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Domingo, 25 Septiembre 2016

Vida en pareja: Lo que no conviene hacer
Enamorados. Foto: juventudrebelde.cu
Cada persona es única y traslada sus peculiaridades al ámbito de la relación de pareja. A unos les gusta mandar y otros tienen un perfil más sumiso o conformista; unos prefieren decidir y otros que decidan por ellos; a unos les encanta dar y darse al otro, otros parecen haber nacido sólo para recibir; unos necesitan más cariño y a otros les abruman las emociones a flor de piel. La pareja es un ente peculiar, formada por dos miembros a su vez distintos.

Vida en pareja

No hay una fórmula que garantice el éxito de la pareja, pues cada unión se rige por reglas, normalmente no explicitadas por sus miembros, que sirven para mantener viva y armónica la relación mientras exista. Para fomentar su armonía existen dos puntos de partida: la igualdad de derechos de sus miembros y una dinámica activa, equilibrada, participativa y sincera en el desarrollo de la relación a lo largo del tiempo.

La búsqueda de armonía mueve a muchos a intentar identificar todo aquello que conviene evitar y también lo que se debe hacer cuando surgen los desencuentros. Debemos desterrar los silencios con significados negativos, los enfados soterrados y los rencores acumulados. En su lugar, hablemos, pongamos un diálogo constante y negociemos para lograr consenso y acuerdos.

Lo importante es mantener buen ambiente, evitar agravios y desconsideraciones. No temamos las contradicciones ni las crisis, intentemos utilizarlas para fortalecer la relación. Otra práctica a desterrar es la culpabilización. Abandonemos la búsqueda de un culpable y pasemos a considerar lúcidamente qué parte de responsabilidad corresponde a cada uno en los hechos.

incomunicacion pareja f jrebeldeLos sobreentendidos, los silencios acusatorios y las suposiciones generan desconfianza y distanciamiento. Una pregunta o un comentario a tiempo frenan ansiedades, malestares y permiten que fluya la comunicación. Otra cosa es cuando surgen problemas muy álgidos, discrepancias profundas en temas esenciales, relaciones sentimentales fuera de la pareja, aburrimiento o cansancio, que llevan al deterioro de la relación; situaciones que también hay que enfrentar.

Vivir en pareja no debe significar una actitud de dar sin límites y no esperar nada a cambio. Eso genera desequilibrios que, antes o después, terminarán pasando la cuenta. Aquí, al igual que en toda relación, hay que dar y recibir. Las desigualdades pueden dar lugar a situaciones de dominio que generan insatisfacción.

Conviene que nuestra pareja sepa qué nos gusta y cómo lo queremos. Hemos de mantenerla informada del momento que vivimos, porque no siempre sentimos, ni queremos lo mismo: nuestra vida es una sucesión de etapas, cada una de ellas con peculiaridades propias. Somos, afortunadamente, muy distintos, pero también compartimos cosas: a todos nos gusta que nos respeten, que nos quieran, que cuenten con nuestra opinión, que nos valoren como personas en toda nuestra dimensión.

El cuerpo es un gran comunicador. Si queremos mantener un diálogo fluido con nuestra pareja, las relaciones corporales, no sólo las sexuales, han de ser cotidianas y satisfactorias para ambos. Las caricias, los besos y los abrazos ayudan a garantizar que permanezcan la calidez, la ilusión y la búsqueda del disfrute. La pareja se hace cuando cada día sentimos que vamos juntos en el mismo camino, comunicándonos desde el cuerpo y la palabra, y compartiéndonos de forma incondicional; basados en la comunicación, la confianza, el respeto, la ternura y el placer.

Lo que no conviene hacer

- Esperar a que tu pareja adivine lo que quieres y necesitas, que se adelante a tus deseos antes de formulárselos, que renuncie a su vida personal y te coloque en el centro de su existencia, que sea la procuradora de tu felicidad.

- Responsabilizarle de tus frustraciones, de que lo que obtienes de tu vida de pareja no se corresponde con tus expectativas.

- Competir por quién es más o menos, mejor o peor, quién le debe más o menos al otro, quién es el que más pone o hace para mantener viva la relación.

- Ser infiel al proyecto en común, pero no entendido exclusivamente como las relaciones sentimentales y sexuales con otra persona sino en su totalidad.

- Acumular, sin sacarlos a la luz y sin comentarlos de forma relajada, desaires, desacuerdos, enfados, reproches, faltas de respeto y desilusiones.

- Dudar de la otra persona. Las fisuras por falta de confianza suponen el inicio del resquebrajamiento de la pareja. Es difícil amar a alguien de quien se duda.

- Permitir o propiciar los silencios ante situaciones que pueden provocar un desencuentro o discusión. Piensa positivamente que una circunstancia crítica puede ayudar a aclararles, a adoptar compromisos y acuerdos.

- Renunciar a formular tus quejas y necesidades de una forma clara, concisa y directa. Has de mostrar una clara intención de negociar cambios concretos y de acordar en firme todas las cosas que planteas.

- La ironía, el sarcasmo, la crítica destructiva, el grito, el insulto, la ridiculización, la descalificación o el desdén al dirigirte a la otra persona. Todo puede decirse con un mínimo de respeto y corrección. Lo cortés no quita lo valiente.

- Relegar las relaciones sexuales a un plano secundario. Ellas son imprescindibles para el mantenimiento del compartir, de la confidencialidad y la ilusión. La carencia de estas abona el desánimo, la apatía, la rutina y la inercia en que pueden llevar a un callejón sin salida.

- Gestionar mal las cosas prácticas. Una vida en común tiene muchos aspectos prácticos y cotidianos sobre los que hay que llegar a acuerdos: tareas domésticas, crianza de los hijos, gastos y otros cometidos familiares. Lo mejor es una negociación continua que se adapte a cada etapa de la relación.

- Creer que sólo existes tú como miembro de la pareja. La relación es cosa de dos, pero de dos que suman. Por tanto, empieza por ti, por ello debes cuidarte física y anímicamente, hacer que tu vida sea rica en situaciones, experiencias nuevas y sensaciones; aportar riqueza a la relación.

Para no perjudicar la vida en pareja se debe ser leal al compromiso, trabajar día a día para ese proyecto común, hacer que la ilusión inicial crezca, o al menos se mantenga, y la vida resulte gratificante para ambos.

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