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Viernes, 27 Abril 2018
Todo el amor por una sonrisa (+ Audio)
Mileydis Alana, educadora del círculo infantil Pequeños Proletarios por más de 20 años. Foto: Betsy Segura Oro
Para ella no existe mejor regalo que la sonrisa de los pequeños que recibe en su círculo infantil cada mañana. Su nombre es Mileydis Alana, pero para los duendes y princesas del tercer salón Adel círculo infantil Pequeños Proletarios de la ciudad de Holguín, simplemente se resume en una palabra de amor: seño.

Con más de 20 años de experiencia Mileydis es uno de los tantos educadores holguineros a los que homenajeamos en esta jornada, que se extenderá hasta el próximo 22 de diciembre.

¿Cuántos años de experiencia tienes en esta hermosa pero nada fácil labor de ser educadora de un círculo infantil?

Ya son 21 los años de trabajo que acumulo y aunque dice la canción que 20 años no son nada para mí es una vida consagrada a esta bella profesión a la cual he dedicado todo el amor que profeso por la educación.

Se habla de la vocación, de la ternura pero ¿cuáles son las características que en tu criterio jamás le deben faltar a una persona que trabaje con niños de estas edades?

Como bien dices no deben faltar el cariño desmedido, el amor por lo que hace aún y cuando existan algunas dificultades materiales, la entrega, la dedicación a ese niño que recibimos a primeras horas de la mañana y que se pasa buena parte de su día junto a nosotras. En resumen son nuestro mundo y por tanto debemos amarlos y cuidarlos.

¿Para ti que fue lo más complicado en tu vida laboral como educadora de círculo infantil?

Creo que no fue tan complicado porque siempre me gusta lo que hago, pero sí superarme constantemente y tratar de ser mejor para transmitir mis conocimientos a los niños de mi salón.

Con tantos años de labor aunque aún eres joven, seguro atesoras historias memorables...

Por supuesto, por ejemplo hace un tiempo visité una escuela de mi comunidad y me encontré a una joven instructora de arte en música y cuando se acerca a mí me llama seño, yo no la reconocí pero ella sí y me dijo que yo la había cuidado cuando era apenas una bebé de seis meses en lo que fue el salón de lactantes en los círculos infantiles y los años posteriores. Me dijo que siempre me recordaba con mucho cariño y que me agradecía por todo... imagínese mi emoción en aquel momento. Historias como esa me sucede a cada rato, es que son muchos años y muchos niños.

¿Cuál sería entonces tu consejo para esos jóvenes, que a veces no optan por una carrera pedagógica por temor o desconocimiento?

Que no debemos temer a lo desconocido, es cierto que la labor del maestro es de las más difíciles pero también de las más reconfortantes, pues nada tiene más valor que esa sonrisa que te regala cada mañana un niño o esa palabra que te dice dulcemente: “seño te quiero mucho”.

No existe mayor amor que el que profesan esos hombres y mujeres que se entregan al noble oficio de educar. Por eso nunca es suficiente el homenaje para esos, que como Mileydis entregan su vida al magisterio.

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