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Domingo, 25 Febrero 2018
El héroe de pupila insomne
  • Escrito por Ania Delia Infante Fernández
En este artículo: Historia
Escultura de Rubén Martínez Villena ubicada en su Casa Natal en la provincia cubana de Artemisa. Foto: cnpc.cult.cu
Por más que intento desinhibirme, el papel en blanco continúa intimidando. Supongo que, según el escritor, son las reacciones que ocasiona.
Rubén Martínez Villena, poeta, intelectual y revolucionario

A mí, me da terror; a Rubén simplemente le ocasionaba una sensación de desprendimiento tan literal que se libró de una parte considerable de lo escrito.

Su estampa de héroe me llegó primero con la Historia de Cuba, la Protesta de los Trece y la Huelga de agosto de 1933. Su “Canción del sainete póstumo” vino sin querer, gracias a las manos y la voz de mi tía y ya no hubo marcha atrás...

Busqué entonces todo lo que de su pluma pude encontrar, todo lo que él permitió perdurarse; y fui descubriendo la evolución, no solo de su pensamiento y su acción, sino también de su poesía, donde el empuje y la preocupación visceral por el contexto social, se hicieron cada vez más perceptibles.

Pasó de escribir poemas completamente existenciales y románticos a conjugar verbos refinados y sanguíneos con los que canalizó sus más grandes frustraciones y sobrellevó, en alguna medida, sus terribles desequilibrios emocionales.

Entonces, admiro a Villena de muchas formas: por el hombre consecuente que fue, por su lucidez extraordinaria, por el empeño de libertad que poseyó y lo condujo a su fin. Porque realmente atisbó en la vida sus “ensueños de muerto” y aunque permaneció con “la pupila insomne y el párpado cerrado”, supo que llegaría el día de dormir “con el párpado abierto”.

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