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Miércoles, 21 Febrero 2018
Tula, “La Peregrina” enamorada
La poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda. Foto: Archivo
¿Con qué velo tu amor cubrió mis ojos,
que por flores tomé duros abrojos,
y por oro la arcilla?... (1)

Considerada una de las principales representantes del romanticismo en Cuba, la camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda no sólo destacó por la belleza literaria de su obra. Su discurso poético y su pensamiento revolucionario en defensa de los derechos de las mujeres sentó las bases del discurso emancipador de la mujer en siglo XIX.

El 23 de marzo de 1814 nacía en la antigua Santa María de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, la pequeña Tula, hija de un Comandante de la Marina Española y de una joven cubana perteneciente a una de las familias más ricas de la mayor de las Antillas.

Educada como una señorita de alta aristocracia criolla, Gertrudis mostró, desde sus primeros años, un interés desmedido por la literatura y pronto se sumergió en la lectura de los grandes románticos franceses e ingleses como Víctor Hugo o Lord Byron.

Sin embargo, a muy corta edad conoció por vez primera la fría cara de la muerte pues en 1823, su padre moría por lo que un año después su madre volvería a contraer matrimonio con un nuevo señor, Isidoro de Escalada, quien nunca tuvo una buena relación con la pequeña Tula.

Llegada a la pubertad la jovencita mostraba sus primeras ideas emancipadoras al no aceptar un matrimonio de conveniencia pactado por su familia a pesar de que eso conllevaba a perder la importante herencia de su abuelo.

Sería en 1836 cuando la Avellaneda abandonaría el archipiélago, por primera vez, al instalarse su familia en Sevilla tras la decisión de su padrastro de regresar a España.

Quizás fue el ambiente un poco bohemio y cultural que caracterizaba a la ciudad andaluza, lo que despertó en la cubanita sus inquietudes de creación, por lo que bajo un seudónimo, “La Peregrina” escribió poemas y cuentos en varios periódicos y revistas locales con gran éxito.

Sería por esta época cuando Tula conoció Ignacio de Cepeda, quien sería su gran amor y, a la vez, su fuente de tristeza pues su pasión no fue totalmente correspondida.

El desengaño vivido inspiró no pocos poemas en los cuales la idea de la tristeza y el engaño suele ser un tema recurrente:

¡Cayó tu cetro, se embotó tu espada...
Mas ¡ay! ¡Cuan triste libertad respiro!
Hice un mundo de ti que hoy se anonada,
Y en honda y vasta soledad me miro. (2)

Gabriel García Tassara llegó a la vida de Tula con la fuerza de un torbellino que desperdigó no solo su alma sino también su obra. Con él tuvo otra tortuosa relación que terminó con un embarazo fuera del matrimonio, un escándalo para la sociedad de la época. Soltera y encinta, Gertrudis llegó a pensar que era el fin de su carrera literaria y así lo plasmó en su obra Adiós a la lira.

Tristemente la muerte volvería a golpear a esta mujer cuando le arrebató a su pequeña hija con tan solo siete meses de vida.

Sin embargo, en 1845 recibió dos premios del Liceo Artístico y Literario de Madrid y se situó a la cabeza de los principales escritores del momento.
Aplaudida en lo profesional pero sola en su vida sentimental, Gertrudis aceptó un matrimonio con Pedro Sabater, Gobernador civil de Madrid. Este su primer matrimonio tampoco le daría la felicidad. Seis meses después Sabater moría súbitamente.

Tras un segundo matrimonio en 1856 con Domingo Verdugo, político de profesión, regresa a vivir en Cuba. Durante este tiempo editó el periódico de mujeres “Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello” en el que mostró abiertamente su defensa de los derechos de las mujeres a la educación, así como su capacidad de liderazgo, estableciendo las primeras bases del discurso emancipador.

Tras perder a su segundo conyugue, Gertrudis regresa a Sevilla, España, donde moría de diabetes el primero de febrero de 1873. Tenía 58 años.
Aunque un poco olvidada en su país, al que tanto amó, su obra ha inspirado a cientos de mujeres escritoras y se le considera una de las mejores representantes de la literatura cubana.

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente. (3)

POEMAS:
1. Amor y orgullo
2. (Poema A...)
3. Al partir

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