2018
Oscar Larralde y sus Diez horas con Fidel (+audio)
Fidel durante el huracán Lily, el 18 de octubre de 1996--foto cortesía del entrevistado
"En todos los encuentros apreciamos el magisterio de Fidel fuera de reuniones nacionales e internacionales, es decir, que no es ver a nuestro Comandante en Jefe en un discurso, es ver a Fidel Castro en el vínculo con el pueblo, y como daba y recibía Fidel" así narra con emoción Oscar Antonio Larralde Otero, jubilado del Ministerio del Interior, quien desde los nueve años se forjó en un ambiente revolucionario escuchando historias vinculadas al asalto al Cuartel Moncada y las visitas a su hogar de dirigentes como Blas Roca, Juan Marinello, Ursinio Rojas, entre otros.

"La presencia de Fidel era inmediata donde ocurrían los hechos, donde había que tomar las decisiones más importantes. Lo ví descender más de 20 veces de un avión aquí en la base aérea de Holguín, en la torre de control, en la rampa militar, es el Fidel siempre acompañado por el pueblo, es el Fidel que después vi en maniobras en Camagüey, en la Loma del Hierro, en la Loma del Indio, siempre presto a ver el episodio militar que se iba a desarrollar, pero sobre todo muy preocupado por las fuerzas que iban a participar, los peligros que corrían esas fuerzas porque en una maniobra militar hay mucho despliegue de tanques, tiro de aviación y tiro de helicóptero y, explosiones de todo tipo, siempre había heridos, y podían haber fallecidos también, y es un Comandante en Jefe preocupado por eso, él y Raúl".

"Con este testimonio rendimos homenaje a nuestro Comandante en Jefe, inspirador, investigador insaciable quien señalara a lo largo de la vida la importancia de preservar la memoria histórica, más cuando a la luz de hoy hay una cruzada política y cultural propia del enemigo y de su ideología neoliberal con la que actúan y tratan de inocular al mundo".

oscar larralde jubilado far lisandra210 horas al lado de Fidel

"Durante el huracán Lily tuve la oportunidad de estar al lado del Comandante en Jefe, muy cerca, durante 10 horas".

"En aquella oportunidad era Jefe del Ministerio del Interior (MININT) en la provincia de Matanzas y junto al Consejo de Defensa Provincial empecé a trabajar desde la fase de alerta que se decretó por el Estado Mayor de la Defensa Civil Nacional".

"Recuerdo que el Puesto de Mando del Consejo radicaba en la oficina del Presidente del Poder Popular de la provincia, primero controlé todo lo que tiene que hacer un Jefe del MININ, el papel de nosotros. Pero ya amaneciendo del día 18, comenzamos a recibir informaciones sobre la llegada del Comandante en Jefe a Matanzas, pues se estaban deteriorando las condiciones meteorológicas y el peligro ahora era para esta provincia".

"Ya Fidel había estado en La Habana, en Batabanó, así que llevaba casi 24 horas en esta actividad".

"Siempre hemos estado acostumbrados a que el Comandante en Jefe era siempre el primero, en las alarmas de combate, ante las injerencias de los yanquis y siempre su participación en todos los combates, en Girón, durante la Crisis de Octubre, es decir que estábamos acostumbrados de ver a Fidel de primero".

"Eran las 7 de la mañana del día 18 cuando vimos llegar al Puesto de Mando del Consejo de Defensa al Comandante en Jefe, con semblante seguro, no se le notaba cansancio y, lógicamente, lo sabíamos lleno de preocupaciones, avanzaba como siempre con su capa verde olivo, la misma gorra verde olivo de campaña de todos los días, del combate pasado y reciente, inmediatamente el saludo respetuoso de todos nosotros pero sin dejar de mostrar los afectos, la alegría y la seguridad que nos daba la presencia física del Comandante en Jefe, al llegar".

"Después del saludo pidió ayuda para comunicarse con el Instituto de Meteorología. Todos los que estábamos presentes escuchamos lo que hablaba Fidel con el Doctor Rubiera, éramos cuatro o cinco compañeros, todo se hizo en tono muy seguro, con confianza".

"Rubiera le informó que por el rumbo que traía el ciclón iba a pasar entre Cárdenas y Varadero y, de inmediato, nuestro Comandante en Jefe con su preocupación previsora y su magisterio de siempre le preguntó sobre las medidas que se habían tomado para preservar la población del municipio sur de la provincia porque el primer impacto sería para la Ciénaga, preguntó mucho por los cenagueros por los que siempre él se había preocupado tanto".

"Averiguó por las medidas en Calimete, en Jaguey, después habló de las preocupaciones sobre las personas, preguntó sobre las plantaciones de cítricos y la cosecha que había que hacer antes de que entrara el meteoro".

"Indagó mucho sobre la termoeléctrica Antonio Guiteras que en esa época generaba 320 megawat, que era la garante de la generación eléctrica del 30 % del país".

"También se interesó por las medidas en los muelles de supertanqueros, puerto importante matancero, sobre las medidas de seguridad en los hoteles de Varadero donde en ese momento habían, aproximadamente, entre 12 mil y 15 mil turistas, la idea era no evacuarlos sino que permanecieran en los hoteles por la seguridad que ofrecían estos".

"Después de unos 30 a 45 minutos del contacto inicial su escolta empezó a informarme que había que ir a Varadero, eran sobre las ocho, ocho y tanto de la mañana. Se fue formando frente al Gobierno Provincial de Matanzas las columnas de tres paneles, tres o cuatro paneles, de la pequeña comitiva que lo acompañaría".

"Llovía torrencialmente y habían rachas entre 80 y 90 kms. Me indicaron tomar uno de los carros, por la premura yo me monté en el tercero, me habían indicado que me montara en el segundo, entonces ya en el itinerario a Varadero, a la altura de Canímar, el jefe de la escolta empezó a preguntar por el pasajero, y el pasajero era yo, entonces como no estaba en el lugar que me habían indicado, se informó que yo iba en la comitiva, entramos a Varadero, recuerdo perfectamente la entrada al Melía Las Américas, recién inaugurado el Varadero, y ahí habían como 200 turistas esperando al Comandante en Jefe. Al lobby llegó Fidel, lo rodearon, y así penetró hasta el hotel, todos querían ver a Fidel, estaban ávidos por saludarlo, tocarlo, conversar, preguntarle sobre Cuba, no solamente sobre el ciclón sino sobre Cuba, sobre el período especial, sobre la Revolución, en un intercambio que duró 20 ó 30 minutos".

"Nuevamente, la columna se puso en marcha de nuevo hasta llegar a La Marina Gaviota, en la puntica de Hicacos. Al llegar vimos la soledad que reinaba allí, todas las embarcaciones se habían evacuado para lugares más seguros, yates, catamaranes, y otras naves marítimas del turismo estaban ya en otros lugares de refugio. Fidel preguntó por el director, era el Coronel Enrique Finalé Águila, hoy fallecido”.

"Con Fidel al frente caminamos, él con su larga zancada, teníamos que apurarnos para alcanzarlo, recorrimos algunas áreas verdes del muelle y vimos como se deterioraba constantemente el tiempo".

"Recuerdo a un Fidel conversando con las dos personas que estábamos con él, le tiraba la vista a uno como si la conversación fuera con uno solo, siempre él inquiriendo, dando ideas del ciclón, y en medio de esta fluida e interesante conversación de forma inesperada y sin mediar palabra alguna, el Comandante en Jefe se separó, a uno o dos metros de nosotros, con los mismos pasos largos y avanzó por la yerba 10 metros, de súbito se detuvo, extendiendo los brazos, abrió los brazos y levantó el rostro, era como que husmeaba el aire húmedo y la dirección de los vientos, en voz baja como para él mismo, que lo oímos nosotros, dijo: por aquí no va a pasar ningún ciclón".

"Después pudimos comprobar que, efectivamente, el huracán fuera de todo pronósticos, a la altura de la Ciénaga de Zapata, sur de la Ciénaga, hizo un giro como una escuadra y cambió del rumbo norte que traía a un rumbo noroeste, amenazaba peligrosamente a las provincias de Cienfuegos y Villa Clara, es decir, que lo que el olfateó estaba pasando, cosa propia de los ciclones, pero Fidel lo husmeó en el aire".

"Después todo se puso en función de trasladarnos de Punta de Hicacos de nuevo a Varadero, a una casa de Varadero".

"Ahí lo más significativo es un Comandante en Jefe descendiendo del yip, que se dirigió a la casa principal donde supuestamente se iba a almorzar, y lo seguimos el resto, uno, dos, tres, aparte de la escolta".

"Todos entre asombrados y sonrientes observamos a un Comandante en Jefe con un gesto muy natural, que entró a la casa, para ir directo a la cocina y con toda la calma y tranquilidad ir destapando y mirando detenidamente el contenido de cada una de las ollas, calderos, sartenes, que se encontraban sobre el fogón y, de inmediato, sin perder mucho tiempo invitó a la mesa a los que se encontraban. Se notaba que hacía más de 24 horas que no ingería alimento alguno".

"Después nos trasladamos con él hasta Cárdenas, Coliseo, Jovellanos, y finalmente, a los frutales, a los naranjales de Jagüey Grande donde se bajó en algunos lugares para ver el daño que le había hecho el ciclón".

"Cayendo la tarde, sobre las cinco, lo despedimos.

Harina y tasajo

"En el año 1996 nos invitaron a un desfile militar en la plaza, un desfile de período especial, 40 aniversario del Desembarco del Granma, vimos a Fidel allí en el desfile, a Raúl y a otros dirigentes, después nos invitaron a almorzar".

"El almuerzo era en el Palacio de la Revolución, que decoró Celia Sánchez, toda esa vegetación interna, con los pisos brillantes, eso me impresionó mucho, todo aquel ambiente muy natural, al llegar al salón vimos unas mesas alineadas y servidas con excelente cuidado. Yo estaba junto con un Coronel, mi amigo, Alberto Cabana, el menú era una mesa bufet a la criolla, el plato principal era harina en cazuela, servida en una vajilla roja y, la proteína única: tasajo, el resto del menú era ensalada".

"Había un silencio tremendo, cuando miramos, observamos por la puerta de entrada a unos 25 metros la figura de nuestro Comandante en Jefe que en aquel momento, en aquel ambiente tan elegante, se veía más intenso su uniforme verde olivo de siempre y su barba legendaria, entonces todos y nosotros dos exclamamos Fidel, ahí está Fidel”.

“Mi amigo se percata de que Fidel venía directamente para donde estábamos nosotros dos y mi amigo me dice: viene para acá. Al llegar Fidel junto a nosotros, tratamos de asumir la posición de firme lo mejor posible porque las manos las teníamos ocupadas con lo que nos habíamos servido en ese momento, Fidel y nosotros con la comida ahí, pensamos que era muy complicado, inmediatamente llegó ante nosotros, nos preguntó cómo estábamos, qué comen, colocó la mano derecha de él en el hombro de mi compañero, mi compañero que era más joven que yo, y la respuesta de los dos fue tasajo y harina, el Comandante inquirió cómo está el tasajo, les gusta. Dicen que el tasajo era un plato preferido de él, y siempre respondimos afirmativamente, él se refirió a mi amigo, le dijo: tú estás joven y estás fuerte, eres un muchachón, dándole palmadas suaves en el hombro y siempre mirándolo fijamente con sus ojos redondos y bien abiertos. A todas estas no sabíamos qué hacer con los platos y los cubiertos hasta que el propio Comandante en Jefe, en un gesto muy delicado y como para probar, con sus dos dedos largos tomó un minúsculo pedazo de tasajo del plato de mi compañero, lo probó con una expresión de gusto y se separó de nosotros. El encuentro duró apenas minutos, porque Fidel continuó saludando al resto de los participantes que tendrán también sus anécdotas, a nosotros aquello nos pareció un siglo. Fue inolvidable para ambos coroneles, y siempre lo recordamos como una anécdota muy grata e imborrable de nuestra vida en la esfera militar".

Larralde pensó en Birán, en Fidel cuando era pequeño cuando visitaba los barracones de los haitianos del batey donde vivían Vicente Poll, Comparal, Luis Martínez, Pablo, Serrucho, Luis Cilón, Pití, Castillo, Eduardo Banjamín y tantos otros. Hasta comía con ellos y nunca fue castigado por eso.

Don Ángel y Lina eran de origen humilde, trabajaban y convivían con la gente, a pesar de que alcanzaron una posición de mando y adquirieron propiedades. Sus hijos crecían junto a la gente sencilla.



larralde vetido militar f cortesia entrevistadoMás de 20 visitas junto a Fidel en Holguín

“Entre las décadas del 70 y el 80 brindando la seguridad necesaria al Comandante en Jefe participé en más de 20 visitas que él hizo a la provincia de Holguín: cuando venía a un acto del 26 de julio, cuando iba a un recorrido a Moa y llegaba primero a Holguín, cuando se inauguraba alguna obra, la misma fábrica KTP, la Fábrica 26 de julio, el Combinado Lácteo, todas esas visitas”.

“Las décadas del 70 y el 80 son años en Holguín de muchos esfuerzos del Partido, el Estado y el Gobierno que tenían una prioridad por la economía, y Fidel venía a ver planes de todo tipo, agrícolas, estatales, de cooperativas, centrales azucareros, visitó su terruño Birán, y siempre primó el contacto directo y franco de Fidel con los obreros, campesinos, cooperativistas, estudiantes, dirigentes del Partido y el Gobierno, fueron momentos de muchas visitas, de la etapa de la Nueva División Política Administrativa, Fidel decía que la provincia de Oriente no se dividía, sino se multiplicaba”.

“En este momento yo estaba en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, nuestro trabajo estaba vinculado al enfrentamiento de atentados, sabotajes, terrorismo que eran muy fuertes, y estaban dirigidos por la CIA, otros servicios especiales y por la contrarrevolución interna”.

“En estos 20 años casi todas las visitas de Fidel venían por el aeropuerto de Holguín y todos los hombres de esa instalación militar se ponían en función de que todo saliera mejor que nunca, además el pueblo de Holguín fue el principal protagonista de la seguridad de Fidel, cuidando su presencia física”.

“Por nuestra instalación transitó periódicamente el hombre, dirigente nacional e internacional perseguido por la CIA, por los servicios especiales. En los últimos 50 años estos organismos planificaron 637 atentados y ninguno pudieron hacerlo, fueron planes, ideas, y todos terminaron operados por los órganos de la seguridad cubana y, lógicamente, se evitaron”.

“Todo este odio sobre nuestro Comandante en Jefe era porque los yanquis no perdonaban a Fidel porque se puso al lado del pueblo, al lado de los desclasados de siempre, de los humildes de la tierra. Entonces el plan era eliminarlo físicamente, y fue el pueblo de Cuba el que denunció toda esta tamaña actividad enemiga para Fidel y fue el que exigió a las autoridades competentes cuidar a Fidel y a Raúl”.

“Los vuelos llegaban con puntualidad meridiana en cuanto a horario, régimen de vuelo, que son cosas que estaban bien establecidas y tenían un aseguramiento desde la trayectoria, una seguridad, porque también por el aire estaban cazando a Fidel, y por el mar también, muchos especialistas trabajaban para asegurar todo, los militares y civiles, torreros, operadores de radares, planchetistas, comunicadores todo eso en función de que el aterrizaje y el rodamiento por la pista fuera exacto”.

“En esa época Fidel hacía los vuelos en un avión de fabricación soviética, era un AN-24, de dos motores, con el mismo piloto de siempre, Boriña”.

“A la luz de hoy recuerdo a un Comandante en Jefe, una vez en tierra el avión y detenido los motores, abrirse la única puerta que tiene ese avión, una puerta de servicio que da a la parte trasera, entre los motores y la cola, y ver a Fidel con su alta estatura física inclinado para poder salir por la pequeña puerta, e inmediatamente comenzar a bajar también una pequeña escalera que trae el avión, igual que la puerta, por esa diminuta escalerilla ese cuerpazo inmenso, vestido de verde y blanco, con la barba roja en esa época”.

“Lo observamos como siempre, vestido de uniforme de campaña, verde olivo, con la misma barba legendaria, con sus botines negros, y las ligas del pantalón sobre las botas, con su histórica e inseparable gorra de la época, porque hay una época que él usa la boina, pero la gorra nosotros le pusimos aquí KTP, decíamos que Fidel andaba con la KTP, era una gorra ceñida hasta las orejas, verde olivo, normal, que usted la dobla como quiera, es flexible, pero era muy grande y nosotros le pusimos KTP como la fábrica que produce combinadas de ese tipo”.

“También al pie de la escalerilla, como siempre lo esperaban dirigentes políticos, administrativos, el Coronel jefe de la base militar, alegres pero disciplinados, siempre esperaban con impaciencia, la mayoría de las veces, el descenso de Fidel. Su primer saludo y contacto incluía un minuto de animada conversación y más de una vez le ví darle un paseíto a algunos de ellos, es decir, le echaba el brazo por arriba y caminaba por aquella rampa que era una rampa de concreto inmensa, ví darles un paseíto en privado, Fidel decía algo, a veces eran conversaciones animadas, otras veces una sonrisa y siempre con los pasos largos, las zancadas esas que nosotros todos sabemos de Fidel”.

“Hay que decir que en una base militar capitalista los presidentes o el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas hay que recibirlos con una alfombra roja, con la guardia formada, nada de eso se le hacía a Fidel porque fue el primero que lo quitó de todos los reglamentos militares que recibimos del ejército de la tiranía, eso nunca ni nadie se lo propuso ni Fidel se lo permitió”.

“Siempre lo observamos con un semblante que conmovía e inspiraba respeto, optimismo, confianza en la tarea del presente y futuro, ante situaciones muy difíciles por las que pasaba el país y la provincia”.

“En todas estas actividades de tránsito hay que seguir destacando al pueblo en función de la vigilancia revolucionaria masiva y algunos con tareas anónimas. Siempre reconoció que el pueblo quería decir energía, valor, espíritu de lucha, inteligencia e historia”.

“Entonces hay que rendir homenaje también, en esa seguridad que se brindó a Fidel, a los habitantes de los barrios de San Juan, Centenejo, Pedernales, Guirabo, Guirabito, todos en las cercanías del aeropuerto, organizados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias en relación de trabajo con el Ministerio del Interior”.

“Muchas gentes en estos itinerarios se aglomeraban para verlo, para saludarlo, y muchas casas holguineras sirvieron de cobertura para cuidar a Fidel”.

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Comentarios (1)

  • Zahily Alzola Martínez

    Los trabajadores de este hotel ,recuerdan con emoción y orgullo la presencia de Fidel.
    Siempre recurrimos al libro de visitante ilustre o a la historia contada para compartir el recocijo de saber que pudimos contar con horas y minutos al lado de ese Fidel único, que tiene el don que solo los grandes tienen,esa capacidad de saber estar en cada momento, irradiando confianza y seguridad. Gracias por siempre Fidel.