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Martes, 21 Noviembre 2017
Una novela escrita en tiempos de tristeza
El Héroe Nacional cubano José Martí. Foto: Archivo
Cuentan que cuando Gonzalo de Quesada le preguntó a José Martí sobre la novela Amistad funesta, que salió publicada por entregas en el periódico neoyorquino El Latinoamericano, en Nueva York, el Apóstol le contestó que fue escrita en tiempos de lucha y de tristezas bajo el seudónimo de Adelaida Ral.

Era el año 1885 y Martí, según reconoció un tiempo después, dejó correr su pluma en correspondencia con sus recuerdos, tal vez por el progresivo alejamiento de su esposa.

El amigo personal y albacea literario del Maestro, en la introducción a la edición que hiciera de esta obra en 1911 expresó: “A una miseria por palabra se pagó este trabajo, elevado de pensamiento, galano de estilo, con enseñanzas, como todo lo suyo, para sus compatriotas; con algo de su propia existencia”.

Sobre ese tema se han realizado diversas investigaciones por especialistas vinculados al Centro de Estudios Martianos. La referida novela en un principio se conoció como Amistad Funesta y luego se reeditó con el título de Lucía Jerez, en alusión a uno de sus personajes.

Estudiosos de la obra martiana como la prestigiosa investigadora Fina García Marrúz estiman que la referida narración tiene gran riqueza y pluralidad de estilo.

Con esa obra el Apóstol diseñó un nuevo tipo de novela. Existen diversos criterios, como que el escenario es Guatemala, pues se dice que fue un suceso ocurrido hace varios años en América del Sur.

Puede, según otras valoraciones, haber sido una evocación a María García Granados, la joven que inspiró La niña de Guatemala, pero también aparecen rasgos de cubanía, pudor viril y recato.

No puede ubicarse como una novela autobiográfica, aunque hay personajes que adoptan el propio lenguaje de Martí.

Prueba palpable de la encomiable labor de los investigadores cubanos Pedro Pablo Rodríguez e Ibrahím Hidalgo, fue la edición crítica de la obra Lucía Jerez, presentada hace ya un tiempo, en el aniversario 115 de esa publicación en el Centro de Estudios Martianos.

La edición se basó en el hallazgo de los números del periódico El Latinoamericano, que datan de 1885 y que fueron encontrados por Pedro Pablo e Ibrahím en Nueva York y México.

A partir de ahí se hizo una comparación entre esa publicación y la realizada posteriormente por Gonzalo de Quesada en las Obras Completas del Apóstol.

En esta nueva edición advertimos los cambios mediante notas al pie de páginas, lo que constituye un valioso trabajo.

(Con información de Agencia Cubana de Noticias)

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