Es evidente que las situaciones de la vida cotidiana las percibimos de formas diferentes, lo que para unos representa una amenaza, para otros no es más que una oportunidad. La forma en que cada uno experimenta el estrés está influenciada por diversos elementos denominados factores moduladores de la respuesta al estrés, que pueden ser factores de riesgo o protectores. Esto ya lo había señalado en uno de mis artículos.
Te invitamos a que autoevalúes tu fortaleza personal
Al hablar sobre la vulnerabilidad ante el estrés, nos referimos al grado de susceptibilidad de los sujetos a sufrir las consecuencias negativas de este. Esta susceptibilidad suele enfocarse, como lo hace Dionisio Zaldívar, profesor de Psicología de la Universidad de La Habana, en términos de perfiles de riesgo y de seguridad.
Ahora bien, ¿a qué llamamos perfil de riesgo y perfil de seguridad?
Perfil de riesgo: es el que está conformado por determinadas características deficientes o negativas de la personalidad del sujeto, experiencias y vivencias traumáticas, elementos entorpecedores y amenazantes del ambiente, inadecuados estilos de evaluación y afrontamiento de las situaciones conflictivas. Estos elementos disminuyen la tolerancia al y aumentan la vulnerabilidad individual, y como consecuencia de ello aumenta también la probabilidad de presentar trastornos y enfermedades vinculadas con el estrés, las cuales afectan el bienestar.
Perfil de seguridad: este está conformado por características eficientes o positivas de la personalidad del sujeto, experiencias y vivencias vitales satisfactorias, elementos facilitadores del ambiente, adecuados estilos de evaluación y afrontamiento de las situaciones conflictivas. Estos elementos aumentan la tolerancia y disminuyen la vulnerabilidad individual, lo que hace que también disminuya la probabilidad de presentar trastornos y enfermedades que se relacionan con el estrés, afectando el bienestar.
En su libro “Conocimiento y dominio del estrés”, de la editorial Científico-Técnica, el profesor Zaldívar hace una amplia explicación sobre este particular. Veamos cuáles son estos factores.
Estilo de Vida: Por estilo de vida se denomina a aquellos patrones cognitivos, afectivos-emocionales y conductuales que muestran cierta consistencia en el tiempo, bajo condiciones más o menos consistentes y que pueden constituirse en factores de riesgo o seguridad, dependiendo de su naturaleza. Un estilo de vida saludable constituye un importante factor en la configuración del perfil de seguridad.
Se trata de comportamientos que disminuyen los riegos de enfermar, como un adecuado control y tratamiento de las tensiones y emociones negativas, un buen régimen de ejercicios, sueño y distracción; el control y la evitación del abuso de sustancias como la cafeína, nicotina y alcohol; una correcta distribución y aprovechamiento del tiempo.
La autoestima: Es el juicio personal de valía, de autovaloración positiva que es expresado en las actitudes que el individuo adopta hacia sí mismo. La autoestima tiene gran incidencia sobre la interacción que los sujetos mantienen con su ambiente y la respuesta de ellos a determinadas exigencias; así como con la posibilidad o expectativas de control sobre las situaciones conflictivas. El nivel de autoestima matiza el tipo de respuesta y de afrontamiento en situaciones de estrés.
El control: Es una de las variables más importantes en cuanto al manejo de las situaciones estresantes. Tener o percibir algún control sobre los eventos estresores, aumenta el grado de tolerancia al estrés y reduce la severidad de sus efectos negativos. Los sujetos que se perciben como portadores de una baja capacidad de control del medio, suelen ser más vulnerables en su afrontamiento.
El afrontamiento: puede ser considerado como un mediador de la reacción emocional frente a situaciones estresoras; incluye tanto mecanismos de defensa clásicos, como diversas conductas o estrategias para enfrentar los estados emocionales negativos y solucionar problemas. Las principales funciones del afrontamiento son:
1- Intentar la solución del problema
2- Regular las emociones
3- Proteger la autoestima
4- Manejar las interacciones sociales.
Lo importante es que la persona desarrolle una actitud que la lleve a buscar, en cada caso, soluciones de la forma más realista de acuerdo con los ajustes que se requieran.
Apoyo social: Está demostrado el valor de los contactos sociales como elemento protector para el ser humano (relaciones positivas con familiares, amigos, compañeros de trabajo). El papel protector del apoyo social ante situaciones de estrés consiste en la información y recursos que ofrecen otras personas del entorno que minimizan la percepción de amenaza y maximizan la percepción de control.
El apoyo social actúa como un importante modulador del estrés, su presencia ofrece una guía y orientación para la acción, y contribuye a identificar recursos personales y sociales.
Fortaleza personal: Importantes en el aumento de la tolerancia al estrés es la fortaleza personal, a la que algunos autores se refieren como personalidad resistente. En este concepto se consideran aspectos tales como: grado de compromiso que los sujetos asumen con lo que emprenden, la tendencia a evaluar las dificultades como reto, como algo que pone a prueba sus capacidades y no como una amenaza; el sentimiento de control sobre las propias circunstancias y la tendencia a enfocar los problemas de forma realista y con optimismo, centrado en la acción y la búsqueda de posibles soluciones.
Como factores de importancia que contribuyen a la fortaleza personal se consideran los vinculados con el sistema de valores y creencias del sujeto y su cosmovisión, que le posibilitan enfrentar con firmeza y optimismo las dificultades y situaciones conflictivas.
Cosmovisión positiva y optimista: Cada hombre o mujer tiene un sistema de creencias, juicios y valores sobre si mismo, sobre los demás, sobre el sentido de la vida, que se convierten en importantes recursos de afrontamiento.
Una cosmovisión positiva no se restringe a las creencias sobre si mismo, sino que incluye creencias positivas sobre los demás y la existencia misma. Cuando una persona funciona bajo el precepto de “no creer en nada ni en nadie”, poco éxito puede tener al afrontar los problemas de la vida cotidiana, pues queda poco espacio para la esperanza y el optimismo que sustentan el esfuerzo y la perseverancia.
Por el contrario, un sistema positivo de creencias sobre los demás y sobre la vida es una fortaleza para el afrontamiento de los problemas. De igual manera una fuerte convicción religiosa, la fe en la justicia y la lealtad o cualquier otra sólida creencia sobre los valores humanos favorecen resultados positivos.
Habilidades solucionadoras de problemas: Si bien una cosmovisión positiva es un potente recurso, para afrontar con efectividad los problemas, con ello no es suficiente. La vida es altamente compleja y repleta de demandas prácticas, lo que presupone que las personas sean capaces de encontrar respuestas a los problemas que afrontan. No por gusto alguien afirmó una vez que “el problema no es el problema,... sino la solución”, un problema para el cual se cuenta con los recursos precisos deja de serlo.
Es por ello que desarrollar la habilidad para buscar y encontrar la información necesaria, la capacidad de identificar la esencia del conflicto, de generar alternativas de solución y seleccionar las más efectivas, se convierte en un excepcional recurso de afrontamiento.
Habilidades Sociales: Al ser necesarias las creencias positivas y las habilidades solucionadoras de problemas, resulta precisar que los problemas tienen lugar en un contexto de relaciones interpersonales en que es prácticamente imposible que los problemas y su solución no tengan que ver con los demás, particularmente aquellos que tienen determinado grado de significación para la las personas.
Por ello resulta importante la habilidad para comunicarse en formas socialmente acordes con las exigencias. La torpeza en la comunicación con los implicados en la solución de los problemas dificulta su óptimo afrontamiento. Las capacidades de escucha, de diálogo, de precisión en las ideas, de sensibilidad con el otro y la asertividad, por el contrario, atraen a los demás y los pone en disposición de cooperar y colaborar en las soluciones.
Por supuesto que no tener todos estos factores presentes no significa que el sujeto no tenga un perfil de seguridad, lo importante es la tendencia positiva con la cual se expresan, una tendencia negativa configuraría un perfil de riesgo. Desarrollar los componentes del perfil de seguridad de respuesta al estrés, es algo que se puede aprender si se tiene la intención.
Ahora te invito a que autoevalúes cómo se comporta en ti uno de estos componentes: la fortaleza personal. Para ello debes responder con la mayor sinceridad la Encuesta de Fortaleza Personal que aparece en nuestra sección Cuestionarios de Autoevaluación.
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Perfil de riesgo: es el que está conformado por determinadas características deficientes o negativas de la personalidad del sujeto, experiencias y vivencias traumáticas, elementos entorpecedores y amenazantes del ambiente, inadecuados estilos de evaluación y afrontamiento de las situaciones conflictivas. Estos elementos disminuyen la tolerancia al y aumentan la vulnerabilidad individual, y como consecuencia de ello aumenta también la probabilidad de presentar trastornos y enfermedades vinculadas con el estrés, las cuales afectan el bienestar.
Perfil de seguridad: este está conformado por características eficientes o positivas de la personalidad del sujeto, experiencias y vivencias vitales satisfactorias, elementos facilitadores del ambiente, adecuados estilos de evaluación y afrontamiento de las situaciones conflictivas. Estos elementos aumentan la tolerancia y disminuyen la vulnerabilidad individual, lo que hace que también disminuya la probabilidad de presentar trastornos y enfermedades que se relacionan con el estrés, afectando el bienestar.
En su libro “Conocimiento y dominio del estrés”, de la editorial Científico-Técnica, el profesor Zaldívar hace una amplia explicación sobre este particular. Veamos cuáles son estos factores.
Estilo de Vida: Por estilo de vida se denomina a aquellos patrones cognitivos, afectivos-emocionales y conductuales que muestran cierta consistencia en el tiempo, bajo condiciones más o menos consistentes y que pueden constituirse en factores de riesgo o seguridad, dependiendo de su naturaleza. Un estilo de vida saludable constituye un importante factor en la configuración del perfil de seguridad.
Se trata de comportamientos que disminuyen los riegos de enfermar, como un adecuado control y tratamiento de las tensiones y emociones negativas, un buen régimen de ejercicios, sueño y distracción; el control y la evitación del abuso de sustancias como la cafeína, nicotina y alcohol; una correcta distribución y aprovechamiento del tiempo.
La autoestima: Es el juicio personal de valía, de autovaloración positiva que es expresado en las actitudes que el individuo adopta hacia sí mismo. La autoestima tiene gran incidencia sobre la interacción que los sujetos mantienen con su ambiente y la respuesta de ellos a determinadas exigencias; así como con la posibilidad o expectativas de control sobre las situaciones conflictivas. El nivel de autoestima matiza el tipo de respuesta y de afrontamiento en situaciones de estrés.
El control: Es una de las variables más importantes en cuanto al manejo de las situaciones estresantes. Tener o percibir algún control sobre los eventos estresores, aumenta el grado de tolerancia al estrés y reduce la severidad de sus efectos negativos. Los sujetos que se perciben como portadores de una baja capacidad de control del medio, suelen ser más vulnerables en su afrontamiento.
El afrontamiento: puede ser considerado como un mediador de la reacción emocional frente a situaciones estresoras; incluye tanto mecanismos de defensa clásicos, como diversas conductas o estrategias para enfrentar los estados emocionales negativos y solucionar problemas. Las principales funciones del afrontamiento son:
1- Intentar la solución del problema
2- Regular las emociones
3- Proteger la autoestima
4- Manejar las interacciones sociales.
Lo importante es que la persona desarrolle una actitud que la lleve a buscar, en cada caso, soluciones de la forma más realista de acuerdo con los ajustes que se requieran.
Apoyo social: Está demostrado el valor de los contactos sociales como elemento protector para el ser humano (relaciones positivas con familiares, amigos, compañeros de trabajo). El papel protector del apoyo social ante situaciones de estrés consiste en la información y recursos que ofrecen otras personas del entorno que minimizan la percepción de amenaza y maximizan la percepción de control.
El apoyo social actúa como un importante modulador del estrés, su presencia ofrece una guía y orientación para la acción, y contribuye a identificar recursos personales y sociales.
Fortaleza personal: Importantes en el aumento de la tolerancia al estrés es la fortaleza personal, a la que algunos autores se refieren como personalidad resistente. En este concepto se consideran aspectos tales como: grado de compromiso que los sujetos asumen con lo que emprenden, la tendencia a evaluar las dificultades como reto, como algo que pone a prueba sus capacidades y no como una amenaza; el sentimiento de control sobre las propias circunstancias y la tendencia a enfocar los problemas de forma realista y con optimismo, centrado en la acción y la búsqueda de posibles soluciones.
Como factores de importancia que contribuyen a la fortaleza personal se consideran los vinculados con el sistema de valores y creencias del sujeto y su cosmovisión, que le posibilitan enfrentar con firmeza y optimismo las dificultades y situaciones conflictivas.
Cosmovisión positiva y optimista: Cada hombre o mujer tiene un sistema de creencias, juicios y valores sobre si mismo, sobre los demás, sobre el sentido de la vida, que se convierten en importantes recursos de afrontamiento.
Una cosmovisión positiva no se restringe a las creencias sobre si mismo, sino que incluye creencias positivas sobre los demás y la existencia misma. Cuando una persona funciona bajo el precepto de “no creer en nada ni en nadie”, poco éxito puede tener al afrontar los problemas de la vida cotidiana, pues queda poco espacio para la esperanza y el optimismo que sustentan el esfuerzo y la perseverancia.
Por el contrario, un sistema positivo de creencias sobre los demás y sobre la vida es una fortaleza para el afrontamiento de los problemas. De igual manera una fuerte convicción religiosa, la fe en la justicia y la lealtad o cualquier otra sólida creencia sobre los valores humanos favorecen resultados positivos.
Habilidades solucionadoras de problemas: Si bien una cosmovisión positiva es un potente recurso, para afrontar con efectividad los problemas, con ello no es suficiente. La vida es altamente compleja y repleta de demandas prácticas, lo que presupone que las personas sean capaces de encontrar respuestas a los problemas que afrontan. No por gusto alguien afirmó una vez que “el problema no es el problema,... sino la solución”, un problema para el cual se cuenta con los recursos precisos deja de serlo.
Es por ello que desarrollar la habilidad para buscar y encontrar la información necesaria, la capacidad de identificar la esencia del conflicto, de generar alternativas de solución y seleccionar las más efectivas, se convierte en un excepcional recurso de afrontamiento.
Habilidades Sociales: Al ser necesarias las creencias positivas y las habilidades solucionadoras de problemas, resulta precisar que los problemas tienen lugar en un contexto de relaciones interpersonales en que es prácticamente imposible que los problemas y su solución no tengan que ver con los demás, particularmente aquellos que tienen determinado grado de significación para la las personas.
Por ello resulta importante la habilidad para comunicarse en formas socialmente acordes con las exigencias. La torpeza en la comunicación con los implicados en la solución de los problemas dificulta su óptimo afrontamiento. Las capacidades de escucha, de diálogo, de precisión en las ideas, de sensibilidad con el otro y la asertividad, por el contrario, atraen a los demás y los pone en disposición de cooperar y colaborar en las soluciones.
Por supuesto que no tener todos estos factores presentes no significa que el sujeto no tenga un perfil de seguridad, lo importante es la tendencia positiva con la cual se expresan, una tendencia negativa configuraría un perfil de riesgo. Desarrollar los componentes del perfil de seguridad de respuesta al estrés, es algo que se puede aprender si se tiene la intención.
Ahora te invito a que autoevalúes cómo se comporta en ti uno de estos componentes: la fortaleza personal. Para ello debes responder con la mayor sinceridad la Encuesta de Fortaleza Personal que aparece en nuestra sección Cuestionarios de Autoevaluación.
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Factores que pueden protegerte del estrés
Martes, 31 Enero 2012
Es evidente que las situaciones de la vida cotidiana las percibimos de formas diferentes, lo que para unos representa una amenaza, para otros no es...
Martes, 31 Enero 2012
Es evidente que las situaciones de la vida cotidiana las percibimos de formas diferentes, lo que para unos representa una amenaza, para otros no es...
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