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Sábado, 23 Junio 2018

bitacora de odiseo

Las altas cornisas de la sensibilidad

diana-espinal f-internetHay una raza de poetisas que tienen el inexplicable don de convertir en acto de alto voltaje estético las más complejas y hasta desusadas realidades de su intimidad. Aquí podríamos citar nombres como Emily Dickinsosn, Sylvia Plath, Anne Sexton, Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik, por mencionar algunos. Es a este linaje que corresponde la obra poética ya en consolidación de la escritora hondureño-mexicana Diana Espinal.

 

Desde la primera vez que oí sus textos en el encuentro de poesía de Veracruz algo en su manera me atrajo y me conquistó como lector. Había un modo personal de decir, una sinceridad escalofriante en lo que expresaba y una penetración poco común en sus temas que la singularizaban. Ahora con este nuevo cuaderno que me confía para presentarlo a los lectores corroboro las intuiciones de entonces. Estamos ante una poetisa de raíz firme y mudo expresivo distintivo.

 

Ha pasado el tiempo. La autora ha atravesado procelosos percances, tanto en lo personal como en su entorno. Ha cambiado su estatus afectivo, ha enfrentado dificultades para asentarse y hacer vida nueva, pero, sobre todo, ha visto su país ser golpeado por un cruento golpe que ha instaurado la violencia y el pisoteo de muchos derechos, con su secuela de angustias, dolor y desasosiego. Por supuesto que todo esto se convierte en humus dolorosamente nutricio para su obra. Diana ha conseguido establecer una difícil correlación entre lo que se mueve por sus entrañas y lo que sacude al espacio donde sus ojos y manos tientan la luz. Es esta imbricación entre lo personal y lo supraindividual una de las cualidades inobjetables de Reincidente en cornisas.

 

Este es un cuaderno de un amplio espectro de temas que se asumen con una fuerte dosis de acento testimonial. Aquí está la pena de la mujer maltratada (toda una galería de Dolores, Helenas, Guadalupes que nombran a las sin nombre), ninguneada en el polvo del tiempo, pero también acribillada en sitios donde el espanto es pan cotidiano, como Ciudad Juárez, también se asoma un país donde las botas y los fusiles se aprestaron para desangrar el derecho y la armonía, pero también está la mujer que siente y sabe que un mundo nace cuando dos se empalman. La voz que aquí clama no lo hace desde el desierto sino desde la más caliente, encontradiza pero perseverante vida.

 

La poetisa no es un mero ente contemplativo sino que es alguien que ha sufrido en nervio y sangre los embates de estos días donde el amor cercano y el afecto mayor del país la han puesto a pruebas. Todo esto se hace con un singular universo de metáforas inusuales, un gusto por las personificaciones como si todo el mundo se constituyera en una enorme colmena de seres sintientes. Una y otra vez verificamos la presencia de lo vencido, lo derrotado por ciertas contingencias así como lo que se inicia con esfuerzo. A pesar de eso comprobamos que el ánimo de la voz lírica es de enfrentamiento más que de aceptación, de reto más que de sometimiento.

 

La poesía de Diana catalogaría en una suerte de neosurrealismo de poderosos signos tropológicos. Aquí la voluntad de desnudar y presentar un mundo ilógico, terrible casi enemigo del ser, obliga a la autora a presionar el idioma, las mismas palabras cotidianas, para en inusuales conjunciones, sacarles nuevos deslumbres y alcanzar mayor fuerza expresiva:

 

Esa mujer extraviada
tenía por ojos piedras pómez
por boca andamios
por nariz barriletes
Esa mujer extraviada
está cauterizada de lunas
y
Aunque llore cazuelas y sople persianas
Ella es ella
y
tiene hipo de pez puerto y espada.

 

Los objetos, los elementos de la naturaleza son lo que son y también lo que la poetisa quiere que sean. Reviven metamorfoseados gracias a su voluntad de asociación expresa. Todo para aumentar la fuerza de significados que transmite. El lector debe entrar en su juego, aceptarlo y no buscar los significados al uso sino dejarse llevar por la riada de su peculiar modo de decir, donde al dolor de eventos penosos se junta el goce de su transformación en palabras redentoras que estallan como cohetes de luz. La poeta vence porque impone la magia de su palabra a la tétrica visión de un mundo nihilista y cínico:

 

Como el óxido al olvido
Perdimos memoria y ganamos mortaja
Perdimos memoria y ganamos mortaja
Perdimos luz y ganamos estiércol
Perdimos balance y ganamos espanto.

 

Sin embargo en medio de tantas pérdidas y derrotas está la victoria cierta de una mujer segura de su convicción y del manejo de su palabra por donde rehace y redime el mundo.

 

Y hay que decirlo esta es poesía sufrida, digerida y sudada por una mujer. O se trata de una simple postura feminista, de esas de consigna y pose. Es la energía ventral de un ser que enaltece y dignifica un género que ha sido expoliado y ninguneado y que ella, en su disfrute y potenciación de lo que es no solo exalta sino que resucita para arrechar su incógnita pujanza movedora de mundos. De aquí que el eros se alce como un exorcismo donde se libera el cuerpo y la fe:

 

Tengo los pies fríos
y
el anfiteatro de mis latidos
golpea los girasoles que tengo en el ombligo
alguien deletrea mi nombre
y germinan semillas.

 

Es ese germinar el que queda tras la ardua pero inquietante lectura. Reincidente en cornisas es un libro hermoso en su pesadilla, enternecedor en su dolor, tremendamente atractivo en su pedrería metafórica. Un poemario que trasciende el tiempo del horror para desbrozar el del amor, la aceptación y la belleza.

 

Manuel García Verdecia, en Holguín, a 26 de junio de 2014.

 

 

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Comentarios (1)

  • Anny Campbell

    La Poeta un orgullo, Latinoamericano! Esperemos tenerla pronto en el viejo continente, para deleotarnos con sus escritos.

    Anny Campbell
    Gales, Reino Unido de Gran Bretana.