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Martes, 20 Febrero 2018
Pasajes de la Revolución Cubana, un libro a retomarse
En este artículo: Historia libro
Tropa mambisa en una carga al machete. Ilustración tomada del periódico Granma
Ante mí “Pasajes de la Revolución Cubana”, un libro escrito por Manuel de la Cruz y que ha ido despareciendo de las bibliotecas por razones ignoradas por este autor; pero la inauguración de la edición de la Feria Internacional del Libro en La Habana de este 2018 motiva a escribir sobre este texto que adquiere doble significación para los cubanos. Algunos se preguntarán por qué esa connotación, pero para quien escribe son argumentos más que suficientes.

Se sabe que todo libro es fuente de ilustración, esa sería una primera razón; un segundo argumento es que sin ser un libro de historia se adentra en pasajes de la lucha de los cubanos por su independencia del yugo colonial español y que se concibe de una forma atrayente, sin edulcoración eufemística; y un tercer argumento es que no solo fuera leído por un acucioso lector como José Martí Pérez, sino también porque el Héroe Nacional Cubano derramó elogios para con el mismo.

Estando Martí en Nueva York, durante la preparación de la Guerra de 1895, recibió un ejemplar de Pasajes de la Revolución Cubana, que Manuel de la Cruz le enviara sabiendo que una mente como la suya sabría valorar este libro breve pero intenso que aborda hechos ocurridos durante la Guerra Grande iniciada por el patriota bayamés Carlos Manuel de Céspedes en 1868.

En carta de respuesta Martí le dijo a Manuel de la Cruz: “Es historia lo que usted ha escrito; y con pocos cortes, así para que perdurase y valiese, para que inspirase y fortaleciese, se debía escribir la historia”.

Y tanto apreció Martí la obra que se tiñe de sangre y coraje que afirmó en la misiva: “Hay veces en que se desea besar el libro”, y sobre hechos o personajes que le estremecieron acota: “Llame vil al que no llore por su Sebastián Amábile”, uno de los tantos héroes cuya historia estremece, y como padre bueno que fue, aspiraba un ídolo para su retoño José Francisco: “Para mi hijo no quiero más gloria que la de Viamonde”.

Es Pasajes de la Revolución Cubana en verdad un libro para saciar la sed que nos queda de las clases de historia, esa que los maestros no siempre llegan a abarcar por más que se lo propongan.

Manuel de la Cruz escribió para el cubano un libro a tomar en cuenta si se quiere ir más allá de la epidermis, y para el holguinero orgulloso de su historia mucho más pues en más de una ocasión hay hechos o evocaciones que les tocan sus fibras.

Léase el primer pasaje para sentir y vivir junto a los expedicionarios del Perrit lo narrado por De la Cruz sobre el asedio español tras el desembarco en la península de El Ramón, en el actual municipio de Antilla, para saber del arrojo cubano y de ciudadanos estadounidenses como el General Thomas Jordan y del más célebre combatiente Henry Reeve o el Inglesito, quienes juntaron voluntades para ver una Cuba libre, y sin presencia extranjera colonizadora.

Y el orgullo holguinero se eleva cuando se hace referencia a sitios como Holguín, Bijarú, a las bahías de Nipe y de Banes, o cuando se conoce de la presencia de combatientes de naciones distantes como Hungría y Polonia, y se habla de la caída en el ataque a Barajagua – en el actual municipio de Cueto – del polaco Estanislao Melowicht, porque ese episodio primero titulado “Narración de un expedicionario” nos convence como dijo Martí al referirse a la gloria vivida por esos hombres que sacrificaron su vida por la libertad de la nación que “Ya nada nuevo podemos hacer los que vinimos después. Ellos se han llevado toda la gloria”.

Entonces, léase este libro con el mismo deber y placer que José Martí Pérez, para saberse cada vez más cubano; pero para ello se precisa de su reimpresión y posterior divulgación y comentario en las aulas, con la familia o tertulias que los cubanos sabemos armar sin que sea organizada por institución cultural alguna, porque todos agradecidos diremos como el Apóstol de la Patria: “Otro le peleará un adjetivo o le disputará un verbo; yo, que sé lo que se suda en el taller, saludo con un fuerte apretón de manos al magnífico trabajador”.

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