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Domingo, 25 Febrero 2018
Los coches en Cuba: tradición y utilidad
En este artículo: Transporte
Coche tirado por caballo por la Carretera Central en territorio de la provincia de Holguín. Foto: Amauris Betancourt (Archivo)
No hablaré de autos antiguos o clásicos, los denominados ''almendrones¨, que como íconos circulan todavía por las ciudades y carreteras cubanas.

Estos, creo, que no se ven por estos días en ningún lugar del mundo y mucho menos en el perfecto estado de conservación que tienen, a pesar de su procedencia estadounidense en su inmensa mayoría.

Se trata de los coches tirados por caballos que muchas generaciones de cubanos han usado como transporte público urbano y suburbano para trasladarse en tramos cortos.

Este medio, cuya génesis se remonta al siglo XVI, estuvo en su aparición estrechamente vinculado a personas distinguidas que viajaban en litera o andas y por las ciudades en silla de mano o a caballo, por lo común en mulas, particularmente los médicos.

En tiempos coloniales, cuando en Cuba aún no se preveían carreteras y solo existían caminos reales intransitables, el quitrín –carruaje de caballos de origen indígena– permitió recorrer los buenos y difíciles senderos, atravesar llanuras, subir lomas y transitar por entre baches sin quedar estancado en ellos.

Incluso, fueron protagonistas de algunos episodios de la guerra de independencia cubana y bien vale la pena un recorrido en ellos.

Se cuenta que el primero de los coches entró por la aduana habanera, procedente de París, respondiendo a un pedido del rico comerciante José Alonso.

Sin embargo la transformación actual no niega el buen gusto del cubano por este tradicional carruaje.

No importan los vehículos introducidos con la modernidad para este tipo de circulación, los tranvías, los autobuses, los taxis y hasta la bicicleta. El coche mantiene su estilo y características propios –eso sí- y a tono con los nuevos tiempos hace años sirve de atracción para los turistas foráneos que nos visitan, quienes no desdeñan un agradable paseo en ellos.

No en balde son muchos los que opinan que este transporte tiene y da distinción en las orientales ciudades de Bayamo, denominada “la ciudad de los coches”, y de Guantánamo; de Cárdenas y el balneario de Varadero en la región occidental, y las centrales provincias de Santa Clara, Sancti Spíritus, Sagua la Grande o Ciego de Ávila.

En ellas transitan los añejos coches devenidos patrimonio de los habitantes de urbes que acentúan lo histórico en calles que conservan adoquines, motivo de un pasado presente.

En cada territorio los propietarios los han dotado de elementos distintivos regionales y algunos hacen galas de adornos, nombres o refranes colocados como anuncios que constituyen un “valor agregado” a este carruaje de más de 140 piezas hechas y ensambladas a mano.

Nacidos de la curiosa labor de verdaderos artesanos, una vez colocados sus primeras partes, ruedas y asientos son unidos a las cuatro ruedas en una caja grande ubicada sobre muelles, con asientos para cuatro o más personas.

Sin considerar la cifra exacta de los cocheros, un antiguo oficio mayoritariamente masculino, este carruaje contribuye a aliviar la transportación en tiempos de déficit que presenta el país hacia el interior del territorio nacional, en particular.

No importa que proliferen los “cocotaxis” o los “almendrones”, y el ómnibus articulado sea capaz de llevar muchas personas hasta en el estribo; los coches no pierden vigencia y exhiben hidalguías.

En tanto pueda contarse con el parque automotor que satisfaga necesidades de la ciudadanía en provincias, e infraestructuras y el sistema vial alcancen mayoría de edad, en medio del bloqueo económico y resistencias, los coches tirados por caballos seguirán gozando de la vigencia e hidalguías que se ganaron al paso del tiempo.

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