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Sábado, 23 Septiembre 2017
Padre no es cualquiera
En este artículo: Holguín Cuba
No importa que haya que aprender a cambiar pañales, a preparar la leche o que a su diminuto tesoro le dé por ponerse en alarma de combate a las tres de la madrugada, porque él no sabe que al día siguiente papá debe trabajar. Foto: Rdio Rebelde
Supe de un hombre que deseaba con todas sus fuerzas recibir el inmenso regalo de tener descendencia y, pese a la distancia y los obstáculos, no perdió las esperanzas. Finalmente cuando lo logró y tuvo entre sus brazos a su más preciada Gema vi cómo brillaban sus ojos y cuánta alegría albergaba su ser.

Y es que pese a que muchos aseguran que madre es una sola y padre cualquiera la realidad demuestra que no es así. Un padre, uno de verdad, es el mejor guardaespaldas, el compañero ideal para jugar pelota, el mejor maestro para aprender a montar bicicleta, aunque a veces se vuelva refunfuñón y pensemos ¡ño, al viejo se le fue la mano!.

No importa que haya que aprender a cambiar pañales, a preparar la leche o que a su diminuto tesoro le dé por ponerse en alarma de combate a las tres de la madrugada, porque él no sabe que al día siguiente papá debe trabajar.

Viste brillante armadura y se convierte casi en guardián cuando presiente que algún galán corteja a su princesita, no porque sea malvado, sino porque ha comenzado a sentir celos de ese otro caballero que ha irrumpido en la vida de su pequeña. Quisiera dotarla de la más fuerte de las corazas para protegerla contra los sufrimientos, pues sabe que no la puede privar de vivir, aunque no falta su palabra previsora.

Es el mejor amigo, confidente y cómplice de los primeros lances amorosos cuando la voz comienza a denunciar que el niño está creciendo. No faltan entonces los consejos sobre cómo debe comportarse un hombre con las mujeres, no importa cuánto hayan cambiado los tiempos o que ya los amigos se le hayan adelantado con las conferencias y ahora el alumno casi supere al maestro.

Su cariño siempre está ahí, al alcance de la mano, aunque los juegos de antaño no nos hagan mucha gracia, pues ya somos mayorcitos y las motonetas quedaron atrás, sin darnos cuenta que esa es otra muestra de afecto.

Un padre se emociona con los éxitos de sus eternos niños y no es que esté llorando, que va, solo se coló una pajita. Le brillan los ojos cuando habla de sus hijos. A veces quisiera detener el tiempo porque sabe que sus pichones ya han aprendido a volar y un día dejarán el nido.

Así pasa el tiempo. El tronco comienza a extenderse en ramas y nuevos frutos. Y el viejo está feliz, se siente dichoso, satisfecho, pues sabe que su trabajo de amor está hecho, porque un buen padre no prohíbe, aconseja. No impone respeto, se lo gana con cariño. No dice qué hacer, da el ejemplo.

Con información tomada de Radio Juvenil

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