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Sábado, 23 Junio 2018
Martí con su caída en combate se levantó para siempre
En este artículo: Historia
Estatua de José Martí. Foto: ACN
En carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado, devenida su testamento político, escrita el 18 de mayo de 1895, la víspera de su caída en combate en Dos Ríos, el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, dejó bien plasmado su compromiso con la Patria cuando expresó:

“Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir., ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero...ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber – puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

Al día siguiente cayó mortalmente herido en Dos Ríos, de cara al sol como un bravo. Se cumplían así las premonitorias palabras del Maestro cuando expresó ante los tabaqueros de Tampa : “qué hermoso sería morir a caballo, peleando por la libertad de Cuba, junto a una palma”.

El 11 de abril del propio año había arribado a Cuba para sumarse a la Guerra Necesaria que él mismo preparó: “Llegué, con el general Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas, cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle, alzamos gente a nuestro paso, siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla”.

Con su caída en combate hace 123 años, Martí se levantó para siempre para situarse en el corazón del pueblo cubano, y ostentaba al morir el grado militar de Mayor General del Ejército Libertador, conferido por el generalísimo Máximo Gómez, a quien le unió una entrañable amistad y coincidencia de ideales libertarios.

José Martí fue de esos hombres que hasta después de muertos siguen siendo útiles. Por eso en el centenario de su natalicio en 1953, se levantó de nuevo a combatir por la libertad de su amada patria, y traspasó los muros del “Moncada” al asumir la autoría intelectual del asalto a esa la segunda fortaleza militar del país.

Quiso y lo logró, echar su suerte con los pobres de la tierra, y solo pidió, tras tanta entrega, tener en su tumba un ramo de flores y una bandera, deseo que se hace perenne realidad en el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, donde reposan sus restos. Cuánta razón le asistió al afirmar: “Se desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento”.

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