el psiquiatra y tu02

En esta serie de artículos en los que andamos por “los caminos del estrés”, he comentado sobre diferentes aristas o tópicos de tan abarcador tema. Hoy me detendré en hacer algunas precisiones sobre los factores o situaciones que pueden desencadenar la respuesta de estrés en los seres humanos.

Mujer estresada. Imagen enviada por el autorVarios científicos ven el estrés como una reacción de nuestro cuerpo a cambios repentinos en el ambiente. Así como los animales, la gente necesita energía suficiente para permanecer, luchar o escapar cuando hay un peligro. La reacción normal del cuerpo a una situación peligrosa es el aumento de la palpitación del corazón, la tensión muscular y la presión arterial.

En la vida de hoy, la gente no enfrenta los peligros que solía tener el hombre hace ya muchos años, como por ejemplo las luchas con animales para salvar a sus familias. Sin embargo, enfrentamos situaciones que hacen que nuestro cuerpo reaccione de forma similar con palpitaciones más rápidas, tensión en los músculos, aumento de la presión arterial y sudoración. Tales reacciones físicas y emocionales nos ayudan a incrementar nuestra concentración y otras funciones corporales para prepararnos ante un reto.

Después de enfrentar un reto, el cuerpo se relaja y tanto la palpitación del corazón como la tensión muscular y la presión arterial retornan a niveles normales. Esto le da al cuerpo la oportunidad de recomponerse físicamente, y al individuo de sentirse recompensado por superar el reto.

El hecho de que las personas suden un poco o que su corazón palpite más rápido antes de una presentación o un examen es una ventaja que los ayuda a superarse. Estos tipos de situaciones se llaman “retos”, “buen estrés” o “estrés menor”.

Cuando las situaciones que causan las reacciones de estrés emocional o físico son constantes, permanentes en el tiempo, causan repetidas tensiones en los músculos y variadas alteraciones de la fisiología de nuestro organismo que pueden llegar a desencadenar enfermedades. Este tipo de situación se llama “mal estrés” o “estrés crónico”.

¿Cuáles pueden ser los factores que generan estrés?

Al analizar las situaciones estresantes, se ha puesto de manifiesto la distinción entre varias fuentes de estrés: sucesos extraordinarios, sucesos menores, situaciones crónicas y estilos de vida.

1. Sucesos vitales intensos y extraordinarios.

Los sucesos vitales son definidos como experiencias objetivas que alteran o amenazan con alterar las actividades usuales del individuo causando un reajuste sustancial en la conducta del mismo. Siguiendo esta línea se producen situaciones estresantes como resultado de la aparición de cambios importantes como tener un hijo, perder el empleo, accidentes, catástrofes. Estos acontecimientos exigen al sujeto un esfuerzo de adaptación intenso, que conlleva respuestas de estrés.

2. Sucesos menores (estrés diario).

Los acontecimientos estresantes diarios producen más respuestas de estrés y efectos negativos, psicológicos y biológicos más importantes de lo que puedan generar acontecimientos extraordinarios y poco frecuentes. Son sucesos más frecuentes, de ocurrencia diaria, o casi diaria, y más próximos temporalmente al individuo. Pertenecen a este tipo de sucesos las disputas familiares o de pareja, dificultades con el transporte y los problemas económicos, entre otros.

Muchos especialistas sugieren que tanto el estrés menor como las satisfacciones que caracterizan la vida cotidiana poseen mayor significado para la salud que los sucesos mayores o vitales.

3. Situaciones de tensión crónica mantenida.

Son situaciones capaces de generar estrés que se mantienen durante largos periodos de tiempo, como una enfermedad prolongada, una mala relación con la pareja durante varios años, dificultades en la convivencia.

3. Estilos de vida.

El tipo de profesión, las aficiones, la frecuencia de contactos sociales, los hábitos tóxicos, el empleo del tiempo y la práctica o no de ejercicios físicos, entre otros, van a determinar en gran medida las demandas a que las personas se verán sometidas, facilitando en mayor o menor grado las situaciones de estrés.

Veamos ahora las características de las situaciones de estrés.

Aunque un acontecimiento solo será estresor si el individuo lo percibe como tal, se pueden señalar algunas características que comúnmente se suelen presentar y que contribuirán a hacer “estresante” una situación:

• El cambio o novedad en la situación supone la aparición de nuevas demandas a las que el individuo se tiene que adaptar. Un cambio en la situación habitual puede convertirse en estresante o en amenaza.

• La falta de información e incertidumbre. Si se produce un cambio en la situación y no tenemos información alguna acerca de qué se nos demanda o qué sucederá, puede ocurrir que esta incertidumbre provoque respuestas de estrés. La sensación de incertidumbre e indefensión es estresante.

• La predecibilidad se refiere a la posibilidad de anticipar o predecir lo que puede ocurrir. Cuanto menos predecible sea una situación mayor grado de estrés originará.

• La ambigüedad de la situación de estrés, es decir, si la información para evaluar una situación no es clara, específica o concreta admite interpretación. Lo mismo ocurre si la información es excesiva o deficitaria. A mayor ambigüedad de la situación, corresponde más estrés.

• La inminencia es el intervalo de tiempo que transcurre desde que se predice un acontecimiento hasta que realmente ocurre. Cuanto más inminente sea un acontecimiento más intensamente es valorado como estresante.

• La duración de la situación de estrés, esto es, cuanto más duradera es ésta, mayores serán las consecuencias negativas para la persona.
• Las alteraciones en las condiciones biológicas del organismo que implican desde el consumo de sustancias nocivas (por ejemplo, excitantes) hasta la exposición a condiciones ambientales estresantes (como el ruido intenso).

• La intensidad del estresor, es decir, a mayor severidad o intensidad del estimulo estresor, mayor será la respuesta de estrés.

Una vez que te das cuenta que estás estresado (o estresada), es muy importante identificar la causa. ¿Qué es lo que te causa el estrés? ¿Qué situaciones producen cambios en tu cuerpo, nuevos sentimientos o comportamientos? ¿Puedes hacer una lista de las cosas que más te estresan?

Si puedes responder a estas preguntas ya tienes elementos para poder hacer algo a tu favor, replantearte la manera de percibir lo que sucede y buscar soluciones más adecuadas, si es que existieran. Recuerda que el estrés vive con nosotros, hemos de acogerlo, tomar lo bueno de él y controlar su cara negativa, aprendiendo habilidades, estrategias de afrontamiento y de solución de problemas y por ello será todo un reto, siendo nosotros mismos los responsables de actuar para mejorar nuestras condiciones físicas, psicológicas y prevenir posibles deterioros.



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