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Miércoles, 7 Deciembre 2016
El primer grito libertario de los cubanos el 10 de octubre de 1868
En este artículo: Cuba
El 10 de octubre de 1868 se inició la lucha por la libertad de Cuba encabezada por el abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes, el cual en un gesto sublime dio la libertad a sus esclavos, quienes desde aquel día serían dueños de sus vidas.

Por primera vez se estrecharon las manos el amo y los esclavos, que desde ese mismo momento serían hombres libres dispuestos a empuñar las armas por la independencia de Cuba, colonizada por la metrópolis española, que siempre se había mostrado con los habitantes de la isla antillana distante, intransigente, altanera y cruel.

Los pobladores del ingenio La Demajagua, en Yara, fueron protagonistas o testigos del alzamiento aquel año en que los hombres supieron empinarse hasta el cielo y los primeros eslabones de la larga cadena de opresión saltaron en pedazos. Este alzamiento sería registrado en la historia de Cuba como Grito de Yara.

"No es un sueño, es verdad: grito de guerra/ Lanza el cubano pueblo, enfurecido; / El pueblo que tres siglos ha sufrido/ Cuanto de negro la opresión encierra", primer soneto inspirado en el 10 de Octubre escrito por José Martí cuando tenía 15 años de edad, donde ya dejaba traslucir el patriotismo que mantuvo vivo durante su existencia.

"¡10 de Octubre!" fue publicado a principios de 1869 en el periódico manuscrito El Siboney, que circulaba de mano en mano entre los estudiantes de la segunda enseñanza de La Habana. El soneto de Martí termina valientemente: "Gracias a Dios que ¡al fin con entereza/ Rompe Cuba el dogal que la oprimía/ Y altiva y libre yergue su cabeza!".

La guerra del 68 concluyó 10 años después de iniciada, y según los historiadores fueron determinantes en su fracaso varias causas pues "a la división y la indisciplina que habían cobrado fuerza entre las fuerzas insurrectas se sumaron factores económicos, políticos y militares que condujeron a la firma del claudicante Pacto del Zanjón, sin haber conquistado la abolición de la esclavitud ni la independencia de Cuba".

Veinte años después del inicio del Grito de Yara, en 1888 José Martí honraba nuevamente la sagrada fecha, junto a los emigrados cubanos en un discurso pronunciado en la ciudad norteamericana de Nueva York, al decir con conocimiento de causa: "...Nosotros somos espuela, látigo, realidad, vigía, consuelo. Nosotros unimos lo que otros dividen. Nosotros no morimos, ¡Nosotros somos la reserva de la Patria!".

Ese año fue para José Martí una etapa de labor fecunda, se propuso, y lo logró, juntar a los pinos nuevos y a los veteranos, y así los jóvenes imberbes y los hombre curtidos se alzaron en armas en la Guerra Necesaria de 1895, una manera heroica de enaltecer nuevamente al 10 de Octubre y a los cubanos que pelearon en los campos de batalla.

Con la Guerra de 1895, el apóstol de nuestra Independencia honró al 10 de Octubre al dedicarse en cuerpo y alma a la continuidad de la lucha por la libertad, iniciada en 1868. Una manera especial de honrar a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, el padre de todos los cubanos que empuñaron las armas al conjuro de Yara y el repique de campanas, con las cadenas de la esclavitud rotas en mil pedazos.

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